Nutrición (fertilizantes y aderezos)
El ciruelo es uno de los frutales más agradecidos. Con los cuidados adecuados, recompensa con cosechas abundantes de frutos sabrosos y saludables. Sin embargo, para que el árbol desarrolle todo su potencial, necesita una nutrición equilibrada. En este artículo explicaremos qué elementos necesita el ciruelo, cómo detectar sus carencias y cómo aplicar los fertilizantes correctamente.
1. Necesidades nutricionales del ciruelo
Como cualquier planta frutal, el ciruelo requiere un complejo de elementos minerales. Estos se dividen en dos grupos: macronutrientes (necesarios en grandes cantidades) y micronutrientes (necesarios en dosis pequeñas pero vitales).
1.1. Macronutrientes
Nitrógeno (N) — el principal elemento para el crecimiento. Forma parte de proteínas, aminoácidos, clorofila y ácidos nucleicos. El nitrógeno asegura un vigoroso crecimiento de los brotes, la formación de hojas grandes y la inducción de yemas florales (Agustí, 2010; Potapov et al., 2000). Sin embargo, es importante no excederse: el exceso provoca «lujurioso» — los árboles crecen vigorosamente en detrimento de la fructificación, la madera madura peor y sufre con las heladas (Agustí, 2010; Krivko, 2014).
Fósforo (P) — responsable del desarrollo del sistema radicular, la floración y la maduración de los frutos. Participa en el metabolismo energético (ATP) y en la transmisión de información genética. La deficiencia de fósforo retrasa el crecimiento, perjudica el cuajado y reduce el contenido de azúcar. Los fertilizantes fosforados se aplican mejor en otoño o en primavera como parte de abonos complejos (Westwood, 1993; Srivastava et al., 2020).
Potasio (K) — el «elemento de la calidad». Aumenta la resistencia a la sequía, enfermedades y heladas, mejora el color, sabor y conservación de los frutos. El potasio activa enzimas, regula el equilibrio hídrico y el transporte de azúcares. En el ciruelo, especialmente durante el llenado del fruto, la necesidad de potasio es muy alta. La deficiencia de potasio se manifiesta por quemaduras marginales en las hojas y frutos más pequeños (Agustí, 2010; Gull et al., 2023; Westwood, 1993).
Calcio (Ca) — material estructural de las paredes celulares. Asegura la resistencia de los tejidos, la tolerancia a enfermedades y una buena conservación de los frutos. El calcio se mueve poco dentro de la planta, por lo que su deficiencia suele aparecer en hojas y frutos jóvenes (picado amargo, agrietamiento). La aplicación de calcio es especialmente importante en suelos ácidos (Srivastava et al., 2020; Westwood, 1993).
Magnesio (Mg) — elemento central de la molécula de clorofila. Participa en la fotosíntesis y activa muchas enzimas. Con deficiencia de magnesio, aparece clorosis internervial en hojas viejas, caen prematuramente y los frutos se vuelven más pequeños. La deficiencia de magnesio es especialmente frecuente en suelos arenosos ligeros (Agustí, 2010; Westwood, 1993).
1.2. Micronutrientes
Hierro (Fe) — necesario para la síntesis de clorofila y la respiración. Su deficiencia (clorosis férrica) se manifiesta por amarillamiento de las hojas jóvenes con nervios verdes. Suele estar relacionado con la reacción alcalina del suelo o el exceso de cal. La aplicación de quelatos de hierro o materia orgánica ayuda a corregirlo (Agustí, 2010; Srivastava et al., 2020).
Zinc (Zn) — influye en la síntesis de auxinas (hormonas de crecimiento), proteínas y resistencia al estrés. Su deficiencia provoca «roseta» — hojas pequeñas y deformadas agrupadas en rosetas en los ápices de los brotes, y frutos deformes. Los ciruelos en suelos carbonatados son especialmente sensibles a la deficiencia de zinc (Westwood, 1993; Srivastava et al., 2020).
Boro (B) — fundamental para la floración y la fecundación. Estimula la germinación del polen, el crecimiento del tubo polínico y el cuajado de frutos. La falta de boro provoca caída de frutos jóvenes, deformación y agrietamiento de los frutos, y muerte de las yemas apicales. El boro es poco móvil, por lo que se aplica vía foliar antes y después de la floración (Agustí, 2010; Srivastava et al., 2020).
Manganeso (Mn) — participa en la fotosíntesis y la respiración. Su deficiencia se asemeja a la clorosis férrica pero aparece en hojas viejas y es más común en suelos neutros y alcalinos. La aplicación de sulfato de manganeso o quelatos resuelve el problema (Westwood, 1993).
1.3. Particularidades nutricionales en diferentes períodos de desarrollo
Las necesidades nutricionales del ciruelo cambian con las estaciones.
| Período | Elementos principales | Objetivos |
|---|---|---|
| Primavera (antes de la floración) | Nitrógeno, fósforo, boro | Crecimiento de brotes, floración, cuajado |
| Después de la floración — fruto joven | Nitrógeno, potasio, calcio, boro | Crecimiento del fruto, formación del hueso |
| Verano (llenado del fruto) | Potasio, fósforo, calcio | Aumento de tamaño, acumulación de azúcares, coloración |
| Otoño (tras la cosecha) | Fósforo, potasio, magnesio | Inducción de yemas florales, preparación para el invierno |
Importante: en la primera mitad del verano, el ciruelo consume activamente nitrógeno y potasio; en la segunda, potasio y fósforo. El exceso de nitrógeno a finales del verano retrasa la maduración de la madera y reduce la resistencia al invierno (Agustí, 2010; Krivko, 2014).
Resumen del capítulo 1:
El cultivo exitoso del ciruelo depende de una nutrición equilibrada. Los macronutrientes principales (N, P, K, Ca, Mg) y los micronutrientes (Fe, Zn, B, Mn) cumplen funciones únicas. Comprender las necesidades estacionales del árbol ayudará a evitar errores y obtener cosechas estables de alta calidad.
En el siguiente capítulo explicaremos cómo determinar qué elementos le faltan a su ciruelo y cómo diagnosticar correctamente su nutrición.
2. Diagnóstico nutricional: cómo saber qué le falta a su ciruelo
Antes de aplicar fertilizantes, es importante averiguar qué necesita exactamente su árbol. El ciruelo no puede «contar» sus problemas con palabras, pero envía señales claras a través del estado de las hojas, brotes y frutos. La tarea del jardinero es aprender a leer esas señales.
Existen tres métodos principales para diagnosticar la nutrición del ciruelo: análisis de suelo, análisis foliar y observación visual de la planta. Para el jardín aficionado, el último suele ser suficiente, pero el enfoque profesional requiere combinar todos los métodos.
2.1. Análisis de suelo
El análisis de suelo proporciona información sobre qué elementos están disponibles para las raíces, así como sobre la acidez (pH) y el contenido de materia orgánica. Es el método más fiable para determinar si el suelo necesita encalado y para evaluar las reservas de fósforo y potasio.
Qué comprobar:
- pH del suelo — el rango óptimo para el ciruelo es 6,0–7,5. En suelos ácidos (pH < 5,5), muchos elementos (fósforo, calcio, magnesio) se vuelven menos disponibles, mientras que el aluminio y el manganeso se vuelven tóxicos. En suelos alcalinos (pH > 7,5) suelen observarse deficiencias de hierro, zinc y manganeso (Westwood, 1993; Srivastava et al., 2020).
- Contenido de fósforo y potasio asimilables — para el ciruelo, el nivel óptimo de P₂O₅ es de 10–20 mg por 100 g de suelo, y de K₂O de 15–30 mg por 100 g de suelo (Potapov et al., 2000).
- Contenido de humus — preferiblemente al menos 2–3 %.
Frecuencia: se recomienda realizar el análisis de suelo cada 3–4 años, preferiblemente en otoño o principios de primavera antes de fertilizar. Se toman muestras a una profundidad de 20–40 cm de varios lugares del jardín (al menos 5–10 puntos por parcela) y se mezclan para obtener una muestra promedio.
2.2. Análisis foliar
El análisis foliar es un indicador más preciso de la nutrición real del árbol, ya que refleja qué elementos han sido realmente absorbidos por la planta, no solo los presentes en el suelo.
Cuándo tomar muestras: para el ciruelo, al igual que para otros frutales de hueso, el momento óptimo es mediados de julio – agosto (durante el crecimiento activo y la inducción de yemas florales) (Agustí, 2010; Westwood, 1993).
Cómo tomar: se recogen hojas del tercio medio de los brotes del año (no basales ni apicales) de todos los lados de la copa, de varios árboles de la misma variedad y edad. Se necesitan entre 50 y 100 hojas.
Valores óptimos para el ciruelo (en % sobre materia seca) (Agustí, 2010; Potapov et al., 2000; Srivastava et al., 2020):
| Elemento | Contenido normal |
|---|---|
| Nitrógeno (N) | 1,8–2,5 % |
| Fósforo (P) | 0,3–0,5 % |
| Potasio (K) | 1,2–2,4 % |
| Calcio (Ca) | 1,8–2,8 % |
| Magnesio (Mg) | 0,4–0,6 % |
| Hierro (Fe) | 100–200 ppm (mg/kg) |
| Zinc (Zn) | 30–50 ppm |
| Boro (B) | 30–60 ppm |
| Manganeso (Mn) | 50–150 ppm |
Las desviaciones de estos valores indican deficiencia o exceso del elemento.
2.3. Síntomas visuales de deficiencia y exceso
Para el jardinero aficionado, el método más accesible es la inspección regular de los árboles. El ciruelo responde bien a la nutrición, y muchos problemas se pueden detectar por el aspecto externo. A continuación se presentan los síntomas característicos de los principales elementos.
Deficiencia de nitrógeno (N)
- Hojas: verde pálido, amarillentas, pequeñas, caen prematuramente (especialmente las viejas). En los brotes, las hojas forman un ángulo más agudo (Agustí, 2010; Krivko, 2014).
- Brotes: crecimiento débil, delgados, cortos.
- Fructificación: floración escasa, frutos pequeños, fuerte caída de frutos jóvenes.
- Nota: los síntomas aparecen primero en hojas viejas, ya que el nitrógeno es móvil y se traslada a las partes jóvenes.
Deficiencia de fósforo (P)
- Hojas: pequeñas, de color verde oscuro con tono azulado o púrpura, a veces con manchas bronceadas. Las hojas viejas pueden enrojecerse (Westwood, 1993; Srivastava et al., 2020).
- Brotes: delgados, crecimiento retardado.
- Fructificación: floración débil, frutos ácidos, pulpa leñosa, maduración irregular.
Deficiencia de potasio (K)
- Hojas: «quemadura» marginal: los bordes y puntas se vuelven marrones, se secan, se enrollan hacia abajo. Las hojas se arrugan, a veces aparecen manchas marrones (Agustí, 2010; Gull et al., 2023; Westwood, 1993).
- Brotes: delgados, entrenudos acortados.
- Frutos: pequeños, coloración desigual, ácidos, mala conservación.
- Particularidad: los síntomas aparecen primero en hojas viejas, ya que el potasio es móvil.
Deficiencia de magnesio (Mg)
- Hojas: clorosis internervial en hojas viejas — el tejido entre nervios se vuelve amarillo, mientras que los nervios permanecen verdes, creando un patrón de «árbol de Navidad» (Agustí, 2010; Westwood, 1993). En deficiencia severa, los bordes de las hojas se vuelven marrones y caen prematuramente.
- Brotes: el crecimiento no se inhibe mucho, pero los frutos se vuelven más pequeños.
- Particularidad: más frecuente en suelos arenosos ligeros.
Deficiencia de calcio (Ca)
- Hojas: las hojas jóvenes se deforman, los bordes se enrollan hacia arriba, aparece clorosis, las yemas apicales mueren (Krivko, 2014; Srivastava et al., 2020).
- Frutos: agrietamiento, picado amargo, ablandamiento de la pulpa, mala conservación.
- Raíces: crecimiento débil de los pelos radiculares.
- Nota: el calcio es poco móvil, por lo que los síntomas aparecen en tejidos jóvenes.
Deficiencia de hierro (Fe) — clorosis férrica
- Hojas: las hojas jóvenes se vuelven amarillo pálido o casi blancas, los nervios permanecen verdes (Agustí, 2010; Potapov et al., 2000). En deficiencia severa, las hojas pueden decolorarse totalmente y caer.
- Causa: la mayoría de las veces se debe a un pH alcalino (pH > 7,5) o exceso de cal, que fija el hierro en formas no disponibles.
Deficiencia de zinc (Zn)
- Hojas: pequeñas, estrechas, deformadas, con clorosis internervial. En los ápices de los brotes, las hojas se agrupan en rosetas compactas («roseta») (Westwood, 1993; Srivastava et al., 2020).
- Brotes: entrenudos acortados, muerte de los ápices.
- Frutos: pequeños, deformes, con la punta puntiaguda.
Deficiencia de boro (B)
- Hojas: las hojas jóvenes se engrosan, se arrugan, los nervios se vuelven amarillos, pueden morir las yemas apicales (Agustí, 2010; Krivko, 2014).
- Brotes: muerte de los extremos, la corteza se agrieta, aparecen exudaciones de goma (gomosis).
- Frutos: agrietamiento, deformación, manchas hundidas de color verde oscuro, la pulpa se vuelve marrón, corcho en los tejidos. Caída masiva de frutos jóvenes.
- Particularidad: el boro es poco móvil, por lo que la deficiencia se ve en partes jóvenes.
Deficiencia de manganeso (Mn)
- Hojas: clorosis internervial en hojas viejas, pero a diferencia del hierro, los nervios permanecen verdes con menos contraste, a menudo aparecen pequeñas manchas necróticas (Westwood, 1993).
- Particularidad: suele aparecer en suelos neutros y alcalinos.
Exceso de nitrógeno (N)
- Hojas: verde oscuro, grandes, suculentas, pero flojas.
- Brotes: vigorosos, largos, con entrenudos largos, maduran mal, la madera no se lignifica en otoño.
- Fructificación: floración retrasada, cuajado deficiente, frutos con mala coloración, acuosos, baja conservación.
- Resistencia al invierno: reducida, los árboles se dañan más con las heladas (Agustí, 2010; Krivko, 2014).
Exceso de potasio (K)
- Hojas: pueden aparecer síntomas de deficiencia de magnesio o calcio debido al antagonismo (Westwood, 1993).
- Frutos: puede desarrollarse picado amargo (carencia de calcio).
Exceso de boro (B)
- Hojas: quemadura marginal, amarillamiento y muerte de los bordes de las hojas, especialmente las viejas.
- Brotes: exudación de goma, necrosis de la madera, muerte de los ápices (Krivko, 2014).
2.4. Tabla resumen de diagnóstico visual para el ciruelo
| Elemento | Hojas afectadas | Síntomas principales |
|---|---|---|
| Nitrógeno (N) | Viejas | Hojas verde pálido, amarillean, caen; brotes débiles |
| Fósforo (P) | Viejas | Hojas verde oscuro con tono púrpura, pequeñas |
| Potasio (K) | Viejas | Quemadura marginal, bordes marrones, enrollamiento |
| Magnesio (Mg) | Viejas | Clorosis internervial («árbol de Navidad»), caída prematura |
| Calcio (Ca) | Jóvenes | Deformación de hojas jóvenes, muerte de ápices, agrietamiento de frutos |
| Hierro (Fe) | Jóvenes | Amarillamiento (casi blancas) de hojas, nervios verdes (clorosis) |
| Zinc (Zn) | Jóvenes | Hojas pequeñas deformadas, roseta, entrenudos cortos |
| Boro (B) | Jóvenes | Hojas engrosadas y arrugadas, muerte de yemas, deformación de frutos |
| Manganeso (Mn) | Viejas | Clorosis internervial con pequeñas necrosis |
Nota importante: muchos síntomas pueden ser causados no solo por deficiencia nutricional, sino también por enfermedades, plagas, sequía, encharcamiento o daños por heladas. Por lo tanto, ante signos sospechosos, conviene descartar otros factores y, si es necesario, confirmar el diagnóstico con análisis de suelo o de hojas.
Resumen del capítulo 2:
La observación regular del ciruelo es el método más accesible y rápido para detectar problemas nutricionales. Preste atención al color, forma y estado de las hojas, al crecimiento de los brotes y a la calidad de los frutos. En caso de duda, recurra al análisis de suelo y hojas, que ayudará a determinar con precisión qué elementos necesitan ajuste.
3. Abonos orgánicos: la base de la salud del suelo y la longevidad del ciruelo
Los abonos orgánicos no son solo «alimento» para el árbol. Son una herramienta fundamental para mantener y restaurar la fertilidad del suelo. Mejoran su estructura, activan la microflora beneficiosa, aumentan la capacidad de retención de agua y, de forma gradual y prolongada, suministran a la planta todos los nutrientes necesarios. Para un ciruelo que crece en el mismo lugar durante décadas, la aplicación regular de materia orgánica es la clave para una fructificación estable y la longevidad.
En este capítulo analizaremos los principales tipos de abonos orgánicos, sus características y las reglas de aplicación.
3.1. ¿Por qué es tan importante la materia orgánica para el ciruelo?
La materia orgánica, al llegar al suelo, pasa por un complejo proceso de descomposición con la participación de bacterias, hongos y lombrices. El resultado es el humus — una sustancia fértil y estable que:
- Mejora la estructura del suelo: afloja los suelos arcillosos y une los arenosos, creando una estructura granular y permeable (Martin, 2019; Westwood, 1993).
- Aumenta la capacidad de retención de agua: la «esponja» orgánica retiene la humedad en la zona radicular, reduciendo la necesidad de riego.
- Sirve como reservorio de nutrientes de liberación lenta: a medida que el humus se mineraliza, el nitrógeno, fósforo, potasio y micronutrientes se liberan gradualmente en formas asimilables por las raíces (Agustí, 2010; Srivastava et al., 2020).
- Activa la vida del suelo: los abonos orgánicos son alimento para lombrices y bacterias beneficiosas, que a su vez suprimen patógenos del suelo y mejoran la nutrición radicular (Martin, 2019).
El ciruelo agradece especialmente la materia orgánica: responde bien a la mejora de la estructura del suelo, y su sistema radicular, especialmente en patrones clonales, se concentra en las capas superiores, donde se acumula la mayor parte de la materia orgánica (Potapov et al., 2000; Trunov & Samoshchenkov, 2012).
3.2. Compost — el «oro negro» del jardín
El compost es una masa homogénea, oscura, desmenuzable, con olor agradable a tierra, procesada por microorganismos. Es el abono orgánico ideal para el ciruelo, ya que está equilibrado en nutrientes, no contiene semillas de malas hierbas (si se elabora correctamente) y es seguro para las raíces.
Qué se puede compostar: restos vegetales (césped cortado, hojas, restos de cultivo, malas hierbas sin semillas), residuos de cocina (peladuras de verduras, cáscaras de huevo, posos de té), paja, serrín (en pequeña cantidad), papel y cartón. Es importante mantener una relación carbono-nitrógeno (C:N) de aproximadamente 30–40 partes de materiales «secos» (marrones) por 1 parte de «húmedos» (verdes) (Martin, 2019).
Cómo aplicar el compost bajo el ciruelo:
- En la plantación: mezclar 1–2 cubos de compost maduro con la tierra del hoyo de plantación. Esto proporciona al árbol joven nutrición inicial para 2–3 años.
- En árboles adultos: aplicar el compost en primavera u otoño a razón de 30–50 kg (3–5 cubos) por árbol adulto (Agustí, 2010; Krivko, 2014). Se distribuye uniformemente sobre la proyección de la copa (zona radicular) y se incorpora a la capa superficial del suelo a 10–15 cm de profundidad, o se utiliza como acolchado.
- Frecuencia: una vez cada 2–3 años. En huertos intensivos con alta densidad de plantación y patrones enanos, el compost se puede aplicar anualmente (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
Importante: el compost debe estar completamente maduro (curado), de lo contrario, al seguir descomponiéndose en el suelo, consumirá nitrógeno y perjudicará las raíces.
3.3. Estiércol y mantillo
El estiércol (de vacuno, caballar, caprino) es un abono orgánico clásico. Sin embargo, el estiércol fresco no se utiliza en el ciruelo: contiene muchas semillas de malas hierbas, puede quemar las raíces y libera amoníaco durante la descomposición. Solo se utiliza estiércol bien descompuesto (de 1 a 2 años) o mantillo — masa completamente descompuesta.
Características de los distintos tipos de estiércol:
- Estiércol de caballo — el más «caliente», contiene más nitrógeno y fósforo, se descompone rápidamente, afloja bien los suelos pesados. Recomendado para acolchado y aplicación otoñal.
- Estiércol de vaca — más «frío», rico en potasio y materia orgánica, estructura bien el suelo.
- Gallinaza — abono concentrado de nitrógeno y fósforo. En fresco es muy agresivo (puede quemar las raíces). Se utiliza solo muy diluido (1:20) o después de compostar con paja y serrín. Para el ciruelo es mejor usar gallinaza granulada o infusión de gallinaza (Krivko, 2014).
Dosis de aplicación de estiércol y mantillo:
- Bajo ciruelo adulto — 30–40 kg de estiércol descompuesto o 20–30 kg de mantillo por árbol, una vez cada 3–4 años (Agustí, 2010).
- Es mejor aplicarlo en otoño, para que durante el invierno el abono «madure» y en primavera comience a liberar nutrientes.
- Método de aplicación: distribuir uniformemente sobre la zona radicular e incorporar a 15–20 cm de profundidad (donde se encuentra la mayor parte de las raíces) (Westwood, 1993).
Importante: el estiércol y el mantillo son fuentes valiosas de potasio, magnesio y micronutrientes. Son especialmente útiles en suelos arenosos ligeros, donde los nutrientes se lavan fácilmente.
3.4. Abonos verdes (cultivos de cobertura)
Los abonos verdes son plantas de rápido crecimiento (generalmente leguminosas o gramíneas) que se siembran entre las filas o en la zona radicular, y luego se incorporan al suelo o se siegan como abono verde. Para el ciruelo, esta es una excelente manera de mejorar el suelo sin tener que transportar materia orgánica pesada.
Mejores abonos verdes para el ciruelo:
- Leguminosas: veza, guisante, altramuz, meliloto, trébol, esparceta. Enriquecen el suelo con nitrógeno gracias a la simbiosis con bacterias nodulizadoras (fijación de nitrógeno atmosférico). Al incorporar 1 tonelada de abono verde de leguminosas, se aportan al suelo unos 30–40 kg de nitrógeno (Potapov et al., 2000; Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Gramíneas: avena, centeno, cebada — proporcionan mucha masa orgánica, mejoran la estructura del suelo, pero no fijan nitrógeno.
- Crucíferas: mostaza blanca, facelia, colza — crecen rápido, suprimen malas hierbas, sanear el suelo de patógenos y son buenas como cultivos precedentes.
Agronomía: se siembran en primavera o verano entre filas (o cada dos filas). En la fase de floración (leguminosas) o inicio de la brotación, se siegan (con desbrozadora rotativa) y se incorporan al suelo a 12–15 cm de profundidad (Agustí, 2010; Krivko, 2014). También se puede dejar la masa segada en la superficie como acolchado.
Para el ciruelo son especialmente eficaces: la mezcla de veza y avena, la mostaza y la facelia, que crecen rápidamente y se combinan bien con el huerto frutal.
3.5. Infusiones de hierbas («abono verde líquido»)
Este método sencillo y accesible permite obtener rápidamente un abono orgánico líquido rico en nitrógeno y micronutrientes. A menudo se le llama «fermentación de hierbas» o «té de compost» (Krivko, 2014; Martin, 2019).
Preparación: se coloca cualquier masa verde (malas hierbas, ortigas, césped cortado, restos de cultivo) en un barril de plástico (¡no metálico!) y se llena de agua. Para acelerar la fermentación, se añade una fuente de nitrógeno (urea — 1 cucharada por barril, o purín de estiércol, o compost viejo). Se tapa el barril y se deja al sol durante 10–15 días. Se remueve de vez en cuando. Cuando la fermentación termina (el líquido se aclara, sin espuma), la infusión está lista.
Uso: diluir la infusión con agua en proporción 1:10 y regar el suelo bajo el ciruelo a razón de 1–2 cubos por árbol adulto. El sedimento (hierba fermentada) se utiliza como acolchado. Estas aplicaciones se realizan 1–2 veces por temporada — en primavera, durante el crecimiento activo de los brotes.
Importante: la infusión es rica en nitrógeno y funciona bien en la primera mitad del verano. No la aplique después de julio para no provocar un crecimiento prolongado de los brotes.
3.6. El acolchado como elemento de la nutrición orgánica
El acolchado con materiales orgánicos (césped cortado, hojas, paja, corteza, astillas, serrín, compost) cumple varias funciones a la vez: protege el suelo del sobrecalentamiento y la desecación, suprime las malas hierbas, y al descomponerse gradualmente enriquece el suelo con materia orgánica y nutrientes.
Para el ciruelo son especialmente útiles:
- Acolchado con compost — proporciona protección y nutrición.
- Césped recién cortado — se descompone bien durante la temporada.
- Astillas de ramas (madera triturada) — se descomponen lentamente, enriquecen el suelo con lignina y crean condiciones favorables para hongos saprófitos (Martin, 2019).
Reglas del acolchado: aplicar una capa de 5–10 cm, pero no directamente contra el tronco (dejar 5–10 cm de espacio libre para evitar la pudrición del cuello de la raíz). Renovar la capa de acolchado una vez al año (preferiblemente en primavera).
3.7. Características comparativas de los abonos orgánicos
| Tipo | Contenido aproximado N-P-K | Velocidad de acción | Frecuencia | Características |
|---|---|---|---|---|
| Compost | 0,5–2,5 % – 0,5–1,5 % – 1–2 % | Lenta, prolongada | Cada 2–3 años | Mejora la estructura, seguro |
| Mantillo | 0,8–2,0 % – 0,3–1,5 % – 1–2 % | Media | Cada 3–4 años | Rico en humus, funciona bien en todos los suelos |
| Estiércol vacuno descompuesto | 0,5–1,5 % – 0,3–0,8 % – 0,5–1,5 % | Media | Cada 3–4 años | Estructura bien los suelos pesados |
| Gallinaza (granulada) | 3–5 % – 2–4 % – 1–2 % | Rápida | Anual (pequeñas dosis) | Usar solo diluida |
| Abonos verdes (incorporados) | 3–5 % N (leguminosas), 0,2–0,5 % P, 1–2 % K | Media | Anual | Aportan nitrógeno y materia orgánica, mejoran la estructura |
| Infusión de hierbas | Rica en N y K | Rápida | 1–2 veces por temporada | Buena en la primera mitad del verano |
Resumen del capítulo 3:
Los abonos orgánicos son la base de la fertilidad a largo plazo en el huerto. El compost y el mantillo crean un entorno favorable para las raíces, mejoran el suelo y alimentan al ciruelo de forma lenta pero constante. Los abonos verdes y las infusiones de hierbas complementan el sistema, especialmente durante el crecimiento activo. La regla principal es que la materia orgánica no debe sustituir completamente a los abonos minerales, sino trabajar en sinergia con ellos. En el siguiente capítulo abordaremos los abonos minerales: qué elementos aplicar, cuándo y en qué dosis.
4. Abonos minerales: nutrición precisa para altos rendimientos
Los abonos minerales son fuentes concentradas de nutrientes que permiten corregir rápida y precisamente la dieta del ciruelo. A diferencia de los orgánicos, actúan rápidamente, su dosis es fácil de controlar y son imprescindibles en los períodos de mayor demanda. Sin embargo, su uso requiere conocimientos y precaución: los errores en dosis o momentos pueden causar daños graves. En este capítulo analizaremos qué abonos minerales necesita el ciruelo, cuándo y cómo aplicarlos.
4.1. Principios generales de la aplicación de abonos minerales para el ciruelo
Antes de pasar a los elementos específicos, recuerde algunas reglas:
1. Los abonos minerales no sustituyen a los orgánicos, sino que los complementan. La materia orgánica crea un «fondo» de fertilidad, mientras que los abonos minerales son correcciones «rápidas» en momentos críticos (Agustí, 2010; Srivastava et al., 2020).
2. Las dosis se calculan en función de la edad del árbol, el rendimiento y la fertilidad del suelo. Cuanto más viejo y productivo es el árbol, más nutrientes extrae (Potapov et al., 2000; Trunov & Samoshchenkov, 2012).
3. El nitrógeno se aplica solo en primavera y en la primera mitad del verano. La aplicación otoñal de nitrógeno retrasa la maduración de la madera y reduce la resistencia al invierno.
4. El fósforo y el potasio se pueden aplicar tanto en primavera como en otoño. La aplicación otoñal de abonos fosfórico-potásicos favorece la acumulación de reservas en las raíces y la inducción de yemas florales (Westwood, 1993; Krivko, 2014).
5. Preferencia por abonos sin cloro. El ciruelo, como la mayoría de los frutales de hueso, es sensible al cloro, por lo que es mejor utilizar sulfato de potasio (K₂SO₄) en lugar de cloruro de potasio (KCl) (Agustí, 2010).
4.2. Abonos nitrogenados
El nitrógeno (N) es el elemento más importante para el crecimiento. Para el ciruelo, como para otros frutales de hueso, la nutrición nitrogenada afecta críticamente al tamaño del árbol, la cantidad y la calidad de los frutos (Agustí, 2010; Trunov & Samoshchenkov, 2012).
Formas de abonos nitrogenados:
| Abono | Contenido de N | Características |
|---|---|---|
| Urea (carbamida) | 46 % | La más concentrada, soluble, apta para pulverizaciones foliares (no quema las hojas a bajas concentraciones) |
| Nitrato amónico | 33–35 % | De acción rápida, pero puede acidificar el suelo; en suelos ácidos usar con precaución o con encalado |
| Sulfato amónico | 20–21 % | Abono fisiológicamente ácido, funciona bien en suelos neutros y alcalinos; contiene azufre — nutriente adicional (Srivastava et al., 2020; Westwood, 1993) |
| Nitrato cálcico | 15–16 % | Contiene calcio, no acidifica; especialmente recomendado en suelos ácidos (Bryla, 2020) |
| Nitrato sódico | 16 % | Permitido en agricultura ecológica (en algunos países); contiene sodio, puede salinizar el suelo con uso frecuente |
Dosis recomendadas de nitrógeno para el ciruelo:
- Árboles jóvenes (hasta 5 años) — 30–60 kg m.a./ha (equivalente por árbol: 50–100 g de urea o 70–150 g de nitrato amónico) (Agustí, 2010; Potapov et al., 2000).
- Árboles en producción (más de 5 años) — 60–90 kg m.a./ha (o 150–200 g de urea por árbol). Con altos rendimientos (>30 t/ha), aumentar la dosis a 100–120 kg m.a./ha (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- En suelos pobres y con cubierta vegetal entre filas, aumentar la dosis en un 20–30 %.
Épocas de aplicación del nitrógeno:
- Aplicación primaveral (antes de la floración y justo después) — 60–70 % de la dosis anual.
- Segunda aplicación (en la fase de crecimiento intensivo del fruto, junio) — 20–30 % de la dosis.
- Tercera aplicación (después de la cosecha, para la recuperación del árbol) — 10–20 %, pero solo en regiones del sur con otoños cálidos (Krivko, 2014; Trunov & Samoshchenkov, 2012).
Importante: los abonos nitrogenados se aplican solo disueltos o incorporados al suelo (10–15 cm de profundidad) con riego obligatorio. La aplicación superficial sin incorporación provoca pérdidas de nitrógeno (hasta un 50 % en forma de amoniaco gaseoso) (Bryla, 2020).
4.3. Abonos fosforados
El fósforo (P) es responsable del desarrollo del sistema radicular, la floración, el cuajado y el sabor de los frutos. El ciruelo extrae relativamente poco fósforo (alrededor de 1–2 kg de P₂O₅ por tonelada de frutos), pero su deficiencia reduce drásticamente el rendimiento (Westwood, 1993).
Formas de abonos fosforados:
| Abono | Contenido de P₂O₅ | Características |
|---|---|---|
| Superfosfato simple | 16–20 % | Abono tradicional, contiene yeso (CaSO₄), útil en suelos ácidos |
| Superfosfato doble | 45–50 % | Más concentrado, sin yeso |
| Fosfato monoamónico (MAP) | 48–61 % | Contiene nitrógeno (10–12 %), soluble, apto para fertirrigación (Bryla, 2020) |
| Fosfato diamónico (DAP) | 46 % | Contiene 18 % de N, alcaliniza alrededor del gránulo, útil en suelos ácidos |
| Roca fosfórica | 20–30 % | De acción lenta, se usa solo en suelos ácidos (pH < 5,5) para mejora a largo plazo (Westwood, 1993) |
Dosis recomendadas de fósforo para el ciruelo:
- Aplicación principal (otoño o primavera) — 60–90 kg de P₂O₅ m.a./ha (o 150–200 g de superfosfato doble por árbol adulto) (Agustí, 2010; Potapov et al., 2000).
- En suelos pobres y altos rendimientos — hasta 120 kg de P₂O₅ m.a./ha (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
Épocas y métodos de aplicación:
- Los abonos fosforados son inmóviles en el suelo. Se aplican a la profundidad de la mayor parte de las raíces (20–30 cm) en otoño o principios de primavera.
- En suelos ácidos, el fósforo se fija con aluminio y hierro, por lo que la eficacia del superfosfato aumenta con el encalado. En suelos alcalinos, el fósforo se fija con calcio — aquí son preferibles el fosfato monoamónico o diamónico (Srivastava et al., 2020).
4.4. Abonos potásicos
El potasio (K) es el «rey de la calidad» para el ciruelo. Mejora el color, sabor, contenido de azúcar y conservación de los frutos, aumenta la resistencia a la sequía, enfermedades y heladas. El ciruelo extrae mucho potasio con la cosecha — alrededor de 10–15 kg de K₂O por tonelada de frutos (Agustí, 2010; Gull et al., 2023).
Formas de abonos potásicos:
| Abono | Contenido de K₂O | Características |
|---|---|---|
| Sulfato de potasio (K₂SO₄) | 48–53 % | ¡Mejor opción para el ciruelo! Sin cloro, contiene azufre (17–18 %), no acidifica (Bryla, 2020) |
| Sulfato de potasio y magnesio (K₂SO₄·2MgSO₄) | 21–22 % K₂O, 10–11 % Mg | Ideal para suelos ligeros, donde a menudo falta magnesio |
| Sal potásica (KCl + NaCl) | 40 % | Contiene mucho cloro — no recomendada para el ciruelo (especialmente en suelos ligeros) |
| Nitrato de potasio (KNO₃) | 44–46 % K₂O, 13–16 % N | Caro, pero eficaz para abonado combinado (potasio + nitrógeno) en la primera mitad del verano |
Dosis recomendadas de potasio para el ciruelo:
- Aplicación principal — 80–120 kg de K₂O m.a./ha (o 150–200 g de sulfato de potasio por árbol adulto) (Agustí, 2010; Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Con altos rendimientos (>30 t/ha) — hasta 150 kg de K₂O m.a./ha.
- En suelos arenosos ligeros, aumentar la dosis de potasio en un 20–30 %, pero aplicar fraccionado, ya que el potasio se lava fácilmente (Westwood, 1993).
Épocas de aplicación del potasio:
- Primavera (antes de la floración) — 30 % de la dosis.
- Verano (durante el crecimiento del fruto) — 50 % de la dosis. Este es el período crítico en que el potasio se moviliza activamente hacia los frutos.
- Otoño (después de la cosecha) — 20 % de la dosis para la inducción de yemas florales y la preparación para el invierno (Krivko, 2014).
Importante: el potasio y el magnesio son antagonistas. Con dosis altas de potasio puede aparecer deficiencia de magnesio. Por eso, en suelos pobres en magnesio, es preferible usar sulfato de potasio y magnesio (Srivastava et al., 2020).
4.5. Abonos magnésicos y cálcicos
Aunque el magnesio y el calcio suelen clasificarse como micronutrientes, su papel en el ciruelo es enorme. El magnesio forma parte de la clorofila, y el calcio está en las paredes celulares y determina la conservación de los frutos (Westwood, 1993; Srivastava et al., 2020).
Abonos magnésicos:
- Sulfato de magnesio (MgSO₄·7H₂O) — 10–16 % Mg, 20–22 % S. Se aplica en caso de deficiencia de magnesio (especialmente en suelos ligeros) a razón de 30–50 g por árbol (vía foliar) o como parte del sulfato de potasio y magnesio.
- Dolomita (CaCO₃·MgCO₃) — a la vez encalante y abono magnésico. Se aplica a pH < 5,5 a razón de 2–4 kg/m² (Agustí, 2010).
Abonos cálcicos:
- Cal, dolomita — para neutralizar suelos ácidos.
- Yeso (CaSO₄) — no afecta al pH, útil en suelos alcalinos para mejorar la estructura.
- Nitrato cálcico (Ca(NO₃)₂) — contiene nitrógeno y calcio, bueno para la fertilización primaveral (Bryla, 2020).
4.6. Abonos complejos
Para el jardinero aficionado, los abonos complejos suelen ser más cómodos que las mezclas de elementos individuales. Contienen una proporción equilibrada de NPK y micronutrientes en forma quelatada (fácilmente asimilable por las plantas).
Tipos de abonos complejos:
- Nitrofoska (NPK 16–16–16 o 15–15–15) — universal, contiene N, P, K en partes iguales. Adecuado para la aplicación primaveral (antes de la floración).
- NPK con predominio de fósforo y potasio (ej. 10–15–20) — se usa para la fertilización otoñal.
- Abonos hidrosolubles (cristalinos, polifídicos, Master, etc.) — abonos complejos especiales para fertirrigación y aplicación foliar. Contienen micronutrientes en forma quelatada (hierro, zinc, cobre, manganeso) y son ideales para una nutrición precisa (Krivko, 2014; Srivastava et al., 2020).
Ejemplos de marcas: «Crystalon», «Master», «Polyfeed», «Nutrivant», «Agricola». En Rusia existen análogos nacionales: «Aquarin», «Rastvorin», «Urozhay-super».
Cómo elegir un abono complejo para el ciruelo:
| Período | Relación NPK recomendada | Nota |
|---|---|---|
| Primavera (antes de la floración) | 15–15–15 o 20–10–10 | Más nitrógeno para el crecimiento |
| Después de la floración — fruto joven | 12–18–15 o 10–20–15 | Más fósforo para raíces y flores |
| Llenado del fruto (junio–julio) | 10–10–20 o 10–5–25 | Más potasio para la calidad del fruto |
| Otoño (tras la cosecha) | 5–15–20 o 0–15–25 | Sin nitrógeno, con fósforo y potasio |
4.7. Calendario anual de nutrición mineral para el ciruelo (dosis aproximadas por árbol adulto, 8–12 años)
| Mes | Abono | Dosis (g/árbol) | Método de aplicación |
|---|---|---|---|
| Abril (antes de la brotación) | Urea (o nitrato amónico) | 150–200 | Incorporar al suelo o regar |
| Mayo (2 semanas después de la floración) | Nitrato cálcico + sulfato de potasio (o nitrofoska) | 100 + 100 (o 200–250 de nitrofoska) | Con riego o en seco incorporado |
| Junio (crecimiento intensivo del fruto) | Sulfato de potasio + fosfato monopotásico (o sulfato de potasio y magnesio) | 150 + 50 | Disuelto en riego |
| Julio (llenado del fruto) | Sulfato de potasio | 100–150 | Pulverización foliar o riego |
| Septiembre–octubre (tras la cosecha) | Superfosfato doble + sulfato de potasio | 150–200 + 150–200 | Incorporación otoñal a 20–25 cm |
Importante: todas las dosis son orientativas. Las dosis exactas dependen del estado del árbol, la fertilidad del suelo y el rendimiento. El mejor enfoque es ajustar la nutrición según los resultados de los análisis de suelo y hojas.
5. Abonado durante la temporada: desde la brotación hasta la preparación para el invierno
El ciruelo, como cualquier frutal, pasa por varias fases clave de desarrollo, y sus necesidades nutricionales cambian en cada una. Un calendario de abonado bien diseñado no es solo «aplicar fertilizantes», sino suministrar al árbol exactamente los elementos que necesita en cada momento. En este capítulo construiremos una estrategia estacional clara para la nutrición del ciruelo: qué, cuándo y por qué aplicar.
5.1. Abonado primaveral (antes de la floración y al inicio de la brotación)
Objetivo: asegurar un fuerte arranque de la vegetación, el crecimiento de brotes y hojas, una buena floración y el cuajado de frutos.
En primavera, el ciruelo despierta del reposo invernal. En este período, su necesidad de nitrógeno es máxima, porque el nitrógeno estimula la división celular, el crecimiento de nuevos brotes y hojas. Además, para una floración y polinización exitosas, es importante el boro (B), que mejora la germinación del polen y el crecimiento del tubo polínico (Agustí, 2010; Ziogas et al., 2020).
Época: la primera aplicación se realiza antes de la brotación (cuando las yemas comienzan a hincharse) o al inicio de la brotación. La segunda — 10–14 días después de la primera, pero antes de la floración.
Qué aplicar:
1. Abonos nitrogenados (elemento principal):
- Urea — 150–200 g por árbol adulto (8–12 años) (Agustí, 2010).
- O nitrato amónico — 200–250 g por árbol.
- O nitrofoska (NPK 16–16–16) — 250–300 g por árbol (contiene también fósforo y potasio, útil en primavera).
- Boro (para la floración) — si el año anterior hubo mal cuajado o caída de frutos jóvenes. Se puede usar:
- Pulverización foliar con solución de ácido bórico al 0,1–0,2 % (10–20 g por 10 L de agua) sobre las yemas (antes de la floración) (Ziogas et al., 2020; Srivastava et al., 2020).
- O añadir un abono con boro («Boroplus», «Master Bor») a la mezcla.
Método de aplicación: los abonos nitrogenados se incorporan al suelo de la zona radicular a 10–15 cm de profundidad (bajo la proyección de la copa) con riego obligatorio. El boro se aplica por pulverización (vía foliar) por la tarde.
Importante: no se exceda con el nitrógeno. El exceso de nitrógeno en primavera puede provocar un crecimiento excesivo de brotes en detrimento de la floración y el cuajado, y también favorecer enfermedades fúngicas. La dosis de nitrógeno para un árbol adulto no debe superar los 200 g de m.a. en primavera (Agustí, 2010; Trunov & Samoshchenkov, 2012).
5.2. Abonado después de la floración (fase de formación del fruto joven)
Objetivo: favorecer el crecimiento de los frutos jóvenes, reducir su caída, asegurar la formación del hueso y la inducción de yemas florales para la cosecha del año siguiente.
Poco después de la floración, el ciruelo entra en una fase de división celular intensiva en los frutos y formación del hueso (este período dura unas 4–6 semanas después de la floración). En este momento, el árbol necesita nitrógeno (para el crecimiento de los frutos), fósforo (para raíces y metabolismo energético), potasio (para el transporte de carbohidratos a los frutos) y calcio (para la resistencia de las paredes celulares, reduciendo el agrietamiento y mejorando la conservación) (Westwood, 1993; Srivastava et al., 2020).
Época: 10–15 días después de la floración masiva (cuando los pétalos han caído y los frutos jóvenes son bien visibles).
Qué aplicar:
1. Abono complejo con predominio de fósforo y potasio (ej. NPK 12–18–15 o 10–20–15) — 200–250 g por árbol adulto. Se puede usar nitrofoska, pero mejor un abono especial para frutales.
2. Nitrato cálcico (si el suelo es ácido o hay signos de deficiencia de calcio) — 50–100 g por árbol (pulverización foliar al 1 %) o en seco con riego (Bryla, 2020).
3. Micronutrientes — especialmente boro (si no se aplicó en primavera), zinc y manganeso. Mejor aplicarlos vía foliar en forma quelatada (ej. «Tsitovit», «Microvit», «Aquamix») (Ziogas et al., 2020).
Método de aplicación: el abono complejo se puede esparcir por la zona radicular e incorporar a 10 cm de profundidad, seguido de riego. Las pulverizaciones foliares de micronutrientes se aplican sobre las hojas (cara inferior) en tiempo nublado o por la tarde.
Importante: en este período son muy útiles los abonos orgánicos líquidos — infusión de estiércol de vaca (1:10) o infusión de hierbas (1:10) — 1–2 cubos por árbol. Aportan nitrógeno, micronutrientes y mejoran la microflora del suelo (Krivko, 2014).
5.3. Abonado estival (fase de llenado y maduración del fruto)
Objetivo: asegurar el máximo tamaño del fruto, acumulación de azúcares, mejora del color y mayor conservación.
Desde mediados de junio hasta finales de julio, el ciruelo engorda sus frutos. En este período, la necesidad de nitrógeno disminuye drásticamente (el exceso de nitrógeno produce frutos «acuosos» y mala maduración de la madera), mientras que la necesidad de potasio alcanza su punto máximo. El potasio es responsable del transporte de asimilados desde las hojas a los frutos, aumentando el contenido de azúcar y el color (Agustí, 2010; Gull et al., 2023). También es importante el calcio — reduce el agrietamiento y mejora la conservación (Srivastava et al., 2020).
Época: la primera aplicación estival — 3–4 semanas después de la floración (junio); la segunda — 3–4 semanas antes de la cosecha (julio) (para variedades tardías). Para variedades tempranas, la aplicación estival principal se realiza en junio – principios de julio.
Qué aplicar:
1. Abonos potásicos (sin cloro):
- Sulfato de potasio — 150–200 g por árbol adulto (Agustí, 2010).
- O sulfato de potasio y magnesio — 200–250 g por árbol (aporta también magnesio).
- O fosfato monopotásico — 50–100 g por árbol (disuelto para acción rápida).
- Calcio (pulverización foliar) — solución de cloruro o nitrato de calcio al 1 % (100–150 g por 10 L de agua) sobre las hojas, especialmente antes de la maduración (Bryla, 2020; Ziogas et al., 2020). Esto reduce el agrietamiento y mejora la conservación.
- Nitrógeno — solo a principios del verano (hasta el 20 de junio), si los brotes crecen débilmente. Dosis pequeña: 30–50 g de urea por árbol. Después de mediados de junio, se excluye el nitrógeno.
Método de aplicación: los abonos potásicos se aplican en seco incorporados al suelo con riego, o en solución (riego radicular). El calcio — solo vía foliar (a través de las hojas, ya que el calcio apenas se mueve hacia abajo en el floema). Pulverizar por la tarde.
Importante: en tiempo caluroso y seco, la dosis de potasio se puede aumentar ligeramente (hasta 250 g), pero no supere las dosis recomendadas. El exceso de potasio puede provocar deficiencia de magnesio y calcio (Westwood, 1993).
5.4. Abonado otoñal (después de la cosecha)
Objetivo: restaurar la fuerza del árbol tras la fructificación, inducir yemas florales para la próxima cosecha y preparar el árbol para el invierno.
En otoño, el ciruelo finaliza su vegetación. En este momento se inducen las yemas florales del año siguiente y se acumulan carbohidratos de reserva en raíces y madera. Estos procesos requieren fósforo (energía) y potasio (resistencia invernal). El nitrógeno en otoño está terminantemente prohibido, ya que estimula el crecimiento de brotes, dificulta la maduración de la madera y reduce la resistencia a las heladas (Agustí, 2010; Krivko, 2014).
Época: después de la cosecha, aproximadamente 3–4 semanas antes de las heladas persistentes (en zonas templadas — septiembre – principios de octubre). En regiones del sur — octubre – noviembre.
Qué aplicar:
1. Abonos fosforados:
- Superfosfato doble — 150–200 g por árbol adulto (Agustí, 2010).
- O superfosfato simple — 300–400 g por árbol.
- Abonos potásicos (sin cloro):
- Sulfato de potasio — 150–200 g por árbol.
- O sulfato de potasio y magnesio — 200–300 g por árbol.
- Abonos orgánicos (si no se aplicaron antes en otoño) — 2–3 cubos de compost o mantillo por árbol (alternar con minerales — un año orgánico, otro mineral) (Westwood, 1993).
Método de aplicación: el fósforo y el potasio son inmóviles, por lo que se incorporan al suelo a 20–25 cm de profundidad (bajo la proyección de la copa). Esto se puede combinar con la excavación de la zona radicular. Si se aplica materia orgánica, se mezcla con el suelo.
Importante: la fertilización otoñal es la aplicación principal para toda la temporada siguiente. El fósforo y el potasio aplicados en otoño se liberarán gradualmente y estarán disponibles para las raíces ya a principios de la primavera. La fertilización otoñal es especialmente importante para árboles viejos y con altos rendimientos.
5.5. Calendario resumido de abonado para el ciruelo (ejemplo para un árbol adulto en zonas templadas)
| Período | Elementos principales | Ejemplo de abonos (g por árbol) | Método de aplicación |
|---|---|---|---|
| Antes de la brotación (abril) | N, B | Urea 150–200 + ácido bórico 10–20 g (foliar) | Incorporación al suelo + pulverización |
| Después de la floración (mayo) | N, P, K, Ca, micro | Nitrofoska 200–250 + nitrato cálcico 50–100 g | Incorporación o riego |
| Junio – llenado del fruto | K, Ca | Sulfato de potasio 150–200 + CaCl₂ al 1 % (foliar) | En seco + pulverización |
| Julio – maduración | K | Sulfato de potasio 100–150 | Riego radicular (solución) o en seco |
| Septiembre–octubre (tras cosecha) | P, K | Superfosfato doble 150–200 + sulfato de potasio 150–200 | Incorporación al suelo a 20–25 cm |
Resumen del capítulo 5:
El abonado estacional del ciruelo es un sistema flexible que se adapta a las fases de desarrollo del árbol.
- Primavera — nitrógeno y boro para el crecimiento y la floración.
- Después de la floración — nutrición compleja (N, P, K, Ca, micro) para los frutos jóvenes.
- Verano — potasio y calcio para la calidad del fruto; el nitrógeno se reduce al mínimo.
- Otoño — fósforo y potasio para la resistencia invernal y la cosecha futura.
Siguiendo este calendario y ajustando las dosis según el estado del árbol y el suelo, proporcionará a su ciruelo todo lo que necesita en cada etapa de su vida.
6. Métodos de aplicación: cómo llevar los nutrientes a las raíces y a las hojas
No basta con saber qué y cuándo aplicar; es importante entender cómo hacerlo de la manera más eficaz. El mismo elemento aplicado por diferentes métodos puede dar resultados muy distintos. En este capítulo abordaremos tres formas principales de fertilizar el ciruelo: aplicación al suelo, fertirrigación (aplicación con agua de riego) y pulverización foliar (a través de las hojas). Cada una tiene sus propias tareas, ventajas y limitaciones. La combinación hábil de estos métodos permite obtener el máximo rendimiento de los fertilizantes con mínimas pérdidas.
6.1. Aplicación al suelo — el método principal
Es el método clásico y más extendido. Los fertilizantes se incorporan directamente al suelo, en la zona de absorción activa de las raíces. Para el ciruelo, cuyo sistema radicular (especialmente en patrones clonales) se encuentra principalmente en la capa superior de 30–60 cm, la aplicación al suelo sigue siendo la base.
Ventajas:
- Proporciona una nutrición prolongada y gradual.
- Mejora las propiedades físico-químicas del suelo (especialmente con materia orgánica).
- Adecuado para todo tipo de fertilizantes — orgánicos, minerales, de liberación lenta.
Desventajas:
- Parte de los nutrientes puede fijarse en el suelo y volverse no disponible (especialmente fósforo y potasio en ciertos tipos de suelo) (Westwood, 1993).
- Con aplicación irregular, las raíces pueden «evitar» las zonas con alta concentración de fertilizantes.
Técnica de aplicación al suelo:
- Zona radicular — área principal de aplicación. Para un ciruelo adulto, la proyección de la copa corresponde aproximadamente a la masa principal de raíces. Los fertilizantes se distribuyen uniformemente sobre toda la zona radicular (o en un surco circular en el perímetro de la copa).
- Profundidad de incorporación según el tipo de fertilizante y la estación:
- Nitrogenados (urea, nitrato amónico) — se incorporan a 10–15 cm, ya que el nitrógeno es móvil y debe colocarse en la zona de raíces activas (Agustí, 2010; Krivko, 2014).
- Fosforados y potásicos — a 20–25 cm, ya que son inmóviles y deben situarse donde las raíces puedan «extraerlos» durante toda la temporada (Westwood, 1993; Potapov et al., 2000).
- Orgánicos — se incorporan a 15–20 cm (preferiblemente en otoño) para que en primavera estén parcialmente descompuestos.
- Métodos de incorporación:
- Esparcimiento uniforme en superficie seguido de excavación o rastrillado. Es el método más sencillo para huertos caseros.
- Aplicación en surcos — se abren 2–4 surcos de 20–25 cm de profundidad en el perímetro de la copa, se aplican los fertilizantes (especialmente fosfórico-potásicos) y se cubren con tierra. Este método es más preciso y económico, especialmente para árboles grandes (Krivko, 2014).
- Aplicación localizada (en hoyos o perforaciones) — para llevar los nutrientes directamente a las raíces absorbentes. Se utiliza para corregir deficiencias.
Importante: la aplicación al suelo debe ir siempre acompañada de riego, especialmente para los fertilizantes minerales. El riego «arrastra» las sustancias disueltas a la zona radicular y evita quemaduras por alta concentración (Bryla, 2020).
6.2. Fertirrigación — aplicación con el agua de riego
La fertirrigación es un método en el que los fertilizantes se aplican junto con el agua de riego, generalmente a través de sistemas de riego por goteo o aspersión. En huertos intensivos con riego por goteo, la fertirrigación se convierte en el método principal de suministro de fertilizantes minerales, especialmente nitrógeno y potasio, que son muy solubles.
Ventajas:
- Alta eficiencia — los fertilizantes llegan directamente a las raíces junto con la humedad, la absorción alcanza el 80–90 % (frente al 50–60 % en seco) (Bryla, 2020; Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Uniformidad — la nutrición se distribuye por toda la zona radicular.
- Posibilidad de aplicaciones frecuentes con pequeñas dosis — ideal para frutales de hueso, sensibles a cambios bruscos de concentración de sales.
- Ahorro de agua y fertilizantes — las pérdidas por evaporación y fijación al suelo son mínimas (Krivko, 2014).
Desventajas:
- Requiere un sistema de riego por goteo y agua limpia (sin partículas en suspensión).
- No todos los fertilizantes son aptos para fertirrigación — se necesitan totalmente solubles, sin residuos (abonos cristalinos o líquidos complejos).
- Requiere control periódico del pH del agua y compatibilidad de los fertilizantes.
Qué fertilizantes se usan para fertirrigación:
- Nitrógeno: urea, nitrato amónico, nitrato cálcico, nitrato potásico.
- Fósforo: fosfato monopotásico (MKP), fosfato monoamónico (MAP), polifosfatos (menos propensos a precipitar).
- Potasio: sulfato de potasio (soluble pero lento), nitrato de potasio.
- Complejos: fertilizantes hidrosolubles con micronutrientes quelatados — «Crystalon», «Master», «Polyfeed», «Aquarin», etc. (Krivko, 2014; Srivastava et al., 2020).
Reglas de la fertirrigación:
- Los fertilizantes se aplican solo disueltos mediante inyectores o mezclas en tanque.
- La concentración de la solución no debe superar el 0,5–1 % (es decir, 5–10 g de fertilizante por litro de agua) para evitar quemaduras radiculares.
- La fertirrigación se realiza en medio o al final del ciclo de riego — primero se da agua limpia para humedecer el suelo, luego la solución fertilizante, y finalmente agua limpia para lavar el sistema (Bryla, 2020).
- Para el ciruelo, la fertirrigación es especialmente eficaz durante el crecimiento activo del fruto (junio–julio) y para la aplicación de potasio en forma fácilmente asimilable.
6.3. Pulverización foliar (a través de las hojas)
La pulverización foliar consiste en rociar la copa con soluciones de fertilizantes. A través de los estomas y la cutícula de las hojas, los nutrientes penetran directamente en los tejidos de la planta, sin pasar por el suelo. Este método no sustituye a la nutrición radicular, pero sirve como una forma rápida y precisa de corregir deficiencias, especialmente de micronutrientes (Ziogas et al., 2020; Srivastava et al., 2020).
Ventajas:
- Acción rápida — los elementos entran en la planta en pocas horas, lo que es crítico en deficiencias agudas.
- Alta absorción — hasta el 80–95 % de los elementos aplicados (especialmente micronutrientes) (Ziogas et al., 2020).
- Posibilidad de actuación dirigida — por ejemplo, boro directamente en la floración o calcio durante el llenado del fruto.
- Independiente de las condiciones del suelo — funciona incluso en suelos alcalinos donde el hierro y el zinc no están disponibles para las raíces (Agustí, 2010).
Desventajas:
- Efecto de corta duración — los elementos no se acumulan en el suelo, requieren aplicaciones repetidas.
- Riesgo de quemaduras en las hojas por sobredosis o concentración incorrecta.
- Dependencia del clima — las pulverizaciones son eficaces solo en tiempo nublado o al atardecer, a temperaturas inferiores a 25 °C y sin viento.
Qué elementos se aplican por vía foliar:
- Macronutrientes: urea (solución al 0,3–1 %), sulfato de magnesio (1–2 %), nitrato o cloruro de calcio (0,5–1 %) — para corregir rápidamente la deficiencia de calcio (especialmente en agrietamiento de frutos) (Ziogas et al., 2020; Bryla, 2020).
- Micronutrientes: boro (ácido bórico al 0,1–0,2 %), zinc (sulfato de zinc al 0,05–0,1 %), hierro (quelato de hierro al 0,1–0,2 %), manganeso (sulfato de manganeso al 0,05–0,1 %). Es mejor usar formas quelatadas — no producen quemaduras y penetran mejor en las hojas (Srivastava et al., 2020; Ziogas et al., 2020).
Épocas de las pulverizaciones foliares para el ciruelo:
- Boro — antes de la floración (hinchamiento de yemas) e inmediatamente después, para mejorar el cuajado (Agustí, 2010).
- Calcio — durante el crecimiento del fruto (junio–julio) — 2–3 tratamientos con intervalo de 10–14 días, para fortalecer los tejidos del fruto y reducir el agrietamiento (Srivastava et al., 2020; Ziogas et al., 2020).
- Zinc y hierro — en primavera, sobre hojas jóvenes, para corregir clorosis y roseta (Westwood, 1993).
- Urea — a principios de primavera (sobre yemas inactivas) o en otoño (tras la caída de las hojas) a alta concentración (3–5 %) — para tratamiento fungicida y nutrición adicional.
- Complejos de micronutrientes — 1–2 veces por temporada (durante el crecimiento de brotes y el llenado del fruto) como parte de una mezcla con fungicidas (Krivko, 2014).
Técnica de pulverización foliar:
- Pulverizar por la tarde (después de las 18–19 h) o temprano por la mañana, cuando los estomas están abiertos y la evaporación es mínima.
- Añadir un adherente (jabón, «Liposam», «Trend», etc.) — aumenta la mojabilidad de la hoja y la eficacia en 1,5–2 veces (Krivko, 2014).
- Tratar ambas caras de las hojas, especialmente la inferior, donde hay más estomas (Martin, 2019).
- Las concentraciones para pulverizaciones foliares son siempre más bajas que para las radiculares, y dependen del elemento (véase la tabla siguiente).
Concentraciones recomendadas para pulverizaciones foliares en ciruelo (Ziogas et al., 2020; Krivko, 2014; Srivastava et al., 2020):
| Elemento | Fertilizante | Concentración de la solución (%) | Nota |
|---|---|---|---|
| Nitrógeno (N) | Urea | 0,5–1,0 (en vegetación), 3–5 (sobre yemas inactivas) | Para nutrición nitrogenada rápida |
| Calcio (Ca) | Nitrato cálcico o cloruro de calcio | 0,5–1,0 | Hasta 3–4 tratamientos por temporada |
| Boro (B) | Ácido bórico o bórax | 0,1–0,2 | Antes y después de la floración |
| Zinc (Zn) | Sulfato de zinc | 0,05–0,1 | Durante el crecimiento de las hojas |
| Hierro (Fe) | Quelato de hierro (Fe-EDDHA) | 0,1–0,2 | Para combatir la clorosis |
| Manganeso (Mn) | Sulfato de manganeso | 0,05–0,1 | Para clorosis internervial |
| Potasio (K) | Sulfato de potasio o fosfato monopotásico | 0,5–1,0 | Se usa menos, generalmente por raíz |
| Magnesio (Mg) | Sulfato de magnesio | 1–2 | Cuando aparecen signos de deficiencia de magnesio |
6.4. Comparación de métodos de aplicación y su combinación
| Método | Velocidad de acción | Duración del efecto | Uso principal | Características |
|---|---|---|---|---|
| Aplicación al suelo | Media (días–semanas) | Larga (meses–años) | Nutrición básica, orgánicos, fósforo, potasio | Método básico y obligatorio |
| Fertirrigación | Rápida (horas–días) | Media (semanas) | Nitrógeno, potasio, abonos complejos en huertos intensivos | Requiere riego por goteo, soluciones precisas |
| Foliar (hojas) | Muy rápida (horas) | Corta (días–semanas) | Micronutrientes, calcio, corrección rápida de deficiencias | Método complementario y de emergencia |
Recomendación de combinación:
- Otoño y primavera — aplicación principal al suelo de fósforo y potasio (incorporados a profundidad).
- Principios de primavera (antes de la floración) — nitrógeno y boro: vía suelo (urea) + pulverización foliar de boro.
- Después de la floración y durante el llenado — fertirrigación con potasio y abonos complejos (si hay riego por goteo) o aplicación al suelo con riego.
- Durante el verano — pulverizaciones foliares con calcio y micronutrientes (sobre hojas), especialmente cuando aparecen signos de deficiencia.
- Otoño — fósforo y potasio vía suelo (aplicación principal) + (opcional) pulverización con urea tras la caída de hojas para aumentar la resistencia invernal (Ziogas et al., 2020; Krivko, 2014).
Importante: no confíe exclusivamente en un solo método. La combinación de nutrición edáfica (proporciona un fondo duradero) y pulverizaciones foliares (corrige rápidamente los puntos críticos) da los mejores resultados. En huertos intensivos, la fertirrigación actúa como nexo entre ambos (Bryla, 2020; Srivastava et al., 2020).
7. Errores típicos en la fertilización del ciruelo y cómo evitarlos
Incluso con un buen conocimiento teórico, en la práctica es fácil cometer errores. Una fertilización incorrecta no solo puede no ayudar, sino que puede dañar el árbol, reducir el rendimiento, empeorar la calidad de los frutos e incluso acortar la vida del huerto. En este capítulo analizaremos los errores más comunes que cometen los jardineros al alimentar el ciruelo y daremos recomendaciones claras para evitarlos.
7.1. Exceso de nitrógeno
Error: aplicación excesiva de abonos nitrogenados (especialmente en primavera y principios del verano) o dosis demasiado altas, así como aplicación tardía en verano y otoño.
Por qué es perjudicial:
- El nitrógeno estimula un crecimiento vegetativo vigoroso. El árbol «se engorda» — los brotes se vuelven largos, gruesos, con entrenudos largos, hojas grandes, verde oscuro, pero flojas (Agustí, 2010; Krivko, 2014).
- Toda la energía se va al crecimiento, no a la inducción de yemas florales. El resultado: reducción del rendimiento, mal cuajado, caída de frutos jóvenes (Agustí, 2010).
- Los frutos se vuelven acuosos, menos dulces, peor coloreados y disminuye su conservación (Westwood, 1993; Srivastava et al., 2020).
- La madera no madura en otoño, lo que reduce drásticamente la resistencia al invierno. El ciruelo puede helarse incluso con heladas moderadas (Agustí, 2010; Potapov et al., 2000).
- Aumenta la susceptibilidad a enfermedades (especialmente monilia y cáncer bacteriano) y plagas (pulgones, ácaros) (Gull et al., 2023).
Cómo evitarlo:
- Aplique nitrógeno según las necesidades: para un ciruelo adulto (8–12 años), la dosis óptima es de 150–200 g de urea (o 200–250 g de nitrato amónico) durante el período primavera-verano, dividida en 2–3 aplicaciones (Agustí, 2010; Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Nunca aplique nitrógeno después de mediados de julio (en regiones del sur, después de finales de julio). En zonas templadas, después del 20 de junio (Krivko, 2014).
- Mantenga el equilibrio NPK: primavera — nitrógeno + fósforo + potasio, verano — énfasis en potasio, otoño — solo fósforo y potasio, sin nitrógeno (Bryla, 2020; Westwood, 1993).
- Use formas de nitrógeno de liberación lenta (ej. fertilizantes urea-formaldehído) o materia orgánica que libere nitrógeno gradualmente.
Síntomas de exceso de nitrógeno: hojas verde oscuro, «grasas», brotes vigorosos con entrenudos largos, floración escasa, frutos pequeños y acuosos, crecimiento prolongado hasta el otoño.
7.2. Aplicación desequilibrada de fertilizantes (desequilibrio de nutrientes)
Error: centrarse en un solo elemento (a menudo nitrógeno o potasio) e ignorar otros, especialmente micronutrientes, o aplicar elementos en proporción incorrecta, causando antagonismo (ej. exceso de potasio provoca deficiencia de magnesio, exceso de nitrógeno provoca deficiencia de calcio) (Westwood, 1993; Srivastava et al., 2020).
Por qué es perjudicial:
- Exceso de potasio con insuficiente magnesio puede causar clorosis (amarillamiento internervial en hojas viejas) y también perjudicar la absorción de calcio, lo que provoca agrietamiento y mala conservación de los frutos (Agustí, 2010; Gull et al., 2023).
- Exceso de fósforo puede provocar deficiencia de zinc y hierro (especialmente en suelos alcalinos), manifestándose como clorosis en hojas jóvenes (Westwood, 1993; Srivastava et al., 2020).
- Ignorar los micronutrientes (boro, zinc, manganeso, hierro) provoca deficiencias características: mal cuajado, roseta, clorosis, frutos pequeños y deformes (Agustí, 2010; Ziogas et al., 2020).
- Relación NPK desequilibrada debilita el árbol, reduce su resistencia al estrés y a enfermedades, empeora el sabor y la calidad comercial de los frutos (Potapov et al., 2000; Srivastava et al., 2020).
Cómo evitarlo:
- Aplique abonos complejos (nitrofoska, cristalones, polifídicos) con micronutrientes, especialmente en las fases críticas (floración, cuajado, llenado) (Krivko, 2014).
- Realice análisis de suelo y hojas regularmente (cada 2–3 años) para ajustar la nutrición según los datos reales (Westwood, 1993; Bryla, 2020).
- Tenga en cuenta el antagonismo entre elementos:
- Potasio y magnesio — antagonistas; con dosis altas de potasio, aplique magnesio adicional (sulfato de potasio y magnesio).
- Nitrógeno y calcio — el exceso de nitrógeno reduce la entrada de calcio a los frutos; por ello, durante el crecimiento del fruto son útiles las pulverizaciones foliares de calcio.
- Fósforo y zinc — dosis altas de fósforo pueden bloquear el zinc (Westwood, 1993; Srivastava et al., 2020).
- Aplique micronutrientes (especialmente boro, zinc, hierro, manganeso) en forma quelatada, mediante pulverizaciones foliares (Ziogas et al., 2020).
Síntomas de desequilibrio: aparición de síntomas de deficiencia de varios elementos a la vez (ej. clorosis internervial en hojas viejas y amarillamiento de hojas jóvenes), deterioro de la calidad de los frutos, reducción de la vitalidad general del árbol.
7.3. Incumplimiento de los plazos y métodos de aplicación
Error: aplicar fertilizantes en el momento inadecuado (ej. nitrógeno en otoño, fósforo en primavera sin incorporar, pulverizaciones foliares en días soleados), profundidad incorrecta, mezcla de fertilizantes incompatibles, aplicación de altas concentraciones en la zona radicular (quemaduras).
Por qué es perjudicial:
- Aplicación de nitrógeno en otoño — el error más peligroso: el nitrógeno estimula el crecimiento, el árbol no entra en reposo, los brotes se congelan, la resistencia al invierno cae drásticamente (Agustí, 2010; Krivko, 2014).
- Aplicación superficial de fósforo (sin incorporar) — el fósforo apenas se mueve en el suelo, permanece en la capa superior y queda inaccesible para la mayoría de las raíces (Westwood, 1993; Bryla, 2020).
- Pulverizaciones foliares en tiempo caluroso y soleado o a alta concentración — provocan quemaduras en las hojas (necrosis, quemaduras marginales), reducen la fotosíntesis (Ziogas et al., 2020; Srivastava et al., 2020).
- Mezcla de fertilizantes incompatibles (ej. superfosfato con nitrato amónico o nitrato cálcico) — provoca reacciones químicas, precipitaciones y pérdida de nutrientes (Krivko, 2014).
- Aplicación de soluciones concentradas directamente al tronco — quema del cuello de la raíz y raíces, lo que puede matar el árbol (Martin, 2019).
Cómo evitarlo:
- Siga estrictamente el calendario estacional (véase capítulo 5):
- Nitrógeno — solo primavera y primera mitad del verano.
- Fósforo y potasio — otoño + primavera (incorporados a profundidad).
- Orgánicos — otoño o primavera, pero siempre incorporados.
- Profundidad de incorporación:
- Abonos nitrogenados — 10–15 cm.
- Fosfórico-potásicos — 20–25 cm (en el perímetro de la copa, en surcos o hoyos).
- Pulverizaciones foliares — realícelas solo por la tarde (después de las 18–19 h) o temprano por la mañana, en tiempo nublado, a temperaturas inferiores a 25 °C (Ziogas et al., 2020).
- No mezcle todo indiscriminadamente. Compruebe la compatibilidad de los fertilizantes (las tablas de compatibilidad suelen estar en el envase o disponibles en manuales). Reglas básicas (Krivko, 2014):
- El superfosfato no debe mezclarse con nitrato amónico y urea (en seco) — se pierde nitrógeno.
- El nitrato cálcico no debe mezclarse con superfosfato y sulfato de potasio (forma precipitado).
- La urea se puede mezclar con la mayoría de los fertilizantes, excepto el superfosfato y las formas alcalinas.
- Aplique los fertilizantes no en el centro de la zona radicular, sino en la periferia — allí se encuentran las raíces absorbentes activas (Westwood, 1993).
- Después de aplicar abonos minerales, riegue siempre (al menos 2–3 cubos de agua por 1 m²) para disolver y «arrastrar» las sales a la zona radicular (Bryla, 2020).
Síntomas de incumplimiento de plazos: crecimiento prolongado en otoño, congelación de brotes, floración débil la primavera siguiente, quemaduras en las hojas tras las pulverizaciones.
7.4. Errores adicionales
- Ignorar los abonos orgánicos. Solo con minerales, el suelo se agota gradualmente, la estructura se deteriora y la actividad microbiológica disminuye. La materia orgánica es la base de la fertilidad a largo plazo (Martin, 2019; Srivastava et al., 2020).
- Aplicar estiércol fresco. El estiércol fresco contiene mucho amoníaco, quema las raíces, atrae plagas y contiene semillas de malas hierbas. Utilice solo estiércol descompuesto o compost (Agustí, 2010; Krivko, 2014).
- Descuidar los análisis de suelo y hojas. Sin diagnóstico, se trabaja a ciegas. Los análisis regulares (al menos cada 3 años) ayudarán a ajustar con precisión la nutrición (Westwood, 1993; Bryla, 2020).
- Exceso de micronutrientes (especialmente boro). La toxicidad del boro se manifiesta por quemaduras marginales en las hojas, necrosis de tejidos y exudación de goma. El boro se aplica solo cuando es necesario y en concentraciones estrictamente recomendadas (0,1–0,2 %) (Krivko, 2014; Srivastava et al., 2020).
- Nutrición unilateral (solo nitrógeno o solo potasio). Todos los elementos son importantes e interdependientes. Una nutrición equilibrada es la clave de la salud del árbol.
7.5. Lista de verificación rápida: cómo evitar errores
| Qué NO hacer | Solución correcta |
|---|---|
| Aplicar nitrógeno en otoño | Aplicar nitrógeno solo en primavera y hasta mediados del verano |
| Aplicar fósforo en superficie | Incorporar fósforo y potasio a 20–25 cm de profundidad |
| Ignorar los micronutrientes | Aplicar regularmente micronutrientes (especialmente boro, zinc, hierro) por vía foliar |
| Mezclar fertilizantes incompatibles | Comprobar la compatibilidad o aplicar por separado |
| Aplicar altas concentraciones en suelo seco | Regar previamente, aplicar disuelto |
| Pulverizar foliarmente con calor | Pulverizar por la tarde o en tiempo nublado |
| Usar solo abonos minerales | Combinar abonos minerales y orgánicos |
Conclusión
La nutrición adecuada del ciruelo no es una ciencia complicada, sino un sistema basado en la comprensión de las necesidades del árbol en las distintas fases de su vida. Hemos recorrido todo el camino: desde comprender qué elementos necesita el ciruelo, pasando por el diagnóstico de sus deficiencias, la elección de abonos orgánicos y minerales, el plan estacional de abonado, los métodos de aplicación y, finalmente, los errores típicos.
Conclusiones clave:
1. El ciruelo necesita una nutrición equilibrada: nitrógeno para el crecimiento, fósforo para las raíces y la floración, potasio para la calidad de los frutos y la resistencia invernal, calcio y micronutrientes para la salud y la robustez.
2. El diagnóstico es la base del éxito: inspeccione los árboles regularmente, observe las hojas, los brotes y los frutos. En caso de duda, realice análisis de suelo y hojas.
3. Los orgánicos y los minerales se complementan: el compost y el mantillo crean un fondo de fertilidad a largo plazo; los abonos minerales proporcionan ajustes precisos en los momentos clave.
4. Los plazos y las dosis son cruciales: nitrógeno — primavera y hasta mediados del verano, potasio — verano, fósforo y potasio — otoño. Respete las dosis recomendadas, no sobrealimente.
5. Los métodos de aplicación importan: la aplicación al suelo es la base, la fertirrigación para huertos intensivos, las pulverizaciones foliares para correcciones rápidas. Úselos en combinación.
6. Evite los errores típicos: no se exceda con el nitrógeno, mantenga el equilibrio, respete los plazos, no mezcle fertilizantes incompatibles.
Siguiendo estos principios, proporcionará a su ciruelo una nutrición completa, obtendrá cosechas estables de frutos grandes, dulces y hermosos, y prolongará la vida de su huerto.
¡Buena suerte en su jardín y abundantes cosechas!
Referencias
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- Agusti, M. (2010). ‘La nutricion mineral de los frutales’, in Fruticultura. Madrid, Spain: Ediciones Mundi-Prensa, pp. 87-106.
- Barker, A.V., Stratton, M.L. (2020). ‘Nutrient density of fruit crops as a function of soil fertility’, in Fruit Crops. : Elsevier, 13-31.
- Bryla, D.R. (2020). ‘4R nutrient stewardship in fruit crops’, in Fruit Crops. : Elsevier, 509-519.
- Khan, M.Kamran., Imran, M., Ahmad, M.Haseeb., Zulifqar, A., Saeed, N. (2022). ‘Effect of Preharvest and Postharvest Factors on Quality of Plum’, in Handbook of Plum Fruit. Boca Raton: CRC Press, 283-299.
- Martin, O. (2019). ‘How You Grow a Tree’, in Fruit Trees for Every Garden. New York: The Speed Press, ch. 5.
- Parameshwari, S., Arackal, J.J., Suresh, S., Malik, I.Ahmad. (2022). ‘Nutrition and Orchard Manuring Practices of Plum Trees’, in Handbook of Plum Fruit. Boca Raton: CRC Press, 101-111.
- Toselli, M., Baldi, E., Cavani, L., Sorrenti, G. (2020). ‘Nutrient management in fruit crops: An organic way’, in Fruit Crops. : Elsevier, 379-392.
- Westwood, M.Neil. (1993). ‘Cultural Practices’, in Temperate-zone. Pomology. Physiology and Culture. Portland, Oregon: Timber Press, pp. 178-216.
- Ziogas, V., Michailidis, M., Karagiannis, E., Tanou, G., Molassiotis, A. (2020). ‘Manipulating fruit quality through foliar nutrition’, in Fruit Crops. : Elsevier, 401-417.
- Кривко, Н.П. (2014). ‘Уход за молодым и плодоносящим садом [Caring for a young and fruitful garden]’, in Плодоводство [Fruit growing]. Санкт-Петербург: Лань, pp. 158-227.
- Потапов, В.А., Фаустов, В.В., Пильщикова, Ф.Н. (2000). ‘Плодовый сад [Orchard]’, in Плодоводство [Fruit growing]. Москва: Колос, pp. 207-369.
- Трунов, Ю.В., Самощенков, Е.Г., Дорошенко, Т.Н. (2012). ‘Технология производства плодов [Fruit production technology]’, in Плодоводство [Fruit growing]. Москва: КолосС, pp. 212-328.