Nutrición (fertilizantes y alimentación)
1. Requerimientos nutricionales del cerezo
Como cualquier ser vivo, el cerezo necesita «alimento» —elementos minerales que obtiene del suelo— para su crecimiento, desarrollo y fructificación. Comprender qué elementos y en qué períodos de la vida del árbol son más importantes es el primer paso clave para crear un sistema de fertilización eficaz.
Todos los elementos necesarios se dividen en tres grupos: macronutrientes (consumidos en grandes cantidades), micronutrientes (necesarios en dosis pequeñas, pero su función no es menos importante) y «elementos de la vida» (oxígeno, hidrógeno, carbono), que el árbol obtiene del aire y del agua.
1.1 Macronutrientes
Son la base de la nutrición mineral. Su deficiencia afecta inmediatamente el crecimiento y la producción.
Nitrógeno (N). Es el elemento más importante para el cerezo. Forma parte de proteínas, clorofila y otros compuestos vitales. El nitrógeno es responsable del crecimiento vigoroso de brotes y hojas. Cuando falta, el crecimiento se debilita, las hojas se vuelven verde pálido y luego amarillean y caen. Sin embargo, el exceso de nitrógeno es igualmente peligroso: provoca un crecimiento vegetativo excesivo en detrimento de la fructificación, retrasa la maduración de las cerezas y reduce la resistencia al invierno (Agustí, 2010; Webster y Looney, 1996). Las hojas sanas deben contener entre 2,2 y 3,4 % de nitrógeno (Hanson y Proebsting, 1996).
Potasio (K). Segundo elemento en importancia. El potasio desempeña un papel clave en el equilibrio hídrico, activa enzimas y participa en la síntesis de azúcares. Determina el tamaño, el sabor y la conservación de los frutos. También aumenta la resistencia del árbol a la sequía y a las enfermedades. Cuando es deficiente, los bordes de las hojas amarillean y se secan («quemadura marginal»), y las cerezas se vuelven pequeñas y sin sabor. El contenido óptimo de potasio en hojas es del 1,0–3,0 % (Hanson y Proebsting, 1996). El potasio es absorbido activamente por los frutos, por lo que su consumo es máximo durante el crecimiento y maduración (Westwood, 1993).
Fósforo (P). Este elemento es necesario para el intercambio energético, la formación del sistema radicular y la iniciación de yemas florales. El fósforo influye en la época de floración y en la calidad del cuajado. La deficiencia de fósforo es menos frecuente, pero su escasez retrasa el crecimiento y puede provocar un tono violáceo en las hojas. El contenido de fósforo en hojas debe estar entre 0,16 y 0,40 % (Hanson y Proebsting, 1996).
Calcio (Ca). Es el «material de construcción» de las paredes celulares. El calcio asegura la firmeza y densidad de los frutos, lo que es crítico para su almacenamiento. Una cantidad suficiente de calcio en las cerezas reduce el riesgo de agrietamiento antes de la cosecha (Hanson y Proebsting, 1996). El calcio es prácticamente inmóvil en la planta, por lo que su aporte debe ser constante. En las hojas debe haber entre 0,7 y 3,0 %.
Magnesio (Mg). Este elemento es el átomo central de la molécula de clorofila. Es responsable de la fotosíntesis y del color verde general de las hojas. Cuando falta, las hojas viejas amarillean pero las nervaduras permanecen verdes (clorosis intervenal). El contenido normal de magnesio es del 0,4–0,9 % en hojas (Hanson y Proebsting, 1996).
1.2 Micronutrientes
Se necesitan en cantidades muy pequeñas (miligramos por kilogramo de materia seca), pero sin ellos el árbol no puede funcionar correctamente.
Boro (B). Es fundamental para la floración y el cuajado de frutos. Estimula el crecimiento de los tubos polínicos y asegura la fecundación. Cuando falta boro, disminuye la producción, los frutos se deforman y los ápices de los brotes se secan. El contenido de boro en hojas debe ser de 25–60 ppm (mg/kg) (Hanson y Proebsting, 1996). El boro es poco móvil, por lo que las aplicaciones foliares antes y durante la floración dan los mejores resultados.
Cinc (Zn). Participa en la síntesis de auxinas (hormonas de crecimiento). Su deficiencia provoca «rosetamiento» —acortamiento de los entrenudos y aparición de hojas pequeñas, estrechas y cloróticas. El contenido normal de cinc es de 15–70 ppm (Hanson y Proebsting, 1996).
Manganeso (Mn) y Hierro (Fe). Ambos participan en la fotosíntesis. Su deficiencia se manifiesta como clorosis intervenal (amarilleamiento entre nervaduras). Cuando falta hierro, la clorosis comienza en las hojas jóvenes del ápice; cuando falta manganeso, en las hojas viejas de la base. Los valores óptimos son manganeso 20–200 ppm, hierro 20–250 ppm (Hanson y Proebsting, 1996).
1.3 Particularidades de la nutrición en diferentes períodos de desarrollo
Las necesidades nutricionales del cerezo no son constantes; cambian según la etapa de crecimiento y fructificación.
Primavera (hinchazón de yemas y floración). En esta época, el árbol utiliza activamente los nutrientes acumulados el año anterior. El elemento principal es el nitrógeno, necesario para el rápido crecimiento de hojas y brotes. Desde la brotación hasta la floración, el boro es vital para una polinización exitosa (Westwood, 1993; Mikheev y Revyakina, 2004).
Inmediatamente después de la floración y al inicio del crecimiento de los frutos. En este período se forma la cosecha. El árbol necesita potasio para formar cerezas grandes y dulces. El nitrógeno es necesario para mantener el crecimiento activo de brotes y hojas que alimentarán los frutos. Las condiciones óptimas del suelo y la disponibilidad de calcio en este período son críticas para prevenir el agrietamiento futuro de los frutos (Long et al., 2021; Westwood, 1993).
Período de crecimiento y maduración de los frutos. Esta es la etapa más crítica. La absorción de potasio alcanza su máximo porque se acumula en las cerezas. La absorción de nitrógeno debe ser equilibrada: el exceso retrasa la maduración y perjudica el color de los frutos (Agustí, 2010). Las aplicaciones foliares de calcio son eficaces para aumentar la firmeza de las cerezas.
Otoño (después de la cosecha). La tarea principal es preparar el árbol para el invierno. No se aplica nitrógeno para no estimular brotes que podrían dañarse por las heladas. En este momento se aplican fósforo y potasio (abonado de fondo P‑K), que favorecen la maduración de la madera, la acumulación de nutrientes en las raíces y el aumento de la resistencia invernal (Mikheev y Revyakina, 2004; Hanson y Proebsting, 1996). En otoños secos, es importante el riego de carga que ayuda a la planta a absorber estos elementos.
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2. Diagnóstico nutricional
Para saber qué necesita realmente su cerezo, no basta con seguir recomendaciones generales. Los suelos son diferentes, el clima cambia, y la edad y el estado del árbol afectan su apetito. Un buen agricultor no se basa en suposiciones, sino en tres herramientas principales de diagnóstico: análisis de suelo, análisis foliar y observación cuidadosa de la planta. La combinación de estos métodos proporciona la imagen más precisa.
2.1 Análisis de suelo
Es su primer paso. Mucho antes de plantar o al comienzo de la temporada, el análisis de suelo muestra sus características básicas: tipo, textura, pH y contenido de nutrientes principales.
¿Para qué sirve? El análisis de suelo ayuda a determinar si hay «materiales de construcción» para el árbol. No muestra el contenido real de elementos en el árbol, sino la capacidad potencial del suelo para suministrarlos. Lo más importante que proporciona el análisis de suelo es el pH. De él depende directamente que las raíces puedan absorber los nutrientes. El cerezo prefiere suelos ligeramente ácidos o neutros con pH entre 6,0 y 7,0. Con pH inferior a 5,5 o superior a 8,0, muchos elementos (fósforo, hierro, cinc, manganeso) se vuelven indisponibles, aunque estén presentes en el suelo (Westwood, 1993; Long et al., 2021).
¿Cómo y cuándo muestrear? Las muestras de suelo se toman de la zona radicular a una profundidad de 20–40 cm (donde se encuentra la mayor parte de las raíces activas). Para mayor fiabilidad, se mezclan varias muestras de diferentes puntos de la parcela. Se recomienda hacer el análisis en otoño o a principios de primavera, antes de aplicar fertilizantes, para tener un «punto de partida». Frecuencia: cada 3–4 años en plantaciones adultas (Hanson y Proebsting, 1996; Quero‑García et al., 2017).
Nota importante: El análisis de suelo no proporciona una evaluación precisa de la disponibilidad de nitrógeno, porque sus formas en el suelo son muy dinámicas y dependen de la actividad microbiológica. Sin embargo, es indispensable para determinar los niveles de fósforo, potasio, calcio, magnesio y micronutrientes, así como para calcular las dosis de cal para corregir el pH.
2.2 Análisis foliar (diagnóstico foliar)
Es el método más preciso y fiable para evaluar la nutrición de los cultivos frutales perennes, incluido el cerezo. Las hojas son el «espejo» de la nutrición del árbol. Su composición química refleja lo que el árbol realmente ha absorbido del suelo, no solo lo que hay en él (Agustí, 2010; Hanson y Proebsting, 1996).
¿Cuándo y cómo tomar las muestras? La época clásica para el cerezo es mediados del verano (segunda quincena de julio – principios de agosto), aproximadamente 120 días después de la plena floración. En este período, la concentración de los principales elementos en las hojas es más estable (Agustí, 2010; Westwood, 1993).
- Se toman 50–100 hojas completamente desarrolladas de la parte media de los brotes anuales del año. Las hojas deben estar sanas, sin signos de enfermedades o plagas.
- Se recolectan de 5–10 árboles de la misma variedad y patrón, de todos los lados de la copa.
- Se secan rápidamente (no al sol) y se envían a un laboratorio agroquímico especializado.
¿Qué muestran los resultados? El laboratorio entrega el contenido de macro y micronutrientes en porcentaje o en mg/kg de materia seca. Estos valores se comparan con los rangos «normales» generalmente aceptados para el cerezo (ver tabla). Si los valores están por debajo del límite inferior, se diagnostica deficiencia; por encima del superior, exceso o toxicidad.
Valores orientativos de nutrientes en hojas de cerezo (mediados de verano):
| Elemento | Deficiencia | Normal | Exceso | Observación |
|---|---|---|---|---|
| Nitrógeno N | < 2,2 % | 2,2 – 3,4 % | > 3,4 % | Crítico para el crecimiento. |
| Fósforo P | < 0,08 % | 0,16 – 0,40 % | > 0,4 % | Importante para raíces y floración. |
| Potasio K | < 1,0 % | 1,0 – 3,0 % | > 3,0 % | Responsable de la calidad del fruto. |
| Calcio Ca | – | 0,7 – 3,0 % | – | Elemento estructural, inmóvil. |
| Magnesio Mg | < 0,24 % | 0,4 – 0,9 % | > 0,9 % | Componente de la clorofila. |
| Boro B | < 20 ppm | 25 – 60 ppm | > 80 ppm | Clave para el cuajado. |
| Cinc Zn | < 10 ppm | 15 – 70 ppm | – | Deficiencia produce «rosetamiento». |
| Manganeso Mn | < 20 ppm | 20 – 200 ppm | – | Clorosis en hojas viejas. |
| Hierro Fe | – | 20 – 250 ppm | – | Clorosis en hojas jóvenes. |
Fuente: compilado a partir de Hanson y Proebsting, 1996; Webster y Looney, 1996; Shear y Faust, 1980.
¿Por qué es útil para el agricultor? Conociendo la composición exacta de las hojas, se pueden ajustar los fertilizantes de forma específica: añadir solo lo que realmente falta y evitar sobredosis. Esto ahorra dinero y protege el medio ambiente.
2.3 Signos visuales de deficiencia y exceso
Es su «prueba rápida» en el huerto. El propio árbol da señales a través de su aspecto. Aprender a leerlas permite detectar problemas a tiempo y verificarlos mediante análisis. Recuerde que muchos síntomas son similares, por lo que el diagnóstico visual es solo un motivo para investigar más a fondo, no un diagnóstico definitivo.
Nitrógeno (N):
- Deficiencia: Hojas verde pálido o amarillas, comenzando por las inferiores y viejas. Crecimiento de brotes débil, brotes finos y cortos. Cerezas más pequeñas y maduración precoz.
- Exceso: Hojas muy oscuras y grandes, crecimiento vigoroso de brotes, retraso en la maduración, mala coloración, reducción de la resistencia invernal. El árbol «engorda» (Mikheev y Revyakina, 2004; Agustí, 2010).
Potasio (K):
- Deficiencia: Bordes de las hojas y entre nervaduras amarillentos, luego pardos y necrosis («quemadura marginal»). Comienza en hojas bajeras. Frutos pequeños, pálidos, mal coloreados, con bajo contenido de azúcar.
- Exceso: Raro; puede inducir deficiencia de magnesio y calcio.
Fósforo (P):
- Deficiencia: Hojas verde oscuro con tono violáceo o bronceado. Crecimiento de raíces y brotes lento. Floración y maduración retrasadas.
- Exceso: Bloquea la absorción de cinc y hierro.
Magnesio (Mg):
- Deficiencia: Típica clorosis intervenal en hojas viejas: el tejido entre nervaduras amarillea, mientras que las nervaduras permanecen verdes. Luego aparecen manchas necróticas pardas y las hojas caen.
Hierro (Fe):
- Deficiencia (clorosis férrica): Amarilleamiento intervenal, pero principalmente en hojas jóvenes del ápice. Las nervaduras permanecen verde brillante. Causa: pH alcalino (> 7,5) que hace que el hierro no esté disponible.
Cinc (Zn):
- Deficiencia: Hojas pequeñas, estrechas y cloróticas, agrupadas en «rosetas» en los extremos de brotes acortados. Entrenudos muy comprimidos. Las yemas pueden no abrirse.
Boro (B):
- Deficiencia: Los ápices de los brotes se secan, las hojas se deforman, engrosan y se vuelven quebradizas. Floración débil, escaso cuajado, frutos pequeños, deformes, con grietas y manchas corchosas.
- Exceso de boro: Los bordes de las hojas se necrosan y aparecen manchas. Las ramas pueden secarse con exudación de goma.
Recuerde: El diagnóstico visual es eficaz cuando se combina con análisis de suelo y foliar. Si observa síntomas preocupantes, no se apresure a aplicar fertilizantes al suelo; primero verifique sus sospechas mediante análisis foliar para no dañar el árbol.
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3. Abonos orgánicos
Los abonos orgánicos son la base de la fertilidad de un huerto de cerezos. No solo «alimentan» al árbol, sino que mejoran radicalmente el propio suelo: su estructura, capacidad de retención de agua y aire, y crean un entorno favorable para los microorganismos beneficiosos. El uso de materia orgánica es una inversión a largo plazo en la salud y longevidad de su huerto.
3.1 Compost
El compost es el «oro negro» del jardinero. Es un producto de la descomposición de residuos orgánicos (restos vegetales, césped, residuos de cocina, hojas, etc.) procesados por microorganismos. Es una fuente equilibrada y estable de nutrientes que no quema raíces y actúa como fertilizante de liberación lenta (Martin, 2019; Srivastava, 2020a).
¿Por qué es importante para el cerezo? El compost mejora la estructura incluso de los suelos más problemáticos. En suelos arenosos, ayuda a retener la humedad y los nutrientes; en arcillas pesadas, los hace más sueltos y aireados. La materia orgánica del compost alimenta a las lombrices y bacterias beneficiosas, que a su vez hacen que los nutrientes estén disponibles para las raíces. La aplicación regular de compost aumenta la resistencia del árbol a enfermedades y condiciones climáticas adversas (Srivastava, 2020a; Long et al., 2021).
Cómo aplicarlo:
- Dosis: Para árboles jóvenes (primeros 2–3 años), son suficientes 1–2 cubos (unos 10–20 kg) por árbol y temporada. Para un árbol adulto en producción, se recomienda una dosis más generosa: 5–10 kg por 1 m² de la zona de la copa, lo que equivale a unos 2–3 paladas alrededor del perímetro de la copa (Mikheev y Revyakina, 2004).
- Época y método: El compost se aplica en primavera u otoño. Se extiende uniformemente sobre la superficie del círculo de la copa, sin acercarlo al tronco (dejando 10–15 cm). Luego se incorpora suavemente a la capa superior del suelo (10–15 cm de profundidad) o se usa como acolchado, dejándolo en la superficie. Para el cerezo, el compost puede aplicarse una vez cada 2–3 años (Mikheev y Revyakina, 2004; Quero‑García et al., 2017).
- Para obtener el máximo beneficio, el compost debe aplicarse en zanjas o hoyos circulares excavados en la periferia de la proyección de la copa, a 20–30 cm de profundidad. Esto asegura que los nutrientes lleguen directamente a la zona de raíces activas (Mikheev y Revyakina, 2004).
3.2 Estiércol (bien descompuesto)
El estiércol es un abono orgánico tradicional. Sin embargo, para el cerezo, como para la mayoría de los frutales, está terminantemente prohibido usar estiércol fresco. Contiene demasiado amoniaco agresivo que quema las raíces y puede ser fuente de enfermedades y semillas de malas hierbas. Solo se utiliza estiércol bien descompuesto (compostado durante al menos un año).
- ¿Por qué es importante? El estiércol bien descompuesto es una fuente rica de todos los macronutrientes principales, especialmente nitrógeno, así como de microflora beneficiosa. Estimula la actividad microbiana del suelo (Martin, 2019; Quero‑García et al., 2017).
- Cómo aplicarlo: Las dosis son similares a las del compost. El estiércol se aplica en otoño, enterrado en el círculo de la copa a 20–25 cm de profundidad. Como contiene más nitrógeno que el compost, debe usarse con precaución, especialmente en árboles jóvenes, para no provocar un crecimiento excesivo de brotes. Frecuencia óptima: una vez cada 2–4 años (Mikheev y Revyakina, 2004).
3.3 Abonos verdes (cultivos de cobertura)
Los abonos verdes son plantas (cereales, leguminosas, crucíferas) que se siembran especialmente en las calles del huerto o bajo la copa de los árboles, y luego se incorporan o siegan y se dejan como acolchado. Es una de las formas más eficaces y ecológicas de mantener la fertilidad del suelo, especialmente en agricultura ecológica (Martin, 2019; Srivastava, 2020a; Quero‑García et al., 2017).
¿Por qué es importante? Los abonos verdes cumplen varias funciones a la vez:
- Enriquecen el suelo con nitrógeno. Las leguminosas (veza, altramuz, trébol, meliloto) establecen simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógeno que capturan el nitrógeno atmosférico y lo convierten en formas asimilables para las plantas. Es un abono nitrogenado gratuito y ecológico (Martin, 2019; Srivastava, 2020a).
- Mejoran la estructura del suelo. Las raíces potentes de los abonos verdes airean el suelo, mejoran la permeabilidad al agua y al aire.
- Protegen contra la erosión y las malas hierbas. Una cubierta densa evita la erosión y suprime el crecimiento de malas hierbas.
- Crean hábitat para insectos beneficiosos. Los abonos verdes en flor (especialmente crucíferas y leguminosas) atraen abejas y otros polinizadores, así como insectos depredadores que ayudan a controlar plagas (Martin, 2019).
Cómo utilizarlos en el huerto de cerezos:
- Elección de cultivos. Las mezclas de leguminosas y cereales son excelentes para el cerezo. Por ejemplo, avena o raigrás combinado con veza o guisante de campo. Las leguminosas enriquecen con nitrógeno y los cereales aportan mucha materia orgánica para mejorar la estructura. Importante: no usar leguminosas demasiado agresivas (p. ej., alfalfa o meliloto en el primer año) que puedan competir con el árbol por la humedad y agotar el suelo (Srivastava, 2020a).
- Época de siembra e incorporación. En climas templados, los abonos verdes se siembran a finales del verano – principios del otoño (agosto‑septiembre) para que acumulen biomasa antes del frío. En primavera, 2–3 semanas antes de la brotación (o en la fase de botón floral para las leguminosas), se siegan y se incorporan al suelo a 15–20 cm de profundidad. También pueden dejarse como acolchado, pero entonces conviene cubrirlos con una capa fina de compost o tierra para acelerar la descomposición (Martin, 2019; Mikheev y Revyakina, 2004).
- Importante: Siegue e incorpore los abonos verdes antes de la floración, de lo contrario los tallos se lignifican y se descomponen lentamente.
3.4 Otros materiales orgánicos
Acolchado de corteza, astillas, paja (restos vegetales). Acolchar el círculo de la copa con una capa de 5–10 cm es el mejor aliado del jardinero. El acolchado impide las malas hierbas, conserva la humedad del suelo, protege las raíces del sobrecalentamiento y, al descomponerse, sirve como fuente adicional de nutrientes (Long et al., 2021; Martin, 2019). Es especialmente eficaz el acolchado de ramas trituradas (astillas ramiales), que se descompone lentamente, enriqueciendo el suelo con carbono y creando un entorno favorable para hongos beneficiosos. Al usar acolchado, no lo coloque directamente contra el tronco para evitar podredumbres.
Turba. Se usa principalmente para mejorar la estructura del suelo, no como fertilizante, ya que es pobre en nutrientes. Antes de usarla, se recomienda compostarla con otros residuos orgánicos (Mikheev y Revyakina, 2004).
Harina de huesos y otros abonos «lentos». La harina de huesos es una excelente fuente de fósforo y calcio que se descompone en varios años, proporcionando nutrición a largo plazo. Puede aplicarse en los hoyos de plantación o en otoño al cavar. Las harinas de pescado, sangre y plumas son fuentes de nitrógeno de acción rápida, adecuadas para aplicaciones urgentes en primavera (Quero‑García et al., 2017; Srivastava, 2020a).
Resumen breve sobre abonos orgánicos:
El uso regular de abonos orgánicos es el camino para crear un suelo «vivo» y fértil. A diferencia de los abonos minerales «rápidos», la materia orgánica actúa de forma suave y prolongada, liberando nutrientes gradualmente. Esto permite que el árbol no sufra estrés por cambios bruscos de concentración de sales y desarrolle un sistema inmunitario estable. El compost y los abonos verdes son sus principales aliados en el huerto de cerezos ecológico.
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4. Abonos minerales
Los abonos minerales (o químicos) son una forma precisa y rápida de ajustar la nutrición del cerezo. A diferencia de los orgánicos, contienen nutrientes en forma concentrada y fácilmente asimilable. Esto permite corregir rápidamente una deficiencia de algún elemento y obtener un resultado garantizado. Sin embargo, la «rapidez» de los abonos minerales requiere precaución: la sobredosis puede quemar raíces, alterar el equilibrio de elementos o dañar la microflora del suelo. Por lo tanto, su uso debe estar justificado, basado en diagnósticos (capítulo 2) y estrictamente dosificado.
Recuerde: la regla básica de las 4R (Right Source, Right Rate, Right Time, Right Place – fuente correcta, dosis correcta, momento correcto, lugar correcto) también se aplica al huerto de cerezos (Srivastava, 2020b).
4.1 Abonos nitrogenados (N)
El nitrógeno es el principal motor del crecimiento. Su importancia para el cerezo es difícil de exagerar. Sin embargo, como ya se ha señalado, su exceso es tan peligroso como su deficiencia.
Principales formas de nitrógeno:
- Forma nítrica (NO₃⁻). Presente en el nitrato de calcio (Ca(NO₃)₂) y en el nitrato de sodio. Es la forma más disponible para las raíces. Es muy soluble, pero se lava fácilmente del suelo, especialmente en suelos arenosos ligeros. El nitrato de calcio es una excelente opción para el cerezo, ya que aporta simultáneamente nitrógeno y calcio, importante para la calidad del fruto (Srivastava, 2020b; Bryla, 2020).
- Forma amoniacal (NH₄⁺). Presente en el sulfato de amonio ((NH₄)₂SO₄) y en el nitrato de amonio (NH₄NO₃). Esta forma es menos móvil en el suelo y se lava más lentamente. Sin embargo, su exceso puede ser tóxico para las raíces y acidificar el suelo. El sulfato de amonio también aporta azufre, pero su uso frecuente requiere control del pH (Srivastava, 2020b; Westwood, 1993).
- Forma amídica. La urea es el abono nitrogenado más concentrado (46 % N). En el suelo, bajo la acción de la ureasa, se convierte rápidamente en amoniacal y luego en nítrica. La urea es adecuada para aplicaciones foliares, pero cuando se aplica en superficie pueden producirse pérdidas de nitrógeno en forma de amoniaco gaseoso (Srivastava, 2020b).
Reglas de aplicación:
- Dosis. Para un cerezo adulto en producción, la dosis óptima es de 60–130 kg de nitrógeno por hectárea al año, lo que por árbol equivale aproximadamente a 0,5–1,5 kg de principio activo, según el rendimiento y la fertilidad del suelo (Hanson y Proebsting, 1996; Quero‑García et al., 2017). Las dosis son menores para árboles jóvenes.
- Época. Los abonos nitrogenados se aplican en primavera, durante el crecimiento activo de los brotes. La aplicación fraccionada es más eficaz: primera dosis al inicio de la brotación, segunda 3–4 semanas después de la floración, durante el crecimiento activo del cuajado. En otoño no se aplica nitrógeno para no estimular brotes antes del invierno.
- Método. Los abonos nitrogenados se aplican mejor disueltos en surcos o en el círculo de la copa, seguido de riego. Con riego por goteo, pueden aplicarse mediante fertirrigación.
4.2 Abonos fosforados (P)
El fósforo es responsable del desarrollo del sistema radicular, la formación de yemas florales y la energía de la floración. Su deficiencia es menos frecuente, pero sus consecuencias para la futura cosecha son importantes.
Formas principales:
- Superfosfato simple y doble. Son los abonos fosforados tradicionales, que contienen fósforo soluble en agua. El superfosfato doble es más concentrado.
- Fosfato monoamónico (MAP) y fosfato diamónico (DAP). Son abonos compuestos que aportan fósforo y nitrógeno a la vez. Son bien solubles y aptos para fertirrigación.
Reglas de aplicación:
- Particularidad. El fósforo es uno de los elementos menos móviles del suelo. Se fija rápidamente a las partículas del suelo y queda indisponible para las raíces. Por lo tanto, los abonos fosforados deben incorporarse al suelo a la profundidad de la mayor parte de las raíces (20–30 cm) o aplicarse en el hoyo de plantación (Westwood, 1993; Quero‑García et al., 2017).
- Dosis y época. Los abonos fosforados se aplican en otoño durante la preparación del suelo o en primavera en surcos. La dosis depende de la disponibilidad de fósforo en el suelo, pero en promedio es de 60–100 kg de P₂O₅ por hectárea. Para un árbol adulto, esto equivale a unos 200–300 g de superfosfato. Los abonos fosforados pueden aplicarse una vez cada 2–3 años, ya que actúan de forma prolongada (Mikheev y Revyakina, 2004).
4.3 Abonos potásicos (K)
El potasio es el «elemento de calidad» para el cerezo. Determina el tamaño, el contenido de azúcar, el color y la conservación de las cerezas, así como la resistencia del árbol a la sequía y a las enfermedades.
Formas principales:
- Cloruro de potasio (KCl). Es el abono potásico más común y barato. Sin embargo, el cerezo, como la mayoría de los frutales, es sensible al cloro. Por lo tanto, en suelos arenosos ligeros, su uso puede ser arriesgado.
- Sulfato de potasio (K₂SO₄). Es la opción preferida para el cerezo. No contiene cloro y además aporta azufre, necesario para la síntesis de proteínas. Es más caro pero más seguro.
- Sulfato de potasio y magnesio (K₂SO₄·MgSO₄, «K‑Mag»). Es una excelente opción para suelos pobres en magnesio, ya que aporta ambos elementos a la vez.
Reglas de aplicación:
- Dosis y época. Los abonos potásicos se aplican en otoño (abonado de fondo) o en primavera (como cobertura). La dosis es de 100–200 kg de K₂O por hectárea. Para un árbol, esto supone unos 200–400 g de sulfato de potasio. El potasio se absorbe bien durante todo el ciclo vegetativo, por lo que también puede aplicarse como abonado líquido durante el llenado del fruto.
- Interacciones. Recuerde el antagonismo entre potasio y magnesio: el exceso de potasio puede provocar deficiencia de magnesio. Por ello, en suelos con bajo contenido de magnesio, es preferible usar sulfato de potasio y magnesio.
4.4 Abonos compuestos
Los abonos compuestos contienen dos o tres elementos principales (N, P, K) en diversas combinaciones. Son cómodos para el abonado de fondo y ahorran tiempo.
Tipos principales:
- Nitrofoska (NPK). Contiene nitrógeno, fósforo y potasio en proporción equilibrada (p. ej., 16:16:16). Adecuado para aplicación en primavera u otoño.
- Abonos compuestos con micronutrientes. Son abonos modernos enriquecidos con magnesio, boro, cinc, manganeso en forma quelatada (fácilmente asimilable). Son la mejor opción para un apoyo completo del huerto de cerezos, ya que cubren todas las necesidades principales del árbol.
Reglas de aplicación. Los abonos compuestos se aplican según las instrucciones del envase. Elija la fórmula que corresponda al período: en primavera, con predominio de nitrógeno (p. ej., NPK 20:10:10); durante la fructificación, con predominio de potasio y fósforo (p. ej., NPK 10:10:20). Para altos rendimientos, es importante mantener el equilibrio entre elementos para evitar el exceso de uno en detrimento de otro (Srivastava, 2020b; Bryla, 2020).
Conclusión sobre los abonos minerales:
Los abonos minerales son una herramienta poderosa, pero deben usarse con inteligencia. Los principios principales son:
1. Determine la necesidad mediante análisis de suelo y foliar.
2. Elija la forma más adecuada para su tipo de suelo y período vegetativo.
3. Aplique con precisión en la dosis correcta, en el momento correcto y en el lugar correcto (zona de raíces activas).
4. No olvide el equilibrio: el exceso de un elemento a menudo provoca deficiencia de otro.
La combinación de abonos orgánicos (para la salud del suelo) y minerales (para el ajuste preciso de la nutrición) es la estrategia óptima para obtener cosechas estables y de alta calidad de cerezas.
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5. Abonados durante la temporada
Un sistema de abonado bien planificado no es un evento puntual, sino un proceso secuencial que tiene en cuenta las necesidades cambiantes del árbol en cada etapa del ciclo. El principio clave es la «sincronización»: los nutrientes deben estar disponibles exactamente cuando el árbol más los necesita. Esto evita tanto la deficiencia como el exceso, y dirige la energía de la planta hacia la formación de una cosecha de calidad y la preparación para el invierno.
El calendario de abonado que se describe a continuación es un marco universal. Sin embargo, las dosis y los productos específicos siempre deben ajustarse en función de los resultados del análisis de suelo y foliar, así como de la edad y el estado de los árboles (Bryla, 2020; Srivastava, 2020b).
5.1 Primavera temprana (antes de la brotación)
Este período es el más importante para la formación de la futura cosecha. El árbol despierta y comienza a utilizar activamente las reservas de nutrientes acumuladas en raíces y madera del año anterior. Nuestra tarea es apoyar este proceso y dar un impulso al inicio de la vegetación.
Objetivo: Proporcionar al árbol nitrógeno fácilmente disponible para el rápido crecimiento de hojas y brotes, así como micronutrientes para una floración y cuajado completos.
Qué aplicar:
- Abono nitrogenado. La dosis principal de nitrógeno (aproximadamente el 60–70 % de la dosis anual) se aplica ahora. Las mejores opciones son el nitrato de amonio o la urea. Para árboles adultos, la dosis es de 30–50 g por 1 m² de círculo de la copa; para jóvenes, 15–20 g. Los abonos nitrogenados pueden esparcirse en la superficie (si hay lluvia o riego) o incorporarse a poca profundidad (5–10 cm) al labrar (Mikheev y Revyakina, 2004; Westwood, 1993).
- Abono compuesto. Si utiliza abonos compuestos (NPK), elija una fórmula con predominio de nitrógeno, como 20:10:10 o 16:16:16. Aplicar según las instrucciones del envase.
- Orgánicos. Si no aplicó compost o estiércol en otoño, puede hacerlo ahora. Pero recuerde que los orgánicos actúan más lentamente, por lo que conviene combinarlos con formas minerales de acción rápida.
Importante: El abonado de principios de primavera es especialmente eficaz si se aplica en forma líquida (disolver el abono en agua y regar el círculo de la copa). Esto acelera la llegada de nutrientes a las raíces.
5.2 Después de la floración (fase de crecimiento del cuajado)
La floración consume una enorme cantidad de energía del árbol. Una vez terminada, comienza el crecimiento activo del cuajado y de los nuevos brotes. En este período se forma la base de la futura cosecha: su cantidad y calidad.
Objetivo: Apoyar al árbol tras la floración, proporcionar nutrición para el crecimiento de los frutos y para la formación de yemas florales de la próxima temporada.
Qué aplicar:
- Nitrógeno. El resto del nitrógeno (aproximadamente el 30–40 % de la dosis anual) se aplica 2–3 semanas después de la floración. Esto estimula el crecimiento de brotes y hojas que «alimentarán» los frutos.
- Potasio. Es en este período cuando comienza la absorción activa de potasio. Puede aplicarse como sulfato de potasio o sulfato de potasio y magnesio junto con el nitrógeno o por separado. El potasio asegurará el tamaño y el dulzor futuros de las cerezas (Hanson y Proebsting, 1996; Westwood, 1993).
- Boro y cinc. Son eficaces las aplicaciones foliares (pulverización foliar) con una solución débil de ácido bórico (1–2 g por 10 L de agua) y sulfato de cinc (5–10 g por 10 L). El boro mejora el cuajado, y el cinc favorece el crecimiento de los frutos (Hanson y Proebsting, 1996; Quero‑García et al., 2017).
Importante: El abonado en este período debe hacerse preferentemente con abonos líquidos (aplicación en surcos o riego con solución), ya que las raíces del cerezo están trabajando activamente y los nutrientes disueltos se absorben más rápidamente.
5.3 Verano (llenado y maduración de los frutos)
En verano, la atención principal se centra en la calidad de los frutos. El nitrógeno se aplica en cantidades mínimas o no se aplica, para no estimular el crecimiento vegetativo en detrimento de la maduración.
Objetivo: Mejorar el sabor, el tamaño y el color de las cerezas, aumentar su firmeza y resistencia al agrietamiento.
Qué aplicar:
- Potasio. Es el elemento principal de los abonados de verano. La aplicación de potasio durante el llenado del fruto es clave para obtener cerezas dulces y grandes. Aplicar sulfato de potasio o sulfato de potasio y magnesio en solución (20–30 g por 10 L de agua, dosis: 1 cubo por 1 m² de círculo de la copa).
- Calcio. La aplicación foliar con nitrato de calcio (solución al 1–2 %) o cloruro de calcio (solución al 0,5–1 %) 2–4 semanas antes de la cosecha aumenta significativamente la firmeza de las cerezas y reduce el riesgo de agrietamiento por lluvias (Hanson y Proebsting, 1996; Long et al., 2021). Pulverizar sobre hojas y frutos por la tarde.
- Micronutrientes (boro, manganeso, hierro). Si es necesario, según el análisis foliar, se pueden realizar aplicaciones foliares con los correspondientes fertilizantes de micronutrientes. Esto es especialmente relevante para cerezos en suelos alcalinos, donde es frecuente la clorosis (deficiencia de hierro y manganeso).
Importante: En tiempo caluroso, todos los abonados deben hacerse a primera hora de la mañana o al atardecer para evitar quemaduras en las hojas.
5.4 Otoño (después de la cosecha)
El abonado de otoño es la base para la próxima cosecha y una invernada saludable. Tras la fructificación, el árbol está agotado y necesita recuperar fuerzas, acumular nutrientes en raíces y madera, y prepararse para las heladas.
Objetivo: Mejorar la maduración de los brotes, aumentar la resistencia invernal y la tolerancia a enfermedades, y sentar las bases para la floración y el crecimiento de la siguiente temporada.
Qué aplicar:
- Fósforo y potasio. Son los elementos principales del abonado de otoño. El fósforo favorece el crecimiento y fortalecimiento de las raíces, y el potasio la maduración de la madera y la resistencia a las heladas. Aplicar superfosfato y sulfato de potasio (o sulfato de potasio y magnesio) en seco, enterrándolos en el círculo de la copa. Dosis: 40–60 g de superfosfato y 30–50 g de sulfato de potasio por 1 m². También pueden aplicarse en solución en surcos (Mikheev y Revyakina, 2004; Westwood, 1993).
- Orgánicos. La aplicación de compost o estiércol bien descompuesto en otoño (1–2 cubos por 1 m²) no solo aporta nutrientes, sino que mejora la estructura del suelo. Se entierra a 15–20 cm de profundidad.
- Calcio. Si es necesario, según el análisis de suelo, en otoño se puede realizar un encalado (dolomita o cal apagada) para reducir la acidez. El encalado debe hacerse por separado de otros fertilizantes para evitar reacciones químicas (Mikheev y Revyakina, 2004; Quero‑García et al., 2017).
Importante: Los abonos de otoño (especialmente los fosforados y orgánicos) deben incorporarse al suelo, ya que son inmóviles. Si no se entierran, quedarán en la superficie y no serán útiles. En otoños secos, después del abonado, es imprescindible un riego de carga abundante (100–150 L por árbol adulto) que ayuda a disolver los fertilizantes y protege las raíces de las heladas (Mikheev y Revyakina, 2004).
Resumen breve de los abonados estacionales:
| Período | Objetivo principal | Elementos clave | Forma recomendada |
|---|---|---|---|
| Primavera temprana | Inicio del crecimiento, floración | Nitrógeno (N), Boro (B) | N (suelo), B (foliar) |
| Después de floración | Crecimiento del cuajado, nuevos brotes | N, Potasio (K), Cinc (Zn) | NPK (suelo), K (suelo), Zn (foliar) |
| Verano (llenado) | Calidad del fruto | K, Calcio (Ca) | K (suelo), Ca (foliar) |
| Otoño | Recuperación, resistencia invernal | Fósforo (P), K, Orgánicos | P, K, Compost (suelo) |
Siguiendo esta lógica estacional, podrá proporcionar al cerezo una nutrición equilibrada en todas las etapas de su vida, obteniendo cosechas estables y abundantes de cerezas sabrosas y saludables.
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6. Métodos de aplicación
Elegir el método correcto de aplicación de fertilizantes es tan importante como elegir el fertilizante en sí. Se puede aplicar una mezcla perfectamente equilibrada, pero si no llega a la zona de raíces activas o es arrastrada por la lluvia, servirá de poco. Existen tres formas principales de suministrar nutrientes al cerezo: aplicación al suelo (radicular), fertirrigación (aplicación con agua de riego) y abonado foliar (pulverización foliar). Cada uno tiene sus propias tareas, ventajas y limitaciones.
6.1 Aplicación al suelo
Es el método clásico y más común. Los fertilizantes se aplican directamente al suelo, en la zona donde se encuentra la mayor parte de las raíces absorbentes. Es adecuado tanto para abonos orgánicos como minerales.
Métodos principales:
- Esparcimiento (aplicación superficial). Los fertilizantes (especialmente nitrogenados y potásicos) se distribuyen sobre la superficie del círculo de la copa. Luego se incorporan al suelo mediante laboreo (a 10–15 cm de profundidad) o se dejan en superficie si se espera lluvia o riego. Este método es sencillo, pero tiene inconvenientes: el nitrógeno (especialmente la urea) puede volatilizarse como amoniaco, y el fósforo y el potasio permanecen en la capa superior sin alcanzar las raíces profundas (Westwood, 1993; Mikheev y Revyakina, 2004).
- Aplicación en surcos y zanjas. Es un método más eficaz para llevar los nutrientes directamente a las raíces. Alrededor de la proyección de la copa (zona de raíces activas) se cavan surcos anulares de 20–25 cm de profundidad, separados 40–50 cm entre sí (Mikheev y Revyakina, 2004). En estos surcos se depositan los fertilizantes secos, se riegan y se cubren con tierra. Este método es especialmente adecuado para fertilizantes fosforados y potásicos, que son inmóviles.
- Aplicación en hoyos (localizada). En la periferia de la copa se perforan o cavan varios hoyos (20–30 cm de profundidad) y se colocan los fertilizantes (especialmente eficaz para orgánicos y formas de liberación lenta). Esto asegura el máximo contacto de los fertilizantes con el sistema radicular (Mikheev y Revyakina, 2004).
- Aplicación con riego (abonado líquido radical). Los fertilizantes se disuelven en agua (por ejemplo, 1 cucharada por 10 L de agua) y se riega el círculo de la copa. Es la forma más rápida de llevar nutrientes a las raíces, especialmente durante el crecimiento activo (Mikheev y Revyakina, 2004).
Cuándo y qué aplicar por vía suelo:
- Otoño: abonos fosforados y potásicos, materia orgánica (compost, estiércol). Deben incorporarse al suelo (laboreo o surcos) porque son inmóviles.
- Primavera: la mayor parte de los abonos nitrogenados, que pueden esparcirse en superficie (si hay riego) o incorporarse al labrar.
Principio clave: Aplique los fertilizantes no junto al tronco, sino en el perímetro de la copa (proyección de la copa). Allí se encuentra la mayor parte de las raíces activas y absorbentes. Los fertilizantes aplicados cerca del tronco serán poco eficaces (Westwood, 1993; Quero‑García et al., 2017).
6.2 Fertirrigación (aplicación de fertilizantes con el agua de riego)
La fertirrigación es un método moderno y muy eficiente mediante el cual los fertilizantes se aplican a través de sistemas de riego por goteo o microaspersión. Permite suministrar nutrientes exactamente en la zona húmeda de las raíces, donde se vuelven máximamente disponibles para el árbol (Bryla, 2020; Quero‑García et al., 2017).
Ventajas de la fertirrigación:
1. Alta eficiencia. Los fertilizantes llegan directamente a las raíces, lo que aumenta significativamente su coeficiente de absorción. Las pérdidas por lavado y volatilización son mínimas.
2. Dosificación precisa. Permite aplicar nutrientes en pequeñas dosis pero de forma regular, ajustándose exactamente a las necesidades del árbol en cada etapa.
3. Ahorro de fertilizantes. Gracias a la alta eficiencia, la cantidad total de fertilizantes puede reducirse entre un 20 y un 50 % en comparación con los métodos tradicionales (Bryla, 2020; Quero‑García et al., 2017).
4. Distribución uniforme. Asegura un suministro homogéneo de nutrientes a todos los árboles de la hilera.
¿Qué se puede aplicar mediante fertirrigación?
- Abonos nitrogenados. Nitrato de calcio, nitrato de amonio, urea: todos son muy solubles y adecuados. El nitrato de calcio es especialmente valioso porque aporta nitrógeno y calcio a la vez.
- Abonos potásicos. El sulfato de potasio y el nitrato de potasio son solubles y aptos. No se recomienda el cloruro de potasio por la sensibilidad del cerezo al cloro.
- Abonos compuestos. Existen abonos líquidos compuestos especiales (p. ej., NPK con micronutrientes) formulados para sistemas de goteo.
Reglas importantes:
- Los fertilizantes deben ser totalmente solubles y estar libres de impurezas que puedan obstruir los goteros.
- Antes de aplicar los fertilizantes, se debe enjuagar el sistema de riego con agua limpia.
- Se recomienda aplicar los fertilizantes en pequeñas dosis pero con frecuencia (por ejemplo, semanal o cada 10 días), especialmente durante el crecimiento activo y la fructificación (Bryla, 2020; Long et al., 2021).
6.3 Abonado foliar (pulverización sobre hojas)
El abonado foliar es una forma rápida de suministrar nutrientes directamente a las hojas y otros órganos aéreos. Este método no sustituye a la nutrición radical básica, pero es un excelente complemento para resolver problemas específicos (Agustí, 2010; Westwood, 1993).
Cuándo y por qué es necesario el abonado foliar:
1. Para corregir rápidamente deficiencias de micronutrientes. Si el análisis foliar muestra falta de boro, cinc, manganeso o hierro, la vía foliar es la más rápida.
2. En fases críticas del desarrollo. Por ejemplo, la pulverización con boro antes y durante la floración mejora significativamente el cuajado.
3. Para mejorar la calidad del fruto. La pulverización con calcio durante el llenado aumenta la firmeza y la conservación (Hanson y Proebsting, 1996; Long et al., 2021).
4. Cuando la absorción radical es dificultosa. Por ejemplo, en tiempo frío y lluvioso, cuando las raíces funcionan mal, el abonado foliar con nitrógeno (urea) puede mantener el árbol.
Qué y cómo aplicar:
- Micronutrientes. Pulverización con soluciones de sulfato de cinc (5–10 g/10 L), ácido bórico (1–2 g/10 L), sulfato de manganeso (5–10 g/10 L) o quelatos de hierro (según instrucciones). Las soluciones deben ser diluidas para no quemar las hojas.
- Calcio. Pulverización con nitrato de calcio al 1–2 % o cloruro de calcio al 0,5–1 %.
- Nitrógeno. La pulverización con urea al 3–5 % (30–50 g por 10 L de agua) en la primera mitad del verano es un abonado foliar nitrogenado eficaz que también sirve como prevención de hongos (Mikheev y Revyakina, 2004). Concentraciones más altas (5–10 %) pueden usarse en otoño, después de la caída de las hojas, para aumentar las reservas de nitrógeno en los tejidos.
Reglas para una pulverización eficaz:
- Hora. Pulverizar en días nublados o a primera hora de la mañana / última hora de la tarde para evitar quemaduras solares.
- Temperatura. La temperatura óptima es de 15–25 °C. En tiempo caluroso, la solución se seca rápidamente y la absorción disminuye.
- Adherentes. Se puede añadir un adherente (o jabón neutro) para mejorar la fijación de la solución a las hojas.
- Pulverizar ambas caras. Las hojas absorben mejor los nutrientes por el envés, donde hay más estomas. Por lo tanto, pulverizar abundantemente, mojando tanto el haz como el envés.
Resumen breve de los métodos de aplicación:
| Método | Ventajas | Cuándo usar | Qué aplicar |
|---|---|---|---|
| Aplicación al suelo | Nutrición básica, efecto duradero, mejora el suelo | Otoño (P, K, orgánicos), primavera (N) | Orgánicos, fertilizantes minerales secos (N, P, K) |
| Fertirrigación | Máxima eficiencia, ahorro, precisión | Durante toda la temporada, especialmente en crecimiento activo | N, K solubles, fertilizantes compuestos |
| Abonado foliar | Acción rápida, solución de problemas concretos | Deficiencias de micronutrientes, fases críticas | Micronutrientes (B, Zn, Mn, Fe), Calcio, Urea |
Utilice los tres métodos combinados y podrá proporcionar a su cerezo una nutrición equilibrada y oportuna en todas las fases de su vida.
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7. Errores típicos
Incluso con la mejor intención de cultivar un cerezo sano y productivo, los jardineros suelen cometer errores en el sistema de fertilización. Pueden costar no solo la cosecha, sino también la salud del árbol. Conocer estos errores y sus consecuencias le ayudará a evitar decepciones y a hacer que su sistema de nutrición sea lo más eficaz y seguro posible.
La mayoría de los problemas surgen de tres causas principales: exceso de un elemento (la mayoría de las veces nitrógeno), desequilibrio entre nutrientes y aplicación en momentos inadecuados.
7.1 Exceso de nitrógeno
Es quizás el error más común. Los jardineros, deseando «alimentar» el árbol, suelen pasarse con los abonos nitrogenados, especialmente en primavera. Sin embargo, para el cerezo, como para otros frutales de hueso, el exceso de nitrógeno es mucho más peligroso que una deficiencia moderada (Agustí, 2010; Westwood, 1993).
Consecuencias del exceso de nitrógeno:
- «Engorde» del árbol. El nitrógeno estimula un crecimiento vegetativo excesivo en detrimento de la fructificación. El árbol produce brotes largos y vigorosos, hojas grandes y verde oscuro, pero la floración y el cuajado son débiles.
- Retraso en la maduración de las cerezas. Los frutos de árboles sobrealimentados maduran más tarde, tienen color pálido, acumulan menos azúcar y se vuelven acuosos. El sabor y la conservación disminuyen.
- Reducción de la resistencia invernal. El nitrógeno estimula el crecimiento de brotes hasta finales de otoño. Esa madera no madura ni se lignifica, lo que hace al árbol extremadamente vulnerable a las heladas invernales. Las ramas y yemas dañadas por las heladas son consecuencia directa del exceso tardío de nitrógeno (Mikheev y Revyakina, 2004; Hanson y Proebsting, 1996).
- Mayor susceptibilidad a enfermedades. El exceso de nitrógeno hace que los tejidos del árbol sean más blandos y suculentos, facilitando la entrada de infecciones fúngicas y bacterianas (por ejemplo, coccomicosis o cáncer bacteriano) (Long et al., 2021).
Cómo evitarlo:
- Cumpla estrictamente con las dosis de abonos nitrogenados según la edad y el estado del árbol. Para un cerezo adulto en producción, la dosis anual de nitrógeno no debe superar los 60–130 kg/ha (unos 0,5–1,5 kg de principio activo por árbol).
- Aplique nitrógeno solo en primavera y primera mitad del verano. En otoño y menos aún antes del invierno, el nitrógeno está excluido.
- Si observa signos de «engorde» (crecimiento excesivo de brotes), suspenda inmediatamente todas las aplicaciones de nitrógeno y aumente las de potasio y fósforo para equilibrar la nutrición.
- Realice análisis foliares periódicos para controlar el nivel de nitrógeno en las hojas.
7.2 Nutrición desequilibrada (ignorar el antagonismo entre elementos)
El segundo error más frecuente es aplicar un elemento sin tener en cuenta su efecto sobre la absorción de otros. Los nutrientes en la planta interactúan de forma compleja. El aumento de la concentración de uno puede provocar la deficiencia de otro (Westwood, 1993; Quero‑García et al., 2017).
Principales antagonismos:
- Nitrógeno frente a potasio y calcio. El exceso de nitrógeno dificulta la absorción de potasio y calcio. Esto es especialmente crítico para el cerezo, ya que la falta de potasio afecta a la calidad del fruto y la de calcio a su firmeza y resistencia al agrietamiento.
- Potasio frente a magnesio y calcio. El exceso de potasio (especialmente en forma de cloruro) bloquea la absorción de magnesio y calcio. La clorosis magnésica es una consecuencia directa del exceso de potasio.
- Fósforo frente a cinc y hierro. Altas dosis de fósforo reducen la disponibilidad de cinc y hierro. Esto suele ser causa de clorosis en suelos alcalinos.
- Boro frente a calcio. El exceso de boro puede interferir en la absorción de calcio, y viceversa.
Cómo evitarlo:
- No aplique ningún elemento sin conocer su nivel real en el suelo y en las hojas. Utilice análisis completos.
- Mantenga relaciones equilibradas. Por ejemplo, para una buena absorción de potasio y calcio se necesita boro, y para la de magnesio, una cantidad equilibrada de potasio.
- Aplique los elementos en forma quelatada (especialmente micronutrientes) para reducir el riesgo de fijación y antagonismo.
- Utilice abonos compuestos con micronutrientes, donde la relación entre los elementos principales ya esté equilibrada por el fabricante.
7.3 Momento inadecuado de las aplicaciones
El tercer grupo de errores se relaciona con el desconocimiento de las necesidades estacionales del árbol. Aplicar fertilizantes en el momento equivocado no solo es inútil, sino perjudicial.
Principales errores de calendario:
- Aplicación tardía de nitrógeno en otoño. Como ya se ha señalado, es el error más peligroso, que priva al árbol de resistencia invernal. El nitrógeno aplicado en septiembre‑octubre estimula el crecimiento de brotes hasta las heladas, garantizando su congelación (Mikheev y Revyakina, 2004).
- Aplicación de fósforo y potasio en primavera sin enterrar. El fósforo y el potasio son muy inmóviles en el suelo. Si se esparcen en superficie en primavera, no llegan a la zona radicular y permanecen indisponibles. Deben aplicarse en otoño, enterrados o en surcos, para que queden en la zona de raíces (Westwood, 1993; Quero‑García et al., 2017).
- Abonado foliar tardío. Pulverizar urea (u otros fertilizantes nitrogenados) en la segunda mitad del verano, cuando el crecimiento de los brotes ya debería detenerse, es tan perjudicial como la aplicación radical de nitrógeno. Puede provocar un rebrote y perjudicar la maduración de la madera.
- Aplicación de cal junto con fertilizantes nitrogenados. Al encalar (dolomita, cal), no debe mezclarse ni aplicarse simultáneamente con formas amoniacales de nitrógeno (nitrato de amonio, sulfato de amonio), porque se produce pérdida de nitrógeno en forma de amoniaco gaseoso. Estos dos procesos deben estar separados al menos 1–2 meses (Mikheev y Revyakina, 2004).
Cómo evitarlo:
- Siga estrictamente el calendario estacional de abonado (capítulo 5).
- Recuerde la regla de oro: nitrógeno en primavera, fósforo y potasio en otoño y primera mitad del verano, calcio y micronutrientes durante el crecimiento activo y llenado del fruto.
- Siempre entierre los abonos fosforados y potásicos, no los deje en superficie.
- Al planificar el encalado, tenga en cuenta su incompatibilidad con los abonos nitrogenados.
Resumen final:
Para evitar estos errores, siga tres principios sencillos:
1. El diagnóstico es lo primero. No abone «a ojo». Utilice análisis de suelo y foliar para conocer las necesidades reales de su huerto.
2. El equilibrio es más importante que la cantidad. El árbol necesita una «dieta» equilibrada, no «vitaminas» sueltas. Tenga en cuenta las interacciones entre elementos y evite desequilibrios.
3. El momento es clave. Aplique los fertilizantes cuando el árbol realmente los necesita, no cuando a usted le resulte cómodo. Sincronizar la nutrición con las fases de desarrollo es la base de una alta productividad y de la salud del cerezo.
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