Trastornos fisiológicos
El cultivo del cerezo es una tarea gratificante, pero a veces los jardineros se enfrentan a problemas: las hojas se amarillean, los frutos se vuelven más pequeños, la corteza se agrieta y la cosecha disminuye. A menudo, estos síntomas se confunden con enfermedades o plagas y se comienza a tratar el árbol con pesticidas, pero sin resultados. En este caso, es muy probable que la causa sea un trastorno fisiológico.
Este artículo es su guía práctica sobre las enfermedades no infecciosas del cerezo. Aprenderá a reconocer el problema a tiempo, en qué se diferencia de una infección y, lo más importante, cómo eliminar la causa para restaurar la salud y productividad de su huerto.
1. ¿Qué son los trastornos fisiológicos? Diferencias con las enfermedades, causas y reversibilidad
Imagine que el árbol es un mecanismo complejo. Si le falta combustible (agua y nutrientes), si se sobrecalienta o se congela, el mecanismo falla. Estos son los trastornos fisiológicos: problemas en el funcionamiento de la planta causados por condiciones ambientales desfavorables o por un cuidado inadecuado.
¿Cómo distinguirlos de las enfermedades infecciosas y las plagas?
Esta es una pregunta clave, y la respuesta radica en comprender la naturaleza del problema.
- Enfermedades infecciosas (fúngicas, bacterianas, víricas):
- Agente causal: Siempre hay un patógeno (hongo, bacteria, virus) que se transmite de una planta a otra.
- Naturaleza: Son contagiosas. Las esporas de hongos o bacterias se propagan por el viento, la lluvia y los insectos.
- Manifestación: Suelen tener un carácter focal. Los síntomas pueden ser específicos (por ejemplo, manchas con moho característico, úlceras, exudación de goma con signos de infección). Las infecciones generalmente progresan, pasando de hojas viejas a jóvenes o extendiéndose por las ramas.
- Ejemplos: Moniliosis (podredumbre parda), Coccomicosis, Cáncer bacteriano (Pseudomonas syringae).
- Trastornos fisiológicos (estreses abióticos):
- Agente causal: Ausente. La causa es un desequilibrio de factores externos o internos.
- Naturaleza: No son contagiosos. El problema no se transmite de un árbol a otro a menos que coincidan las condiciones.
- Manifestación: Suelen ser sistémicos o masivos. Por ejemplo, el amarilleo uniforme de las hojas en toda la copa debido a clorosis, el agrietamiento de los frutos tras la lluvia en muchos árboles del huerto, o los daños por heladas en el lado sur del tronco.
- Ejemplos: Agrietamiento de frutos por lluvia (Knoche & Winkler, 2017), quemaduras solares de la corteza, clorosis férrica, caída de frutos por sequía (Agustí, 2010).
Una prueba sencilla: Si ve manchas en las hojas con bordes definidos, moho o esporulación, y tejido sano al lado, probablemente sea una infección. Si, en cambio, las hojas se amarillean uniformemente o se secan por los bordes, y todos los árboles del huerto parecen igualmente deprimidos tras una helada o sequía, está ante un trastorno fisiológico.
Principales causas de los trastornos fisiológicos
Todas las causas se pueden agrupar en varias categorías (Westwood, 1993):
1. Alteración del régimen hídrico: Déficit (sequía, vientos secos) o exceso (anegamiento, riego excesivo) de humedad.
2. Alteración de la nutrición mineral: Deficiencia o, por el contrario, exceso de uno o varios elementos, provocando un desequilibrio.
3. Condiciones climáticas adversas: Temperaturas extremas (heladas invernales, heladas primaverales, calor estival), quemaduras solares, daños por viento y granizo.
4. Problemas del suelo: pH inadecuado (especialmente alto, que causa clorosis), salinización, mala aireación (respiración de raíces).
5. Errores agrotécnicos: Daños a las raíces durante la labranza, poda incorrecta que provoca gomosis, incompatibilidad entre patrón e injerto.
Reversibilidad de los cambios
Esta es una de las preguntas más importantes para el jardinero. La reversibilidad depende de la intensidad y duración del factor estresante:
- Trastornos reversibles: Si el estrés fue breve y la causa se elimina a tiempo, el árbol puede recuperarse completamente. Por ejemplo, las hojas que se marchitan al mediodía recuperan la turgencia al atardecer. Las yemas dañadas por una helada ligera pueden dar frutos desde yemas laterales. Una deficiencia de nutrientes, corregida a tiempo con fertilización, elimina los síntomas de clorosis en las hojas nuevas.
- Parcialmente reversibles: Por ejemplo, los daños en la corteza por quemadura solar. La herida puede cicatrizar, pero el tejido afectado no se regenera, y queda una cicatriz.
- Irreversibles: Trastornos que provocan la muerte del árbol. Por ejemplo, el daño anular de la corteza por heladas o la muerte del sistema radicular por anegamiento prolongado. Las semillas de los frutos pueden ser inviables bajo estrés severo, aunque esto no es crítico para el jardinero que cultiva variedades injertadas (Agustí, 2010).
Comprender la naturaleza de los trastornos fisiológicos es el primer paso y el más importante para un huerto sano y productivo. En los siguientes capítulos analizaremos en detalle cómo reconocer y corregir los problemas más frecuentes.
2. Trastornos relacionados con el agua
El agua es la base de la vida vegetal. Interviene en la fotosíntesis, el transporte de nutrientes, el enfriamiento de las hojas y el mantenimiento de la turgencia celular. Sin embargo, el cerezo es un cultivo con requisitos hídricos específicos. Las raíces del cerezo son muy sensibles tanto a la sequía como al exceso de humedad (Verma, 2014). El desequilibrio de este balance es un camino directo a los trastornos fisiológicos.
2.1. Sequía (déficit de humedad)
¿Cómo reconocerla? Con una falta prolongada de agua, las hojas pierden turgencia, se inclinan y se vuelven opacas. Los bordes de las hojas comienzan a amarillear y secarse (quemadura marginal). El crecimiento de los brotes se ralentiza o se detiene. Los frutos se vuelven más pequeños, menos jugosos y, con un déficit hídrico agudo, se produce una caída masiva de frutos (Agustí, 2010). En regiones áridas, si no se repone el déficit a tiempo, el árbol puede entrar en estado de reposo, desprendiéndose de parte del follaje para sobrevivir.
¿Por qué ocurre? El agua es esencial para la división y expansión celular. La falta de humedad es especialmente crítica durante las fases de crecimiento activo del fruto (fase III — hinchamiento y maduración) e inmediatamente después de la floración. En esta época, las células del fruto se están expandiendo activamente, y cualquier estrés hídrico reduce su tamaño final (Long et al., 2021). Además, a través de los estomas de las hojas se evapora la humedad, creando una corriente de agua desde las raíces hacia la copa. Durante la sequía, los estomas se cierran, la fotosíntesis se ralentiza y el árbol no puede proporcionar carbohidratos a los frutos.
¿Qué debe hacer el jardinero?
- Riego regular en períodos críticos: Riegue el cerezo obligatoriamente en las fases: (1) inmediatamente después de la floración (para el cuajado), (2) durante el hinchamiento de los frutos (2-3 semanas antes de la maduración) y (3) riego de carga de humedad a finales de otoño (tras la caída de las hojas) para prepararlo para el invierno.
- Acolchado: Una capa de mantillo orgánico (paja, hierba cortada, compost) de 5–10 cm en el área de la raíz conserva la humedad del suelo, evita el sobrecalentamiento de las raíces y reduce la evaporación.
- Riego por goteo: Es la forma más eficaz de suministrar agua directamente a las raíces, especialmente en regiones áridas. Permite mantener la humedad del suelo en niveles óptimos sin encharcamiento.
2.2. Encharcamiento e inundación de raíces
¿Cómo reconocerlo? El exceso de humedad en el suelo es un enemigo más insidioso que la sequía. Síntomas: las hojas se amarillean, caen prematuramente, el crecimiento de los brotes es débil. El árbol parece deprimido y puede observarse gomosis en el tronco. En casos graves (inundación prolongada), la corteza del cuello de la raíz muere y el árbol perece (Westwood, 1993).
¿Por qué ocurre? El agua desplaza el oxígeno de los poros del suelo. Las raíces del cerezo (especialmente en patrones vigorosos) son muy sensibles a la falta de oxígeno (asfixia). En condiciones anaeróbicas, la respiración de las raíces se ve alterada y no pueden absorber agua ni nutrientes. Se crea un ambiente favorable para el desarrollo de podredumbres radiculares (Phytophthora, Armillaria mellea), que ya son enfermedades infecciosas, pero que son provocadas precisamente por el encharcamiento (Agustí, 2010). Además, en suelos saturados disminuye la disponibilidad de algunos elementos, especialmente el hierro, lo que agrava la clorosis.
¿Qué debe hacer el jardinero?
- Elección del lugar adecuado: No plante cerezos en zonas bajas donde se estanque el agua ni en terrenos con nivel freático alto (menos de 1,5–2 m de la superficie).
- Drenaje: Si el terreno es propenso al encharcamiento, proporcione canales de drenaje o plante los árboles en montículos o caballones artificiales.
- Riego según necesidad: No riegue según un calendario, sino según el estado del suelo. Reduzca el riego en tiempo fresco y lluvioso. Utilice métodos de control de la humedad (por ejemplo, una sonda o la prueba simple: al apretar un puñado de tierra de 20–30 cm de profundidad, no debe desmoronarse ni estar húmedo como arcilla).
- Aireación del suelo: Después de lluvias intensas o riegos, afloje la capa superficial del suelo para romper la costra y mejorar el intercambio gaseoso.
2.3. Agrietamiento de frutos (por lluvia) – la consecuencia más dolorosa del desequilibrio hídrico
Este trastorno fisiológico es un verdadero azote para los productores de cereza en muchas regiones del mundo (Knoche & Winkler, 2017).
¿Cómo reconocerlo? Unos días antes de la cosecha o justo antes, después de una lluvia, aparecen grietas en los frutos. Pueden ser leves — en la base del pedicelo o en el extremo (grietas apicales), o profundas, laterales, que dividen el fruto en dos. Los frutos agrietados no son aptos para la venta y son rápidamente atacados por pudriciones. Incluso si no se ven grietas, la lluvia provoca microfisuras en la cutícula, empeorando la capacidad de conservación de los frutos.
¿Por qué ocurre? El agua de lluvia cae sobre el fruto y es absorbida a través de la piel. Dentro del fruto existe una alta presión osmótica debido a los azúcares. El agua entra en las células, éstas se hinchan y la piel, que ya no puede estirarse, se rompe. Sin embargo, existe un segundo mecanismo: el agua absorbida por las raíces llega al fruto a través de los vasos conductores, provocando presión interna (Long et al., 2021). El agrietamiento se agrava si a un período seco le sigue una lluvia abundante y repentina, o si el riego ha sido irregular. La susceptibilidad también depende de la variedad (por ejemplo, 'Bing' es muy propensa al agrietamiento, mientras que 'Regina' es más resistente) (Long et al., 2021; Knoche & Winkler, 2017).
¿Qué debe hacer el jardinero?
- Elección de variedades resistentes: Si en su región son frecuentes las lluvias durante la maduración, opte por variedades relativamente resistentes ('Regina', 'Kordia', 'Sweetheart' — esta última tiene sensibilidad moderada) (Long et al., 2021; Mandal et al., 2021).
- Riego regular: Mantenga la humedad del suelo estable. Evite fluctuaciones bruscas: suelo muy seco seguido de riego abundante o lluvia. Esto reduce significativamente el riesgo de agrietamiento (Long et al., 2021).
- Aplicaciones de calcio: Tratamientos pre-cosecha (3–4 semanas antes de la recolección) y post-cosecha con quelato de calcio o cloruro cálcico fortalecen las paredes celulares y reducen la sensibilidad de la piel al agrietamiento. El calcio también mejora la conservación de los frutos (Long et al., 2021).
- Cubiertas antilluvia (solo para formas pequeñas): En jardines aficionados o pequeñas explotaciones se pueden utilizar cubiertas de plástico (toldos) sobre árboles individuales para proteger los frutos de las precipitaciones en el período crítico. Es costoso pero eficaz (Knoche & Winkler, 2017).
Importante: El agrietamiento no es una infección, sino un trastorno puramente físico. Las infecciones fúngicas se instalan posteriormente a través de la piel dañada; por tanto, prevenir el agrietamiento también es prevenir las pudriciones.
3. Trastornos nutricionales
La nutrición del cerezo es un equilibrio delicado. El árbol necesita un conjunto de macro y micronutrientes, cada uno con su función específica. La deficiencia o, igualmente importante, el exceso de algún elemento, así como una proporción incorrecta (antagonismo), provocan trastornos fisiológicos. Un ejemplo clásico es la competencia entre potasio, calcio y magnesio: el exceso de uno dificulta la absorción de los otros.
Diagnóstico: El método más fiable es el análisis de suelo y, más preciso, el análisis foliar. Se envían muestras de hojas (normalmente del tercio medio, a mediados del verano) a un laboratorio agroquímico. Pero el jardinero puede sospechar un problema por los síntomas externos característicos.
3.1. Deficiencias de nutrientes
Deficiencia de nitrógeno (N)
- ¿Cómo reconocerla? El nitrógeno es el elemento del crecimiento. Con su deficiencia, las hojas se vuelven verde pálido o amarillas (clorosis), comenzando por las hojas viejas y bajas, ya que el nitrógeno se moviliza hacia los tejidos jóvenes. El crecimiento de los brotes es débil, son delgados. La floración y fructificación pueden ser abundantes, pero los frutos son pequeños y el rendimiento disminuye. En casos graves, las hojas caen prematuramente (Long et al., 2021).
- ¿Por qué ocurre? El nitrógeno es un componente clave de la clorofila, las proteínas y las enzimas. Su deficiencia es especialmente crítica en primavera, durante el crecimiento activo de brotes y hojas. En primaveras frías y lluviosas, la absorción de nitrógeno por las raíces se ralentiza, lo que puede provocar una carencia temporal incluso en suelos fertilizados.
- ¿Qué debe hacer el jardinero? A principios de primavera, antes de la brotación, aplique fertilizantes nitrogenados (urea, nitrato amónico) en el área de la raíz (40–60 g por 1 m² de proyección de la copa) (Agustí, 2010). Durante el crecimiento de los frutos (segunda quincena de junio — principios de julio) se puede hacer una fertilización foliar (pulverización sobre las hojas) con una solución débil de urea (0,5%). Importante: el exceso de nitrógeno en la segunda mitad del verano es peligroso, ya que provoca un crecimiento tardío de brotes que no maduran a tiempo y se congelan en invierno.
Deficiencia de fósforo (P)
- ¿Cómo reconocerla? La carencia de fósforo es menos frecuente, pero se manifiesta de forma característica: las hojas adquieren un color verde oscuro con tonalidades azuladas o bronceadas, los bordes pueden enrollarse hacia arriba. El crecimiento de los brotes es lento, son delgados. La floración y la maduración de los frutos se retrasan (Long et al., 2021).
- ¿Por qué ocurre? El fósforo participa en el metabolismo energético (ATP) y en la división celular. Es poco móvil en el suelo y se absorbe mal a baja temperatura o en suelos ácidos.
- ¿Qué debe hacer el jardinero? Aplique fertilizantes fosforados (superfosfato, superfosfato doble) en otoño o primavera, incorporándolos al suelo a la profundidad de las raíces (15–20 cm). En suelos ácidos (pH < 5,5), el fósforo se fija en formas no disponibles, por lo que es necesario encalar previamente.
Deficiencia de potasio (K)
- ¿Cómo reconocerla? Es una de las carencias más frecuentes en frutales de hueso. Síntomas: los bordes y puntas de las hojas viejas se amarillean, luego se vuelven marrones y mueren (quemadura marginal). Las hojas pueden enrollarse hacia arriba. Los frutos son más pequeños, más blandos, se agrietan fácilmente y conservan mal (Long et al., 2021).
- ¿Por qué ocurre? El potasio es la "bomba" para el transporte de agua y carbohidratos. Es fundamental para el hinchamiento y la calidad de los frutos. Debido a la extracción de potasio con la cosecha, su deficiencia aumenta al final del verano. Es especialmente común en suelos arenosos ligeros.
- ¿Qué debe hacer el jardinero? Aplique fertilizantes potásicos (sulfato de potasio, sal potásica) durante la excavación otoñal o en primavera. Es eficaz la fertilización estival con potasio en la fase de crecimiento de los frutos (solución al 0,5–1% vía foliar). Recuerde la competencia con calcio y magnesio: el exceso de potasio puede inducir carencias de estos.
Deficiencia de calcio (Ca)
- ¿Cómo reconocerla? Síntomas: las hojas jóvenes se deforman, sus bordes se enrollan hacia arriba, aparecen manchas cloróticas que luego mueren. Los entrenudos se acortan. El calcio es especialmente importante para los frutos: su deficiencia hace que la piel sea fina, reduce la vida útil y la resistencia al agrietamiento (Long et al., 2021; Knoche & Winkler, 2017).
- ¿Por qué ocurre? El calcio es un elemento estructural de las paredes celulares. Es poco móvil en la planta y se transporta mal a los frutos cuando hay alta competencia con el potasio o el magnesio.
- ¿Qué debe hacer el jardinero? Aplicar calcio al suelo (dolomita, yeso, nitrato cálcico) o realizar fertilizaciones foliares periódicas con quelato de calcio (0,3–0,5%) durante el crecimiento del fruto, a partir de la fase de endurecimiento del hueso (Long et al., 2021).
Deficiencia de hierro (Fe)
- ¿Cómo reconocerla? La clorosis férrica es un azote de muchos huertos frutales. Las hojas se vuelven amarillas (cloróticas), pero los nervios permanecen de un verde intenso. Los síntomas aparecen primero en las hojas más jóvenes. Con deficiencia severa, las hojas se vuelven blancas y mueren (Long et al., 2021).
- ¿Por qué ocurre? La causa más frecuente no es la falta de hierro en el suelo, sino su indisponibilidad debido a un pH alto (suelos alcalinos > 7,0) o exceso de caliza. El hierro también se absorbe mal en tiempo frío y húmedo.
- ¿Qué debe hacer el jardinero? Es uno de los problemas más difíciles. Una medida temporal es pulverizar con una solución de quelato de hierro (por ejemplo, Ferrovit). Sin embargo, la solución radical es reducir el pH del suelo: aplicar azufre, fertilizantes ácidos (nitrato amónico), acolchar con turba ácida. La elección de patrones tolerantes también es importante (Long et al., 2021).
Deficiencia de boro (B)
- ¿Cómo reconocerla? El boro es un micronutriente fundamental para la floración y fructificación. Su deficiencia provoca: escasa floración, caída masiva de frutos, deformación de los frutos, muerte de los ápices de los brotes (pudrición apical). Pueden aparecer manchas cloróticas en las hojas (Long et al., 2021).
- ¿Por qué ocurre? El boro es poco móvil; su deficiencia suele aparecer en suelos ligeros y arenosos.
- ¿Qué debe hacer el jardinero? Aplicar boro (solución de ácido bórico o bórax al 0,1–0,2%) en la fase de floración y durante el crecimiento de los frutos. La pulverización se realiza por la mañana o al atardecer.
3.2. Exceso de elementos y desequilibrio
El exceso es tan perjudicial como la deficiencia.
- Exceso de nitrógeno: Provoca "engorde" de los árboles — crecimiento excesivo de follaje en detrimento de la floración y fructificación. Los brotes se vuelven gruesos pero blandos, maduran peor y sufren más las heladas. El árbol se vuelve más vulnerable al mildiú polvoriento y al cáncer bacteriano.
- Exceso de potasio: Inhibe la absorción de calcio y magnesio, manifestándose como síntomas de sus deficiencias (frutos pequeños, brotes quebradizos, quemaduras foliares, clorosis).
- Exceso de calcio (en suelos alcalinos): Bloquea la disponibilidad de hierro, zinc y manganeso, provocando clorosis.
3.3. ¿Qué debe hacer el jardinero? Equilibrio nutricional
- Fertilice con criterio. Utilice fertilizantes complejos con micronutrientes (en forma quelatada para una mejor absorción). Siga las recomendaciones: para cerezos, dependiendo del rendimiento, las dosis recomendadas son nitrógeno 80–100 kg/ha/año (en principio activo), fósforo 50–70 kg/ha, potasio 100–120 kg/ha (Agustí, 2010). Para el jardín aficionado, esto equivale aproximadamente a: 40–60 g de N, 30–50 g de P, 60–80 g de K por 1 m² de superficie de alimentación.
- Análisis periódicos de suelo y hojas. Esto proporciona una imagen precisa y permite ajustar las fertilizaciones.
- Encalado (reducción de la acidez). En suelos ácidos (pH < 6,0), aplique cal o dolomita (cada 3–4 años), ya que en medios ácidos muchos elementos se vuelven menos disponibles. Pero recuerde que en suelos excesivamente encalados (pH > 7,5) aparece clorosis.
- Acolchado y materia orgánica. La aplicación de abonos orgánicos (compost, humus) mejora la estructura del suelo y su capacidad tampón, manteniendo un pH óptimo y suministrando nutrientes de forma equilibrada.
4. Daños ambientales
El cerezo es un cultivo sensible a las anomalías climáticas. A diferencia de las enfermedades, que se desarrollan gradualmente, los daños por heladas, calor o sol ocurren rápidamente. La tarea del jardinero es reconocer la naturaleza del daño a tiempo y tomar medidas para minimizar las consecuencias.
4.1. Daños por heladas (invernales y primaverales)
Las heladas son el principal factor limitante para el cultivo del cerezo en muchas regiones. Los daños pueden variar según la época del año y la fase de desarrollo del árbol (Westwood, 1993; Wenden et al., 2017).
¿Cómo reconocerlos?
- Daños invernales en madera y corteza: Aparecen grietas longitudinales (heladas) en el tronco y ramas principales; la corteza se desprende. En un corte transversal de una rama se observa oscurecimiento (pardeamiento) de la madera o del cambium. El daño anular de la corteza es el más peligroso, ya que provoca la muerte del árbol por encima de la zona dañada. El lado suroeste del tronco (especialmente en árboles jóvenes) suele verse afectado por las fuertes fluctuaciones de temperatura: la corteza se calienta con el sol durante el día y se enfría bruscamente por la noche (quemaduras solares por heladas).
- Daños en las yemas florales: Es el problema más grave para la cosecha. Las yemas que han iniciado el crecimiento pierden su resistencia a las heladas. Durante las heladas primaverales, las flores y los frutos cuajados se oscurecen, se vuelven vítreos, se vuelven marrones y caen. En el interior de las yemas se pueden ver pistilos y estambres ennegrecidos. La temperatura crítica para el cerezo en flor es de aproximadamente -2 °C a -3 °C, y se pierde hasta el 90% de las flores (Wenden et al., 2017).
- Grietas por heladas en la corteza: Tras heladas invernales severas, la corteza puede agrietarse, dejando la madera al descubierto. Estas heridas son puertas abiertas a las infecciones.
¿Por qué ocurren?
- Madera: Al enfriarse bruscamente, la humedad de las células se congela formando cristales de hielo que rompen las membranas celulares. El cambium — la capa fina de células que se dividen y son responsables del crecimiento en grosor — es especialmente vulnerable.
- Yemas florales: La salida del reposo (endodormancia) y el inicio del crecimiento las hacen extremadamente sensibles a temperaturas negativas. Cuanto más desarrollada está la yema, menor es su resistencia a las heladas. Las bacterias nucleadoras de hielo desempeñan un papel importante, acelerando la formación de hielo en los tejidos a temperaturas más altas (Westwood, 1993).
¿Qué debe hacer el jardinero?
- Elección adecuada del lugar: Evite las zonas bajas y las cuencas cerradas donde se acumula el aire frío (bolsas de helada). Elija lugares con buena circulación de aire (laderas, zonas elevadas).
- Selección de variedades y patrones: Elija variedades adaptadas a la región con alta resistencia invernal de la madera y de las yemas florales. Los patrones de Prunus mahaleb (cerezo de Santa Lucía) suelen ser más resistentes que los de Prunus avium (cerezo dulce) (Westwood, 1993). Preste atención a la época de floración: las variedades de floración tardía ('Regina', 'Kordia') suelen evitar las heladas primaverales.
- Protección de troncos contra quemaduras solares por heladas: En otoño o a finales del invierno (durante un deshielo), encale los troncos y la base de las ramas principales con pintura de jardín o pintura al agua con sulfato de cobre. Esto refleja la luz solar y evita el sobrecalentamiento de la corteza durante el día.
- Protección contra heladas primaverales (para superficies pequeñas): Durante la floración, vigile la previsión meteorológica. Si hay riesgo de helada:
- Aspersión: Pulverización fina de la copa con agua durante la noche antes de la helada. Al congelarse, el agua libera calor que protege las flores. Importante: activar el sistema antes de que llegue la helada y no apagarlo hasta el amanecer.
- Ahumado: Hacer hogueras de humo (con paja húmeda, serrín, hojas) en el lado de barlovento del huerto. El humo crea una "manta" que reduce el enfriamiento radiactivo del suelo.
- Cubiertas: Los árboles jóvenes o de porte bajo se pueden cubrir con tela no tejida o agrotextil.
4.2. Calor y quemaduras solares
El calor estival puede causar daños no menores, especialmente en regiones del sur. El cerezo es sensible a las altas temperaturas, sobre todo durante la maduración de los frutos y la diferenciación de las yemas florales para el año siguiente.
¿Cómo reconocerlos?
- Quemaduras solares en la corteza y los frutos: En el lado sur de la corteza aparecen zonas de tejido muerto; la corteza se agrieta y se desprende. En los frutos — manchas deprimidas, claras, secas (necrosis), la pulpa debajo se vuelve amarga y seca. Los frutos pierden calidad comercial.
- Daños en yemas florales (formación de frutos dobles): Si la temperatura supera los 30 °C durante el período de diferenciación de las yemas florales (normalmente 3–4 semanas después de la cosecha, en julio-agosto), se producen anomalías en el desarrollo: formación de pistilos dobles, lo que al año siguiente da lugar a frutos fusionados y deformes (frutos dobles) (Wenden et al., 2017; Quero-García et al., 2017).
- Quemadura solar de frutos (sunburn): La luz solar directa combinada con altas temperaturas (superiores a 40 °C) provoca quemaduras en la piel. Los frutos se ablandan, pierden turgencia y aparecen manchas marrones hundidas (Long et al., 2021).
¿Por qué ocurren?
- Corteza y frutos: La alta temperatura provoca la desnaturalización de las proteínas y la muerte celular. Las partes no adaptadas al sol directo (por ejemplo, la corteza que antes estaba sombreada por el follaje y luego quedó expuesta tras la poda) son especialmente vulnerables.
- Frutos dobles: La alta temperatura altera el proceso normal de diferenciación de las yemas florales, dando lugar a la formación de dos pistilos en lugar de uno. La susceptibilidad varietal varía mucho: por ejemplo, 'Bing' es muy sensible, mientras que 'Regina' es más resistente (Wenden et al., 2017).
¿Qué debe hacer el jardinero?
- Protección de la corteza: Encale los troncos en primavera y otoño (como contra las heladas). Esto es especialmente importante para árboles jóvenes con corteza fina.
- Protección de frutos y yemas:
- Riego (aspersión): En días calurosos, se puede realizar una aspersión refrescante de la copa por la mañana o al atardecer. El agua que se evapora enfría las hojas y los frutos.
- Acolchado: Una capa de mantillo orgánico (paja, hierba cortada) protege el suelo del sobrecalentamiento y conserva la humedad, lo que indirectamente reduce el estrés térmico del árbol.
- Uso de mallas de sombreo (para huertos intensivos): En la fruticultura comercial se utilizan mallas de sombreo especiales (15–20% de sombra) que reducen la temperatura de los frutos y evitan quemaduras.
- Elección de variedades resistentes: Si su región tiene veranos calurosos, elija variedades menos propensas a formar frutos dobles ('Lapins', 'Sweetheart' — sensibilidad moderada) (Wenden et al., 2017).
4.3. Contaminación atmosférica
Este problema es relevante para huertos situados cerca de zonas industriales, carreteras o grandes ciudades. Los principales contaminantes son el ozono y los óxidos de nitrógeno (NOx).
¿Cómo reconocerla? Aparecen pequeñas manchas necróticas (punteado), moteado, amarilleo prematuro y caída de hojas. Las hojas jóvenes pueden deformarse. En casos graves, se observa un deterioro general del árbol, reducción del crecimiento y de la producción. Los síntomas a menudo recuerdan a enfermedades fúngicas, pero, a diferencia de éstas, aparecen de forma masiva y sin moho característico.
¿Por qué ocurre? El ozono y otros óxidos son potentes oxidantes. Dañan las membranas celulares, alterando la fotosíntesis y la respiración. Con la exposición prolongada se acumulan productos tóxicos de la oxidación.
¿Qué debe hacer el jardinero? Desafortunadamente, no existen medidas de protección eficaces para huertos aficionados. La principal solución es elegir un lugar de plantación alejado de fuentes de contaminación. También es importante mantener el árbol en buen estado: una nutrición y riego adecuados aumentan su resistencia al estrés.
4.4. Estrés salino (salinización del suelo)
En regiones áridas, cuando se utiliza agua de riego con alto contenido en sales (especialmente sodio y cloruros), o en suelos naturalmente salinos, el cerezo puede sufrir estrés salino (Machado & Serralheiro, 2020).
¿Cómo reconocerlo? Los bordes de las hojas se amarillean, luego se vuelven marrones y mueren (quemadura marginal). El crecimiento de los brotes se ve gravemente reducido. En casos graves, las hojas caen y las ramas se secan. Pueden aparecer manchas marrones en los frutos. El cerezo, como la mayoría de los frutales de hueso, es sensible a la sal (Machado & Serralheiro, 2020).
¿Por qué ocurre?
- Efecto osmótico: La alta concentración de sales en la solución del suelo dificulta la absorción de agua por las raíces, provocando una sequía fisiológica.
- Toxicidad iónica: Los iones de sodio y cloro se acumulan en los tejidos, alterando los procesos enzimáticos. El cloro es especialmente peligroso, ya que inhibe la fotosíntesis y provoca quemaduras en las hojas.
- Alteración de la nutrición mineral: El exceso de sodio en el suelo bloquea la absorción de calcio y potasio, agravando sus carencias.
¿Qué debe hacer el jardinero?
- Análisis del agua: Antes de utilizar agua para riego, compruebe su conductividad eléctrica (CE). Para el cerezo, el umbral crítico de salinidad del agua de riego es de aproximadamente 1,5–2,0 dS/m (Machado & Serralheiro, 2020).
- Lavado del suelo: Aplicar dosis elevadas de agua de riego para lixiviar las sales de la zona radicular (si existe drenaje). Utilice agua con baja mineralización para el riego.
- Aplicación de abonos orgánicos: El compost o humus mejora la estructura del suelo y fija los iones tóxicos.
- Uso de yeso (CaSO4): El yeso desplaza el sodio del complejo de intercambio del suelo, haciéndolo lavable.
- Selección de patrones tolerantes: Algunos patrones (por ejemplo, Gisela 5, Gisela 6) pueden ser más tolerantes al estrés salino que otros (Long et al., 2021).
5. Trastornos del crecimiento y la fructificación
Cuando observamos que el cerezo florece mal, pierde los frutos cuajados, da frutos pequeños o deformes, no siempre es consecuencia de enfermedades o plagas. A menudo se trata de trastornos fisiológicos provocados por un desequilibrio interno del árbol. En este capítulo analizaremos los síntomas más frecuentes y aprenderemos a distinguirlos de las infecciones.
5.1. Caída de flores y frutos cuajados (caída fisiológica)
¿Cómo reconocerla? El cerezo florece abundantemente, pero pasado un tiempo (1–3 semanas después de la floración) parte de las flores y, posteriormente, de los pequeños frutos caen. Es un proceso natural de autorregulación: el árbol se desprende de los frutos sobrantes que no podría alimentar. Sin embargo, si se cae más del 80–90% de los frutos cuajados, ya es un problema. Diferencia con las enfermedades: en la caída fisiológica caen frutos sanos, sin manchas ni podredumbres. En la moniliosis, por ejemplo, las flores se vuelven marrones, se cubren de moho gris y se secan sin caer (Agustí, 2010; Long et al., 2021).
¿Por qué ocurre? La causa principal es la falta de carbohidratos (azúcares) para alimentar los frutos en crecimiento. Al principio del desarrollo del fruto (fase I — división celular), éste necesita mucha energía. Si el árbol está debilitado por sequía, encharcamiento, deficiencia de nitrógeno o fósforo, o si tiene demasiados frutos (sobrecarga), la fotosíntesis no cubre las necesidades. La caída también puede deberse a una mala polinización (falta de abejas, tiempo frío durante la floración) — entonces los frutos no son fecundados y no se desarrollan (Agustí, 2010). También influye el desequilibrio hormonal (descenso de auxinas y aumento de ácido abscísico).
¿Qué debe hacer el jardinero?
- Asegure una buena polinización. Plante varias variedades para polinización cruzada (si la variedad es autoestéril). Atraiga abejas: siembre plantas melíferas cerca, no use insecticidas durante la floración.
- Nutrición equilibrada. El nitrógeno es especialmente importante a principios de primavera, pero sin exceso. Aplique un fertilizante complejo con predominio de fósforo y potasio antes de la floración.
- Riego. No permita que el suelo se seque durante la floración e inmediatamente después (fase de cuajado).
- Aclareo de frutos. Si el año pasado la cosecha fue muy abundante, el árbol pudo haber agotado sus reservas. Este año, puede ser necesario un aclareo manual (eliminación de frutos sobrantes) para reducir la competencia.
5.2. Frutos pequeños (tamaño reducido)
¿Cómo reconocerlo? Los frutos son notablemente más pequeños de lo que deberían ser para la variedad, incluso con buena coloración. La pulpa puede ser menos jugosa y el hueso más grande en relación con la pulpa.
¿Por qué ocurre? La causa clave es la sobrecarga de frutos. Cuando hay demasiados frutos cuajados, compiten por carbohidratos y agua. Como resultado, ningún fruto alcanza su tamaño potencial (Agustí, 2010; Long et al., 2021). La segunda causa es la falta de agua durante la fase de hinchamiento (fase III — desde finales de junio hasta la cosecha). La tercera es la deficiencia de potasio y calcio, necesarios para el crecimiento celular. También influye la falta de luz (copa densa).
¿Qué debe hacer el jardinero?
- Regulación de la carga. Elimine parte de los frutos manualmente o con aclareadores químicos (por ejemplo, ANA — ácido naftalenacético, pero para aficionados es mejor el aclareo manual). Deje no más de 2–3 frutos por ramillete.
- Riego regular. Riegue en tiempo seco, especialmente durante el crecimiento de los frutos.
- Fertilización con potasio y calcio. Aplicaciones foliares de sulfato de potasio (1%) y quelato de calcio (0,3%) durante el crecimiento del fruto mejoran su tamaño y calidad.
- Poda. Elimine ramas sobrantes que densifican la copa para mejorar la iluminación de los frutos.
5.3. Maduración desigual de los frutos
¿Cómo reconocerla? En un mismo árbol, los frutos maduran en distintos momentos: unos ya están rojo oscuro y dulces, otros aún verdes o amarillos. Esto puede alargar la recolección y reducir la calidad general.
¿Por qué ocurre? La causa más frecuente es la distribución desigual de luz y nutrientes dentro de la copa. Los frutos de las ramas exteriores bien iluminadas maduran antes. También puede deberse a un riego irregular (alternancia de sequía y abundancia), que provoca diferentes ritmos de crecimiento. Algunas variedades tienen una predisposición genética a la maduración escalonada (por ejemplo, 'Sweetheart' madura gradualmente) (Buckingham, 2010).
¿Qué debe hacer el jardinero?
- Poda adecuada. Asegure una iluminación uniforme de toda la copa eliminando brotes verticales (chupones) y ramas que densifican.
- Riego uniforme. Mantenga el suelo en un estado de humedad estable (sin excesos) durante la maduración.
- Elección de variedades. Si le interesa una recolección simultánea, elija variedades de maduración sincronizada (por ejemplo, 'Bing', 'Lapins').
5.4. Gomosis de origen fisiológico
¿Cómo reconocerla? En el tronco, ramas principales o en el punto de injerto aparecen gotas o masas de líquido ámbar, resinoso. Es el "llanto" del árbol.
¿Por qué ocurre? La gomosis es una reacción defensiva del árbol ante una lesión. Puede ser causada por infecciones (cáncer bacteriano, Pseudomonas syringae — entonces la goma sale de úlceras con bordes definidos), pero a menudo tiene origen fisiológico: daños mecánicos en la corteza (por granizo, herramientas, roedores), heladas (especialmente en el lado suroeste), quemaduras solares, encharcamiento de raíces o fluctuaciones bruscas de humedad, así como incompatibilidad entre patrón e injerto (Westwood, 1993; Webster & Looney, 1996). La gomosis fisiológica, a diferencia de la infecciosa, no va acompañada de úlceras típicas ni de muerte del cambium alrededor de la herida, pero su presencia debilita el árbol y abre las puertas a infecciones.
¿Qué debe hacer el jardinero?
- Prevención de daños. Maneje la corteza con cuidado durante la poda, selle los cortes frescos con masilla o pintura al aceite. Proteja los troncos de roedores (mallas, envolturas) y de las quemaduras solares (encalado).
- Drenaje. Elimine el encharcamiento de las raíces.
- Tratamiento de heridas. Si ya ha aparecido la goma, limpie la herida con un cuchillo afilado hasta la madera sana, aplique una solución de sulfato de cobre al 1% y selle con masilla.
- Elección de patrones compatibles. Al plantar, utilice combinaciones patrón-injerto probadas y compatibles (por ejemplo, para cerezo dulce son buenos patrones Gisela 5, Gisela 6, MaxMa 14; para cerezo ácido, Mahaleb).
5.5. Descenso de la producción (debilitamiento general del árbol)
¿Cómo reconocerlo? El árbol produce cada vez menos frutos cada año, el crecimiento de los brotes es débil, la copa está rala. Las hojas se vuelven más pequeñas y más claras. Suele ser el resultado de la acumulación de varios estreses, no de una sola causa.
¿Por qué ocurre? Las causas pueden ser múltiples: carencia prolongada de nutrientes (especialmente potasio y fósforo), sequía, encharcamiento, daños en raíces o tronco, poda incorrecta (desnudamiento de ramas), envejecimiento del árbol, agotamiento del suelo. También influye la vecería (alternancia) — cuando un año de alta producción va seguido de uno bajo, y esto se convierte en la norma fisiológica de algunas variedades, pero si el árbol está debilitado, puede llevar a la ausencia total de cosecha.
¿Qué debe hacer el jardinero?
- Cuidado integral. Realice análisis agroquímicos del suelo cada 3–4 años y ajuste la fertilización.
- Mejora del suelo. Aporte materia orgánica (compost, humus) para restaurar la fertilidad y la estructura.
- Poda de rejuvenecimiento. Elimine las ramas viejas y poco productivas para estimular el crecimiento de nuevos brotes.
- Control de malas hierbas. Mantenga el área de la raíz libre de malas hierbas que compiten por agua y nutrientes.
- Recuperación del sistema radicular. Si el árbol sufre por compactación del suelo, realice un laboreo profundo o aireación (punciones) en la zona radicular.
Conclusión del capítulo: Los trastornos del crecimiento y la fructificación suelen ser señales de que el árbol carece de fuerzas. A diferencia de las enfermedades, aquí no hay patógeno y el tratamiento se reduce a mejorar los cuidados. Analice atentamente el estado del árbol y podrá corregir a tiempo el riego, la fertilización y la poda, devolviendo al cerezo su salud y alta productividad.
6. Prevención de los trastornos fisiológicos
Los trastornos fisiológicos son más fáciles de prevenir que de curar. A diferencia de las enfermedades infecciosas, donde hay que eliminar el patógeno, aquí la clave del éxito es crear para el árbol unas condiciones de vida óptimas. Se trata de un trabajo sistemático que incluye unas prácticas agrícolas correctas, un seguimiento constante y una respuesta rápida a los estreses.
6.1. Agrotécnica óptima — la base de la salud
La base de la prevención es un cuidado adecuado durante todo el ciclo de vida del árbol. No hay detalles menores: desde la elección del lugar de plantación hasta la poda de otoño, todo cuenta.
1. Elección correcta del lugar y la variedad:
- Lugar: Plante el cerezo en suelos bien drenados, francos ligeros o arenosos con reacción neutra (pH 6,5–7,0). Evite las zonas bajas con estancamiento de aire frío y nivel freático alto (Westwood, 1993). Para regiones del sur con veranos calurosos, elija lugares protegidos del sol del mediodía.
- Variedad: Elija variedades adaptadas a su clima. Considere no solo el sabor de los frutos, sino también su resistencia al agrietamiento ('Regina', 'Kordia'), la resistencia de las yemas florales a las heladas y la susceptibilidad a la formación de frutos dobles (Long et al., 2021; Wenden et al., 2017). Para regiones con inviernos fríos, son preferibles variedades sobre patrones resistentes (Prunus mahaleb).
2. Riego racional (clave del equilibrio hídrico):
- Calendario: Riegue regularmente, especialmente en las fases críticas: (1) inmediatamente después de la floración (para el cuajado), (2) durante el hinchamiento de los frutos (3–4 semanas antes de la cosecha), (3) riego de carga de humedad a finales de otoño (tras la caída de las hojas).
- Profundidad: Riegue abundantemente para que el agua empape la zona radicular (30–50 cm). Los riegos superficiales provocan que las raíces crezcan en la capa superior, que se seca rápidamente.
- Estabilidad: Evite fluctuaciones bruscas de humedad (de sequía a encharcamiento). Es la causa principal del agrietamiento de los frutos. Utilice riego por goteo o acolchado para mantener una humedad estable (Long et al., 2021).
- Drenaje: En suelos arcillosos pesados, asegure la evacuación del exceso de agua. Las raíces del cerezo no toleran el encharcamiento — provoca falta de oxígeno, clorosis y muerte de raíces.
3. Nutrición equilibrada:
- Análisis periódico: Realice análisis agroquímicos del suelo y diagnósticos foliares (cada 2–3 años) para determinar con precisión las necesidades del árbol (Long et al., 2021).
- Abonado de fondo: En primavera (antes de la brotación), aplique nitrógeno (30–40% de la dosis anual), fósforo y potasio según los resultados del análisis. En verano (durante el crecimiento de los frutos), haga hincapié en potasio y calcio (fertilización foliar) para mejorar la calidad de los frutos y su resistencia al agrietamiento.
- Micronutrientes: Realice periódicamente (cada 2–3 semanas durante la vegetación) aplicaciones foliares con formas quelatadas de hierro, zinc, boro y manganeso, especialmente en suelos alcalinos donde estos elementos se absorben mal.
- Materia orgánica: Aplique estiércol bien descompuesto, compost o humus durante la excavación otoñal (cada 2–3 años). La materia orgánica mejora la estructura del suelo, su capacidad tampón y suministra micronutrientes en forma disponible.
4. Poda correcta y formación de la copa:
- Objetivo: Crear una copa abierta y bien iluminada para que todos los frutos reciban suficiente luz y aire. Esto reduce el riesgo de quemaduras solares, mejora la calidad y coloración de los frutos.
- Época: Realice la poda principal a principios de primavera (antes de la savia) para que las heridas cicatricen rápidamente. La poda de verano (despunte) se utiliza para limitar el crecimiento y estimular la fructificación.
- Poda sanitaria: Elimine regularmente las ramas secas, rotas y enfermas. Selle todos los cortes de más de 1 cm de diámetro con masilla para prevenir la gomosis y las infecciones.
6.2. Seguimiento regular del estado del árbol
La prevención es imposible sin una observación atenta del árbol. La inspección regular es su principal herramienta de diagnóstico precoz.
Qué comprobar y cuándo:
- Primavera (hinchazón de yemas — floración): Evalúe el estado de las yemas florales tras el invierno (¿no se han oscurecido en su interior?). Vigile los pronósticos de heladas y esté preparado para medidas de protección (aspersión, ahumado). Evalúe la abundancia de floración — le indicará si será necesario un aclareo.
- Principios del verano (crecimiento de brotes y frutos): Compruebe el crecimiento de los brotes (deben ser de 30–50 cm). Si el crecimiento es débil, puede faltar nitrógeno o agua. Vigile la aparición de clorosis (amarilleo de hojas con nervios verdes) — señal de deficiencia de hierro o problemas de pH del suelo.
- Mediados del verano (hinchamiento de frutos): Es el momento más crítico para el control de la humedad del suelo y las aplicaciones regulares de potasio y calcio. Evalúe el tamaño y color de los frutos. La aparición de grietas indica inestabilidad del riego.
- Otoño (tras la cosecha): Evalúe el estado general del árbol, presencia de gomosis, daños en la corteza. Realice la poda sanitaria y el riego de carga. Aplique fertilizantes fosfopotásicos para prepararlo para el invierno.
- Invierno: Proteja los troncos de roedores (envoltura, malla) y de quemaduras solares (encalado). En regiones con inviernos de poca nieve, cubra la zona radicular con mantillo para proteger las raíces de las heladas.
6.3. Prevención de factores estresantes
Dado que muchos trastornos son causados por condiciones extremas, su tarea es mitigar su impacto.
- Protección contra heladas: Elija variedades resistentes. El encalado de troncos es obligatorio. Para proteger las flores de las heladas primaverales, utilice aspersión (activar el sistema antes de que llegue la helada y hasta el amanecer) o cubra con tejido no tejido. En huertos comerciales se utilizan máquinas de viento o calefactores (Westwood, 1993).
- Protección contra el calor y el sol: En climas cálidos, utilice mallas de sombreo (15–20% de sombra) durante la maduración de los frutos y la diferenciación de las yemas florales (julio-agosto) para reducir la temperatura y evitar la formación de frutos dobles (Wenden et al., 2017). El riego regular y el acolchado también ayudan a reducir el estrés térmico.
- Protección contra el viento: En regiones con vientos fuertes, cree cortavientos o utilice pantallas para reducir los daños mecánicos a frutos y hojas, así como la evaporación.
- Protección contra la salinidad: Si utiliza agua de riego con alto contenido en sales, practique riegos de lavado para eliminar las sales de la zona radicular, aplique yeso y materia orgánica, y elija patrones más tolerantes a la sal (por ejemplo, de Prunus mahaleb).
Conclusión
Los trastornos fisiológicos no son una sentencia, sino una señal de que el árbol necesita su ayuda. A diferencia de las enfermedades infecciosas, no son contagiosos y, por lo general, reversibles. La clave para prevenirlos es crear las condiciones más confortables para el cerezo: riego adecuado, nutrición equilibrada, protección contra temperaturas extremas y un cuidado atento y regular. Recuerde: un árbol sano y vigoroso resiste mucho mejor tanto los estreses abióticos como los bióticos (enfermedades y plagas).
Observe sus árboles, aprenda a entender su lenguaje — y ellos le recompensarán con abundantes cosechas de frutos sabrosos y hermosos.
Referencias
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