Cuidado de la grosella roja, blanca y dorada
1. Principales tareas en el cuidado de la grosella roja, blanca y dorada
La grosella roja, blanca y dorada son cultivos muy agradecidos. Con el enfoque adecuado, ofrecen cosechas estables durante 15‑20 años (Hill & Perry, 2011). Sin embargo, para que los arbustos estén sanos y las bayas sean grandes y dulces, no basta con plantar una plántula. El cuidado de estas plantas es un conjunto de actividades anuales en el que cada detalle cuenta.
El objetivo principal del cuidado es crear condiciones que permitan a la planta desarrollar todo su potencial genético. Para la grosella roja y blanca, esto significa obtener cosechas abundantes a partir de formaciones frutales perennes (ramillas de ramo y anillos), y para la dorada, garantizar una fructificación estable incluso en condiciones secas (Hill & Perry, 2011; Dan’kov, 2015).
A diferencia de la grosella negra, cuyos botones frutales principales se forman a lo largo de todo el crecimiento anual, la grosella roja y blanca fructifican principalmente en el límite de los crecimientos de años anteriores y en las espolones perennes, que mantienen su productividad hasta 5‑6 años (Dan’kov, 2015; Krivko, 2014). La grosella dorada, por su parte, se distingue por un sistema radicular más potente y resistencia a la sequía, lo que condiciona su técnica de cultivo (Krivko, 2014). Estas características botánicas determinan también la especificidad de los cuidados.
El cuidado integral de estos arbustos resuelve cinco tareas clave:
1. Asegurar un régimen hídrico y de aireación óptimo del suelo. El sistema radicular de la grosella (especialmente la roja y blanca) es fibroso y se sitúa principalmente en la capa superior más fértil del suelo, a una profundidad de 10‑40 cm. En la grosella roja, las raíces penetran un poco más — hasta 30‑40 cm, y en la dorada aún más, lo que la hace más resistente a la sequía (Dan’kov, 2015). Sin embargo, para todas las especies es fundamental un suelo suelto y transpirable, que retenga bien la humedad y no se seque. Las tareas principales aquí son el deshierbe regular y el acolchado.
2. Nutrición regular y equilibrada. Como cualquier cultivo frutal, la grosella extrae del suelo una cantidad significativa de nutrientes. La aplicación anual de abonos orgánicos y minerales es la clave para obtener bayas grandes y un fuerte crecimiento de los brotes jóvenes, que fructificarán al año siguiente (Bowling, 2000). El fósforo y el potasio son especialmente importantes para la formación de botones frutales y la maduración de la madera, y el nitrógeno para el crecimiento de los brotes (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
3. Conservación de la humedad en el suelo. La grosella es un cultivo amante de la humedad. La mayor necesidad de agua se produce durante el período de crecimiento de los brotes y llenado de las bayas (Bowling, 2000; Buckingham, 2010). El secado de la capa superficial del suelo, donde se encuentra la mayor parte de las raíces absorbentes, provoca una reducción del rendimiento y un deterioro de la calidad de las bayas. La tarea del jardinero es asegurar una humedad estable y moderada durante todo el período vegetativo.
4. Protección contra enfermedades y plagas. Los arbustos sanos son la base de la cosecha. Las principales amenazas para la grosella roja y blanca son las enfermedades fúngicas (antracnosis, septoria, roya cilíndrica) y las plagas (pulgones, polilla de la grosella, moscas sierra). La grosella dorada es más resistente a plagas y enfermedades, aunque también puede verse afectada en años desfavorables (Krivko, 2014). Una buena técnica agrícola es la primera línea de defensa, ya que una planta fuerte y bien ventilada enferma menos.
5. Formación y rejuvenecimiento del arbusto. Esta es una de las tareas más importantes, especialmente para la grosella roja y blanca. Como ya se ha mencionado, su fructificación se concentra en madera de 2‑4 años. Las ramas de más de 6‑8 años reducen drásticamente su productividad y deben eliminarse a tiempo, reemplazándolas por brotes basales fuertes (Tarasov, 1981). En la grosella dorada, las ramas esqueléticas viven más tiempo — hasta 7‑10 años — pero también requiere podas de aclareo periódicas (Krivko, 2014).
Por lo tanto, el cuidado de la grosella no es una acción puntual, sino un sistema de medidas bien pensadas y oportunas. Descuidar aunque sea un aspecto conducirá inevitablemente a una disminución del rendimiento y al envejecimiento del arbusto. En los siguientes capítulos analizaremos cada uno de estos puntos en detalle.
2. Cuidado del suelo (deshierbe, lucha contra la compactación, características del laboreo)
El suelo para la grosella no es solo un sustrato en el que se fijan las raíces. Es un medio vivo, cuyo estado afecta directamente a la capacidad del arbusto para respirar, alimentarse y absorber la humedad. Un cuidado adecuado del suelo es la base sobre la que se construye todo el éxito del cultivo de la grosella. Su objetivo principal es mantener una estructura del suelo que garantice un equilibrio óptimo de agua, aire y nutrientes en la zona donde se encuentra la mayor parte de las raíces.
Características del sistema radicular y laboreo
La regla clave que hay que recordar es que la mayor parte de las raíces absorbentes de la grosella roja y blanca se encuentra a poca profundidad. En la grosella roja, el sistema radicular es más potente que en la negra y se concentra principalmente en la capa de 30‑40 cm. Sin embargo, tanto en la roja como en la blanca, la mayoría de las raíces se hallan en el horizonte de cultivo, dentro del radio de la copa del arbusto (Dan’kov, 2015). En la grosella dorada, las raíces penetran más profundamente, lo que la hace más resistente a la sequía, pero también utiliza activamente la capa superior más fértil (Krivko, 2014).
Esto significa que el deshierbe profundo o la excavación en los círculos del tronco y en las filas están terminantemente prohibidos. Tales acciones dañan inevitablemente las raíces superficiales, lo que debilita la planta, reduce el rendimiento e incluso puede provocar la muerte del arbusto. El laboreo debe realizarse con mucha precaución.
Cómo y cuándo desherbar correctamente:
- Profundidad de deshierbe en las filas y círculos del tronco: No debe superar los 6‑8 cm (Trunov & Samoshchenkov, 2012). Es solo la capa superior que rompe la costra del suelo y destruye las plántulas de malas hierbas.
- Profundidad de laboreo en los pasillos (entre filas): Aquí se puede realizar un laboreo más profundo — hasta 10‑15 cm (Trunov & Samoshchenkov, 2012). Se hace en otoño o principios de primavera para mejorar la estructura del suelo e incorporar abonos.
- Época de deshierbe: El mejor momento es inmediatamente después de la lluvia o del riego, cuando el suelo está en su punto de madurez física (no se pega a la herramienta ni levanta polvo). En primavera, el deshierbe ayuda a conservar la humedad acumulada durante el invierno. En verano, en tiempo seco, el deshierbe ayuda a combatir la costra del suelo y mejora el intercambio gaseoso. Se recomienda realizar 3‑4 deshierbes en los pasillos por temporada, combinándolos con la escarda (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Herramientas: Para desherbar en los círculos del tronco, es conveniente usar azadillas pequeñas, escardillas o cortadoras planas. En los pasillos se pueden utilizar cultivadores, gradas de discos o fresas rotativas (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
Lucha contra la compactación del suelo
La compactación del suelo es el principal enemigo del sistema radicular. Se produce debido a riegos frecuentes por aspersión, al pisar el suelo mojado o si no se realiza un deshierbe oportuno. En un suelo compactado, el intercambio gaseoso se ve alterado, las raíces sufren falta de oxígeno, lo que inhibe la planta y la hace más susceptible a enfermedades.
Principales medidas contra la compactación:
1. Deshierbe superficial regular, como se ha descrito, que impide la formación de una costra densa.
2. Uso de acolchado. Una capa gruesa de acolchado orgánico protege el suelo del sobrecalentamiento, el viento y la lluvia, que favorecen la compactación.
3. Minimizar la carga sobre el suelo. Procure no pisar los círculos del tronco ni colocar objetos pesados sobre ellos.
4. Excavación otoñal de los pasillos. Se realiza una vez al año, en otoño, para mejorar la permeabilidad al agua y la aireación de las capas profundas del suelo (Trunov & Samoshchenkov, 2012). Los terrones no se rompen para que se congelen en invierno, lo que ayuda a destruir las fases invernantes de las plagas.
Mantenimiento de la limpieza
El suelo bajo los arbustos y en los pasillos debe mantenerse libre de malas hierbas. Las malas hierbas no solo compiten con la grosella por la humedad y los nutrientes, sino que también sirven de refugio para muchas plagas y enfermedades (Hill & Perry, 2011). Son especialmente peligrosas las malas hierbas rizomatosas perennes, como el grama, que es muy difícil de eliminar sin dañar las raíces de la grosella.
Estrategia alternativa: barbecho y abonos verdes
En las plantaciones industriales, el suelo se mantiene a menudo en "barbecho negro", es decir, se labra sistemáticamente manteniéndolo limpio y suelto. En huertos particulares también es posible acolchar los pasillos o sembrarlos con césped si las plantaciones están suficientemente separadas.
En algunos sistemas agrotécnicos, especialmente para la grosella negra, pero potencialmente aplicables a otras especies, se practica el sistema de franjas de manejo de arbustos. En este caso, el suelo de las filas se mantiene en barbecho negro, pero después de varios años, para rejuvenecer los arbustos, se siega la parte aérea y se ara el suelo con abundante abonado, permitiendo que las plantas "descansen" y se vuelvan a formar (Tarasov, 1981). Este método requiere conocimientos profundos y, por lo general, se utiliza en la horticultura intensiva.
Para el jardinero aficionado, los principios principales del cuidado del suelo son cuidado y regularidad. Seguir estas sencillas reglas le evitará muchos problemas y proporcionará a los arbustos una vida cómoda. En el próximo capítulo veremos cómo el acolchado puede simplificar enormemente el cuidado del suelo y mejorar las condiciones de crecimiento de la grosella.
3. Acolchado (mulching)
El acolchado es una de las técnicas agronómicas más eficaces y, al mismo tiempo, menos laboriosas. Básicamente, consiste en crear una capa protectora sobre la superficie del suelo alrededor del arbusto. Para la grosella, con su sistema radicular superficial, el acolchado es especialmente beneficioso, ya que resuelve varias tareas clave a la vez y simplifica enormemente el cuidado.
Principales ventajas del acolchado:
1. Conservación de la humedad en el suelo. La capa de acolchado protege la tierra de la luz solar directa y del viento, reduciendo drásticamente la evaporación. Esto es especialmente importante para la grosella, amante de la humedad, que sufre mucho por el secado de la capa superior del suelo, donde se encuentra la mayor parte de las raíces (Bowling, 2000; Buckingham, 2010).
2. Supresión del crecimiento de malas hierbas. Una capa gruesa de acolchado (5‑10 cm) impide mecánicamente la germinación de la mayoría de las malas hierbas anuales. Esto elimina la necesidad de escardas laboriosas y, lo que es más importante, excluye la necesidad de deshierbes profundos en la zona radicular, que podrían dañar las raíces superficiales (Hill & Perry, 2011). Para controlar las malas hierbas perennes, se recomienda eliminar cuidadosamente sus rizomas antes del acolchado.
3. Mantenimiento de una estructura óptima del suelo. El acolchado protege el suelo de la compactación, la formación de costras y la erosión. Bajo él, el suelo permanece suelto y transpirable, lo que favorece la actividad de las lombrices y la microflora beneficiosa (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
4. Mejora de la nutrición. El acolchado orgánico (humus, compost, turba) al descomponerse enriquece el suelo con nutrientes, actuando como un fertilizante natural de liberación lenta. Esto es especialmente valioso, ya que la fertilización de la grosella debe ser equilibrada, y la materia orgánica mejora la estructura del suelo (Hill & Perry, 2011).
5. Protección de las raíces contra el sobrecalentamiento y el enfriamiento excesivo. El acolchado actúa como termorregulador: en verano protege las raíces del sobrecalentamiento en tiempo caluroso, y en invierno de los cambios bruscos de temperatura.
Tipos de acolchado y sus características
Para la grosella se pueden utilizar materiales orgánicos e inorgánicos. Cada uno tiene sus ventajas.
Acolchado orgánico es la mejor opción para el jardinero que cuida la salud del suelo.
Humus y compost. La opción ideal. No solo acolchan, sino que también son un fertilizante completo que va liberando nutrientes a las raíces (Hill & Perry, 2011). Se puede utilizar estiércol bien descompuesto. Antes de su aplicación, el compost y el humus deben estar maduros para no quemar las raíces.
Turba. Excelente material de acolchado. Es suelta, bien permeable al aire y a la humedad. La turba ácida es adecuada para la grosella, que prefiere suelos ligeramente ácidos (pH 6‑6,5) (Dan’kov, 2015). Sin embargo, la turba es pobre en nutrientes, por lo que es mejor usarla mezclada con humus o compost.
Serrín y astillas de madera. Material accesible, pero con importantes salvedades:
- El serrín (especialmente el de coníferas) puede acidificar el suelo. Para la grosella no es crítico, pero en grandes cantidades puede requerir encalado adicional (Krivko, 2014).
- El serrín fresco, al descomponerse, "extrae" nitrógeno del suelo. Por tanto, es conveniente usarlo mezclado con fertilizantes nitrogenados o con estiércol descompuesto.
- La opción óptima es el serrín que ha estado reposando 2‑3 años.
Césped cortado y paja. Retienen bien la humedad y protegen contra las malas hierbas. Sin embargo, se descomponen rápidamente, por lo que su capa debe renovarse. Asegúrese de que la hierba no tenga semillas de malas hierbas.
Acolchado inorgánico:
- Película de polietileno negro. Suprime eficazmente las malas hierbas y conserva la humedad. Sin embargo, no se descompone, dificulta el intercambio gaseoso y no enriquece el suelo. Además, bajo la película negra el suelo se calienta más, lo que puede ser beneficioso en primavera, pero perjudicial en verano caluroso (Trunov & Samoshchenkov, 2012). En la jardinería aficionada, la película se usa más a menudo para el cultivo de fresas o para la propagación por esquejes.
- Película negra translúcida para control de malas hierbas se utiliza en horticultura industrial, pero en la aficionada se prefiere la materia orgánica.
Reglas para el acolchado de la grosella
Para que el acolchado sea lo más beneficioso posible, siga estas sencillas reglas:
1. Momento de aplicación: La mejor época es la primavera, cuando el suelo ya se ha calentado y está suficientemente húmedo. El acolchado se extiende después del deshierbe y la fertilización, mientras el suelo está húmedo.
2. Grosor de la capa: Una capa eficaz de acolchado orgánico es de 5‑10 cm (Hill & Perry, 2011). Una capa demasiado fina no retiene las malas hierbas y se seca rápidamente. Una capa demasiado gruesa puede dificultar el intercambio gaseoso y provocar el ahogamiento de la corteza, especialmente en suelos pesados.
3. Regla de "separación": Es importante que el acolchado no toque directamente los tallos ni la base del arbusto. Alrededor de la base (en un radio de 10‑15 cm del tronco) no debe haber acolchado. Esto previene el ahogamiento de la corteza y la infección por hongos (Hessayon, 1993).
4. Renovación: El acolchado orgánico se descompone con el tiempo. Su capa debe renovarse anualmente, añadiendo material fresco.
5. Acolchado de otoño: A finales de otoño, con la llegada de heladas persistentes, se puede añadir una capa de acolchado para aislar las raíces y protegerlas de las heladas. Esto es especialmente importante en regiones con inviernos con poca nieve.
En conclusión: el acolchado no es solo un "adorno" del suelo, sino un elemento crucial de la técnica de cultivo de la grosella. Ahorra tiempo y esfuerzo, preserva la salud de los arbustos y contribuye a cosechas estables. El acolchado orgánico es su mejor aliado.
4. Control de malas hierbas
Las malas hierbas no son solo un problema estético. Para la grosella representan una amenaza real, ya que compiten por la humedad, la luz y los nutrientes, y además sirven de refugio a plagas y enfermedades. Dado el sistema radicular superficial de la grosella roja y blanca, el control de malas hierbas requiere un enfoque especial — cuidadoso y sistemático. La grosella dorada, con sus raíces más profundas, es menos vulnerable, pero incluso para ella la limpieza del círculo del tronco sigue siendo una condición importante para la salud y la fructificación (Hill & Perry, 2011).
Principios básicos del control de malas hierbas:
1. La prevención es mejor que la cura. La mejor forma de combatir las malas hierbas es evitar su aparición masiva. Una prevención regular facilita enormemente el cuidado.
2. El acolchado es el principal aliado. Como ya se ha tratado en detalle en el capítulo anterior, una capa gruesa de acolchado orgánico (5‑10 cm) suprime eficazmente el crecimiento de la mayoría de las malas hierbas anuales, eliminando la necesidad de escardas y deshierbes frecuentes (Hill & Perry, 2011).
3. Precaución con el laboreo mecánico. Debido a la ubicación superficial de las raíces, el uso de azadillas y escardas en el círculo del tronco debe ser muy limitado. La profundidad del deshierbe en esta zona no debe superar los 2‑3 cm, ya que de lo contrario se dañarían las raicillas absorbentes, debilitando la planta y reduciendo la cosecha.
4. Enfoque integrado. Un control eficaz de las malas hierbas combina el acolchado, la escarda manual y, si es necesario, la aplicación puntual de herbicidas (en plantaciones industriales).
Métodos de control de malas hierbas:
1. Métodos mecánicos (escarda manual):
- Escarda manual en los círculos del tronco. Es el método más seguro, pero también el más laborioso. Es especialmente importante eliminar las malas hierbas rizomatosas perennes (grama, cerraja, correhuela), que pueden atravesar una capa gruesa de acolchado. Es mejor arrancarlas a mano, arrancando las raíces, para no dañar el sistema radicular de la grosella.
- Deshierbe superficial. En los pasillos se puede realizar un laboreo más profundo (hasta 10‑15 cm) con cultivadores o cortadoras planas, destruyendo las malas hierbas y mejorando la estructura del suelo (Trunov & Samoshchenkov, 2012). En las filas, como ya se ha señalado, el deshierbe debe ser muy superficial.
- Siega. En los pasillos, especialmente si están cubiertos de césped, la siega de las malas hierbas (y del césped) es un buen método de control. Es importante no dejar que florezcan y produzcan semillas.
2. Métodos agronómicos (acolchado y abonos verdes):
- Acolchado orgánico. Como ya se ha mencionado, es el método principal de control de malas hierbas en los círculos del tronco y las filas. Una capa gruesa de acolchado crea una barrera mecánica que la mayoría de las malas hierbas anuales no pueden atravesar.
- Césped en los pasillos. Sembrar gramíneas perennes en los pasillos es una forma eficaz de suprimir las malas hierbas. Las gramíneas compiten con las malas hierbas y su sistema radicular mejora la estructura del suelo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las gramíneas también consumirán humedad y nutrientes, por lo que en regiones áridas este método puede ser desaconsejable.
3. Métodos químicos (herbicidas):
En los huertos particulares, el uso de herbicidas para controlar las malas hierbas alrededor de los arbustos de grosella no suele recomendarse. Esto se debe al riesgo de dañar la propia grosella y al peligro para la salud humana y el medio ambiente.
En las plantaciones industriales, donde el laboreo mecánico es difícil, se pueden usar herbicidas para controlar las malas hierbas en las filas. En este caso:
- Se utilizan herbicidas selectivos que suprimen las malas hierbas pero no dañan los cultivos.
- Los tratamientos se realizan estrictamente en determinadas fases de desarrollo de las plantas, respetando escrupulosamente la dosis y las normas de seguridad (Krivko, 2014; Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Es importante recordar que no existe una amplia gama de herbicidas registrados para la grosella, por lo que su aplicación debe ser extremadamente cautelosa y solo por recomendación de especialistas.
Atención: Peligro del Virus de la mancha anular del tomate
Es importante recordar que las malas hierbas no solo son competidoras por los recursos, sino también posibles vectores de enfermedades. En particular, en las raíces de algunas malas hierbas (por ejemplo, el diente de león) puede habitar el virus de la mancha anular del tomate (Tomato ringspot virus), que se transmite por nematodos del suelo. Aunque esta enfermedad afecta más a la grosella negra y a la frambuesa, puede representar una amenaza para otras especies de grosella. Por lo tanto, mantener la parcela libre de malas hierbas es también una importante medida fitosanitaria (Bowling, 2000).
Estrategia de control de malas hierbas para el jardinero aficionado:
La estrategia óptima para un pequeño jardín incluye los siguientes pasos:
1. Preparación cuidadosa del suelo antes de la plantación. Eliminar todas las malas hierbas rizomatosas perennes.
2. Colocación de una capa gruesa de acolchado orgánico (8‑10 cm) inmediatamente después de la plantación y mantenerla durante toda la temporada. Esta es la base de su protección.
3. Inspección regular y escarda manual de las malas hierbas que logren brotar a través del acolchado. Es mejor hacerlo después de la lluvia, cuando el suelo está húmedo.
4. Renovación oportuna del acolchado, ya que se descompone y adelgaza con el tiempo.
5. Siega de las malas hierbas en los pasillos, evitando que florezcan y produzcan semillas.
Así pues, un control adecuado y oportuno de las malas hierbas no solo es una cuestión de estética, sino una condición esencial para obtener una cosecha alta y de calidad de grosellas.
5. Soportes y espalderas (tipos de soportes, cuándo son necesarios)
A diferencia de la vid o la zarzamora, la grosella roja, blanca y dorada son, por lo general, arbustos compactos que se desenvuelven perfectamente sin soporte adicional. Sus ramas son lo suficientemente fuertes y no tienden a doblarse excesivamente bajo el peso de la cosecha. Sin embargo, en algunos casos, la instalación de soportes y espalderas no solo es deseable, sino que se convierte en un elemento necesario del cuidado. Un soporte bien organizado ayuda a mantener la salud del arbusto, facilita el cuidado y mejora la calidad de la cosecha.
Cuándo son necesarios los soportes y espalderas:
1. Variedades vigorosas con copa extendida. Algunas variedades, especialmente de grosella dorada, pueden alcanzar una altura de 2,5 m o más, y sus ramas se inclinan mucho bajo el peso de las bayas (Krivko, 2014). Las ramas que tocan el suelo se ensucian, las bayas son atacadas por la podredumbre gris y la cosecha se vuelve difícil de recolectar.
2. Cultivo en regiones con vientos fuertes. Si su parcela está expuesta a los vientos, los arbustos pueden sufrir roturas de ramas. Los soportes protegen la copa y ayudan a mantener su integridad.
3. Cultivo en pendientes. En las pendientes, los arbustos pueden inclinarse hacia abajo, especialmente después de lluvias abundantes. La espaldera los fija en la posición correcta.
4. Cultivo en forma de estándar o en espaldera. La grosella se puede formar no solo como un arbusto tradicional, sino también en estándar (un pequeño tronco), o en forma de abanico o cordón. Estas formas no solo son decorativas, sino también convenientes para la recolección y el cuidado; sin embargo, sin soportes fiables son imposibles (Bowling, 2000; Buckingham, 2010).
5. Para mejorar la iluminación y la ventilación. Atar las ramas a una espaldera permite dirigir su crecimiento hacia arriba y hacia los lados, asegurando una iluminación uniforme de toda la copa y una buena circulación de aire. Esto reduce el riesgo de enfermedades fúngicas como la antracnosis y el oídio, y favorece la maduración uniforme de las bayas.
Tipos de soportes y sus características
La elección de la estructura depende de sus objetivos, el espacio disponible y el número de arbustos.
1. Estacas individuales (para arbustos aislados):
La opción más sencilla, que se utiliza para sostener arbustos jóvenes o pequeños. En el centro del arbusto, o alrededor del perímetro, se colocan una o varias estacas de madera o metal. A ellas se atan las ramas principales para que no se abran. Este método es adecuado para la forma de arbusto y no requiere grandes inversiones.
2. Soporte circular (para arbustos con copa extendida):
Alrededor del arbusto se colocan varias estacas (por ejemplo, 3‑4) que se unen con alambre o cordel formando un anillo. Las ramas del arbusto se colocan y atan dentro de este anillo, impidiendo que se abran. Es una de las formas más sencillas y eficaces de sostener arbustos extendidos.
3. Espaldera (para plantaciones en hilera):
La espaldera es una estructura más compleja, formada por postes y alambre tendido entre ellos. Es ideal para una hilera de arbustos plantados en línea. El uso de espalderas ofrece muchas ventajas:
- Ahorro de espacio. Los arbustos se pueden formar en un plano vertical estrecho, lo que permite colocar más plantas en una superficie limitada.
- Facilidad de cuidado. Las ramas están distribuidas uniformemente a lo largo del alambre, lo que facilita la poda, el tratamiento contra plagas y la recolección.
- Salud de las plantas. Excelente ventilación e iluminación de todas las partes del arbusto.
Cómo se construye una espaldera sencilla para grosellas:
1. Postes. En los extremos de la hilera se instalan postes resistentes (de madera, metal u hormigón armado) de 1,8‑2 m de altura. Si la hilera es larga, se colocan postes intermedios cada 5‑8 metros.
2. Alambre. Entre los postes se tensa alambre galvanizado en 2‑3 niveles. Normalmente, el primer nivel a 30‑40 cm del suelo, el segundo a 80‑100 cm y el tercero a 1,3‑1,5 m.
3. Atado. Las ramas del arbusto se atan con cuidado al alambre, distribuyéndolas en abanico para que no se den sombra. Los brotes jóvenes se dirigen verticalmente y se fijan a los niveles superiores de alambre.
4. Espaldera para formas estándar y en abanico:
Para formas decorativas o de alto rendimiento, como la grosella estándar o el cordón, se requiere un sistema de soporte más cuidadoso. En este caso se utiliza un soporte individual (un poste con varios niveles de anillos de alambre) que fija el tronco central y las ramas formadas (Bowling, 2000).
Recomendaciones prácticas para la instalación de soportes:
- Momento de instalación. Es mejor instalar los soportes en primavera, antes del inicio del crecimiento activo, cuando los brotes aún no se han abierto. Esto permitirá dirigir con cuidado los brotes jóvenes en la dirección deseada.
- Materiales. Para atar, utilice cordel suave, clips especiales de jardín o tiras de tela. No utilice alambre rígido, ya que puede dañar las ramas y provocar su secado.
- Revisión periódica. A medida que los arbustos crecen y la carga aumenta (especialmente durante la fructificación), revise el estado de los soportes y ataduras. Apriete las ataduras flojas y levante las ramas que hayan caído al suelo.
- No se exceda. La grosella es un arbusto, no una liana. La función principal de los soportes no es cambiar forzosamente la forma, sino guiarla suavemente para garantizar el acceso a la luz y al aire (Hill & Perry, 2011).
En conclusión: los soportes y espalderas no son obligatorios, pero sí un elemento extremadamente útil en el cuidado de la grosella. Ayudan a mantener la salud de los arbustos, facilitan las labores y mejoran la calidad y accesibilidad de la cosecha. La elección de una estructura concreta depende de sus necesidades, pero incluso unas estacas individuales simples pueden facilitar mucho la vida del jardinero y del arbusto.
6. Protección contra factores climáticos adversos
La grosella es un cultivo resistente, pero también puede verse afectada gravemente por los caprichos del tiempo. Las heladas primaverales, el calor y la sequía estival, los vientos fuertes — todos estos factores pueden no solo reducir la cosecha del año en curso, sino también debilitar las plantas, privándole de parte de la futura producción. La tarea del jardinero es reconocer a tiempo la amenaza y tomar medidas para minimizar los daños.
1. Protección contra las heladas primaverales
Esta es quizás la amenaza meteorológica más grave para la grosella. La grosella roja y blanca florecen antes que la negra, a menudo durante el período de heladas tardías (Hessayon, 1993). Las flores y los ovarios jóvenes de la grosella se dañan ya a temperaturas de -2...-3 °C (Trunov & Samoshchenkov, 2012). Son especialmente vulnerables las variedades de floración temprana y las plantas en las depresiones, donde se acumula el aire frío.
Principales métodos de protección:
- Elección del lugar adecuado. Es una medida preventiva que se establece ya en la plantación. Evite las depresiones, las cuencas cerradas y las zonas con mal drenaje del aire. El aire frío debe poder fluir libremente hacia abajo (Bowling, 2000). Las laderas sur y suroeste se calientan más rápido, pero la floración también comienza antes, lo que aumenta el riesgo de heladas. En regiones con inviernos severos, son preferibles las laderas norte y noreste, donde la floración es más tardía (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Ahumado (humo). Un método antiguo pero probado. Se colocan montones de paja húmeda, serrín o turba que, al arder, producen humo denso. La cortina de humo crea un "efecto invernadero", reteniendo el calor cerca del suelo. El ahumado comienza unas horas antes de la helada prevista y continúa hasta la salida del sol. Este método es eficaz para heladas ligeras a moderadas, pero requiere un control cuidadoso (Hessayon, 1993).
- Riego por aspersión. Si se pronostican heladas, unas horas antes se rocían abundantemente los arbustos con agua o se pone en marcha un aspersor de gota fina. Al congelarse, el agua libera calor que protege las flores de los daños. Este método es eficaz para heladas de hasta -3...-4 °C. Sin embargo, es importante que el equipo funcione toda la noche, de lo contrario las plantas podrían morir (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Materiales de cobertura. El tejido no tejido (spunbond, lutrasil) es un método sencillo y fiable de protección. Se puede cubrir completamente los arbustos durante la noche durante las heladas. El material es ligero y no rompe las ramas. Es importante retirar la cubierta durante el día para no interferir con la polinización por insectos.
- Selección de variedades. Como ya se ha mencionado en artículos anteriores, elija variedades de floración tardía (por ejemplo, 'Red Start', 'Stanza') que eviten las heladas primaverales (Bowling, 2000; Buckingham, 2010).
2. Protección contra el calor y la sequía estivales
Aunque la grosella se considera un cultivo amante de la humedad, el calor excesivo y la sequía también pueden causar graves daños, especialmente en las regiones del sur.
Principales problemas en tiempo caluroso:
- Sobrecalentamiento y quemaduras de las hojas. A temperaturas superiores a +30 °C y baja humedad del aire, las hojas pueden sufrir quemaduras solares y caer prematuramente (Dan’kov, 2015). La grosella dorada es más resistente al calor gracias a su potente sistema radicular y a la cutícula densa de las hojas, pero también sufre en condiciones extremas.
- Detención del crecimiento. Con un calor intenso, la grosella detiene el crecimiento de los brotes, ya que toda la energía se gasta en la transpiración (evaporación de agua a través de las hojas).
- Deterioro de la calidad de las bayas. Con falta de humedad y calor intenso, las bayas se vuelven pequeñas, menos jugosas y pueden "cocerse" al sol, perdiendo su aspecto comercial (Krivko, 2014).
Medidas de protección contra el calor y la sequía:
- Riego regular. Esto es lo más importante. El riego debe ser profundo (empapar la capa de suelo hasta una profundidad de 30‑40 cm) para estimular el crecimiento de raíces profundas. En tiempo caluroso, el riego se realiza por la tarde o temprano por la mañana para evitar quemaduras en las hojas (Buckingham, 2010). Importante: trate de no utilizar el riego por aspersión en caso de calor intenso para no provocar quemaduras solares en las hojas. Es mejor regar al pie o en surcos.
- Acolchado. Como ya se ha dicho, una capa gruesa de acolchado protege el suelo del sobrecalentamiento y conserva la humedad.
- Sombreo. En los días más calurosos, se puede dar una ligera sombra a las plantas jóvenes o debilitadas con toldos, redes o plantando cultivos de barrera altos (por ejemplo, girasoles o maíz). Para la grosella dorada, se recomienda un ligero sombreado en las regiones del sur (Krivko, 2014). Es importante no excederse, ya que la grosella es una planta amante de la luz.
- Pulverización foliar. En días especialmente calurosos, es útil realizar pulverizaciones refrescantes con agua por la mañana o por la tarde. Esto reduce la temperatura de la superficie de las hojas y disminuye la evaporación.
- Elección de variedades. Para regiones con clima cálido y seco, es preferible cultivar grosella dorada, mejor adaptada a estas condiciones. Para la grosella roja y blanca, elija variedades resistentes a la sequía si es posible (Krivko, 2014).
3. Protección contra vientos fuertes
Los vientos, especialmente combinados con heladas o sequía, pueden causar daños importantes a la grosella:
- Desecación de las ramas. En invierno, los vientos secos pueden provocar el desecamiento de la madera y los brotes (el llamado "desecamiento invernal").
- Rotura de ramas. El viento fuerte y racheado puede romper las ramas, especialmente durante la fructificación, cuando el arbusto está cargado.
- Caída de flores y ovarios. Los vientos durante la floración pueden interferir con la polinización y provocar la caída de flores y ovarios.
Medidas de protección contra los vientos:
- Plantaciones protectoras. La forma más eficaz es crear cortavientos, setos vivos o instalar pantallas en el lado de barlovento de la parcela (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Soportes y espalderas. Como se ha comentado en el capítulo anterior, los soportes ayudan a prevenir la rotura de ramas por el peso de la cosecha y las ráfagas de viento.
- Formación de la copa. Una poda oportuna orientada a formar un esqueleto fuerte del arbusto también reduce el riesgo de daños.
- Elección del lugar. Los lugares protegidos de los vientos dominantes (por ejemplo, al sur de los edificios) son más preferibles para plantar grosellas (Buckingham, 2010).
Por lo tanto, la protección contra los factores climáticos adversos es un conjunto de medidas preventivas y actuaciones operativas. La elección correcta del lugar, la variedad, el riego oportuno y el uso de cubiertas le ayudarán a minimizar los riesgos y obtener una cosecha estable incluso en condiciones climáticas difíciles.
7. Preparación para el invierno
La preparación para el invierno es una etapa importante en el ciclo anual de cuidado de la grosella. De lo bien que las plantas entren en el invierno depende no solo su supervivencia, sino también la cosecha del año siguiente. Afortunadamente, la grosella roja, blanca y especialmente la dorada se caracterizan por una alta resistencia al invierno y son capaces de soportar heladas de hasta -30...-35 °C (Bowling, 2000; Dan’kov, 2015). Sin embargo, incluso estas plantas tan resistentes pueden sufrir condiciones invernales desfavorables si no se toman medidas preparatorias oportunas.
Principales amenazas invernales para la grosella:
1. Congelación de los brotes. Aunque es raro en la grosella roja y blanca, los brotes jóvenes no maduros o las ramas dañadas por enfermedades pueden congelarse en inviernos severos.
2. Congelación del sistema radicular. Especialmente peligroso para plantas con raíces superficiales en inviernos con poca nieve y heladas (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
3. Desecación invernal. Los vientos a finales del invierno y principios de la primavera, cuando el sol ya calienta pero las raíces aún no pueden suministrar humedad del suelo helado, pueden provocar el secado de las ramas y los brotes.
4. Ahogamiento de la corteza. Ocurre cuando, bajo una gruesa capa de nieve o costra helada, se acumula humedad y la corteza en la base del arbusto comienza a pudrirse. Especialmente peligroso en suelos arcillosos pesados.
5. Daños por roedores. Liebres y ratones pueden roer la corteza y los brotes en inviernos de escasez de alimento.
Conjunto de actividades otoñales para la preparación para el invierno:
1. Riego de carga de humedad (finales de septiembre – octubre).
Es una de las técnicas más importantes. El riego abundante a finales de otoño (norma: 30‑50 litros de agua por arbusto adulto) ayuda a las raíces a acumular humedad, que se utilizará en primavera. El suelo húmedo retiene mejor el calor y se congela más lentamente, lo que protege el sistema radicular (Buckingham, 2010; Hessayon, 1993). El riego de carga de humedad debe realizarse antes de la llegada de las heladas persistentes, cuando el suelo aún no se ha congelado.
2. Aplicación de fertilizantes (en otoño).
El otoño es el momento de aplicar fertilizantes fosforados y potásicos. Los fertilizantes nitrogenados no se aplican en otoño, ya que estimulan el crecimiento de brotes que no tendrán tiempo de madurar antes del invierno y se congelarán. El fósforo y el potasio favorecen la maduración de la madera, aumentan la resistencia al invierno y sientan las bases de la futura cosecha (Dan’kov, 2015; Krivko, 2014).
- Para un arbusto adulto se pueden aplicar 30‑40 g de superfosfato y 20‑25 g de sulfato de potasio por 1 m² del círculo del tronco (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Se puede utilizar ceniza de madera (1‑2 tazas por arbusto), que es un excelente fertilizante potásico y fuente de oligoelementos.
- Los fertilizantes se incorporan al suelo durante la excavación o el deshierbe.
3. Poda sanitaria y limpieza.
En otoño, después de la caída de las hojas, se realiza una poda sanitaria:
- Se eliminan todas las ramas secas, enfermas, rotas, así como las que yacen en el suelo (Tarasov, 1981).
- Se cortan las ramas viejas y poco productivas (mayores de 6‑8 años para la grosella roja y blanca, mayores de 7‑10 años para la dorada) (Krivko, 2014). Esto rejuvenece el arbusto y elimina posibles focos de infección.
- Todas las ramas cortadas y las hojas caídas se recogen cuidadosamente y se queman o se retiran de la parcela. Es una importante medida preventiva contra enfermedades y plagas que invernan en los restos vegetales (Bowling, 2000).
4. Deshierbe y excavación del suelo.
Después de la recogida de las hojas, se deshierba el suelo en los círculos del tronco y en los pasillos. En los pasillos se puede realizar una excavación a una profundidad de 10‑15 cm, sin voltear la capa (los terrones no se rompen — retendrán la nieve). En los círculos del tronco, el deshierbe se realiza con mucho cuidado, a una profundidad no superior a 6‑8 cm, para no dañar las raíces superficiales (Trunov & Samoshchenkov, 2012). Esto ayuda a destruir las fases invernantes de las plagas y mejora la aireación del suelo.
5. Acolchado de invierno.
El acolchado otoñal es la protección del sistema radicular contra la congelación. Para ello se utiliza una capa gruesa (8‑10 cm) de turba, humus, compost u hojas secas (pero no de árboles frutales, para no propagar enfermedades). Es importante que la capa de acolchado no toque directamente la base del arbusto, para evitar el ahogamiento de la corteza. En regiones con inviernos severos y poca nieve, el acolchado es especialmente importante (Hill & Perry, 2011; Hessayon, 1993).
6. Protección contra roedores.
En invierno, la corteza de la grosella atrae a liebres y ratones.
- Contra liebres: Los troncos y las bases de las ramas se pueden envolver con malla metálica fina, ramas de abeto o espirales de plástico especiales.
- Contra ratones: Para proteger las raíces y las bases de los arbustos, ayuda el pisoteo denso de la nieve alrededor de los arbustos después de las nevadas. También se pueden colocar cebos envenenados alrededor de los arbustos (respetando estrictamente las medidas de seguridad) o utilizar repelentes (por ejemplo, queroseno en trapos).
7. Retención de nieve.
La nieve es el mejor aislante natural para el sistema radicular. En inviernos con poca nieve, es necesario realizar retención de nieve: colocar pantallas, extender ramas de abeto, dejar tallos altos de malas hierbas o cultivos de barrera que retengan la nieve en la parcela. Cuanto mayor sea la capa de nieve, mejor protegidas estarán las raíces y la parte inferior del arbusto contra la congelación (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
Particularidades de la preparación de la grosella dorada para el invierno:
La grosella dorada, gracias a su sistema radicular más potente y profundo, es más resistente a los daños invernales. Sin embargo, en regiones con inviernos severos (con heladas inferiores a -35 °C), los brotes jóvenes pueden congelarse. En tales casos, se recomienda un acolchado más cuidadoso de los círculos del tronco y la retención de nieve. Las plantas adultas suelen recuperarse fácilmente después de una congelación (Krivko, 2014).
Principales errores en la preparación para el invierno:
- Carga de humedad tardía o insuficiente. Es el error más común. Sin una reserva suficiente de humedad, las raíces pueden congelarse y la planta secarse en primavera.
- Aplicación de fertilizantes nitrogenados en otoño. Esto provoca el crecimiento de brotes que no maduran y se congelan.
- Acolchado incorrecto. Una capa demasiado gruesa de acolchado, especialmente en suelos pesados, puede provocar el ahogamiento de la corteza.
- Ignorar la protección contra roedores. Especialmente relevante en regiones con alta densidad de liebres y ratones.
En conclusión: una preparación adecuada para el invierno es la clave para que sus arbustos de grosella sobrevivan al frío y comiencen un crecimiento activo en primavera, listos para fructificar. Un conjunto de actividades otoñales sencillas pero obligatorias le permitirá mantener la salud de las plantas y obtener una buena cosecha en la próxima temporada.
8. Errores comunes y preguntas frecuentes (FAQ)
Hemos abordado los aspectos clave del cuidado de la grosella roja, blanca y dorada. Sin embargo, incluso siguiendo las recomendaciones, los jardineros a veces cometen errores que reducen el rendimiento o debilitan las plantas. En este último capítulo, analizaremos los errores más comunes y responderemos a las preguntas más frecuentes para ayudarle a evitar decepciones y obtener cosechas estables.
Errores comunes en el cuidado de la grosella
1. Laboreo profundo en el círculo del tronco
Error: Excavar o desherbar profundamente el suelo directamente bajo el arbusto, especialmente a la profundidad de una pala.
Consecuencias: Daño al sistema radicular superficial, que en la grosella roja y blanca se encuentra a 10‑40 cm de profundidad (Dan’kov, 2015). Esto debilita la planta, reduce el rendimiento e incluso puede provocar su muerte.
Solución correcta: Desherbar el suelo en el círculo del tronco a una profundidad no superior a 6‑8 cm (Trunov & Samoshchenkov, 2012). Utilice cortadoras planas o azadillas pequeñas. En los pasillos se puede realizar un laboreo más profundo — hasta 10‑15 cm.
2. Riego insuficiente o inoportuno
Error: Riego superficial o riego poco frecuente durante la sequía, especialmente durante el llenado de las bayas.
Consecuencias: Las bayas se vuelven pequeñas, ácidas y pierden jugosidad. En caso de sequía severa, la planta puede desprender parte de los ovarios o incluso las hojas (Dan’kov, 2015).
Solución correcta: Regar abundante y profundamente, empapando la capa de suelo hasta 30‑40 cm. En períodos secos, riegue 1‑2 veces por semana (Buckingham, 2010). La mayor necesidad de humedad se da durante el crecimiento de los brotes y el llenado de las bayas (Bowling, 2000).
3. Descuidar el acolchado
Error: No acolchar o utilizar una capa demasiado fina.
Consecuencias: El suelo se seca, se sobrecalienta, se forma costra y crecen malas hierbas activamente. Las raíces sufren falta de humedad y aire (Hill & Perry, 2011).
Solución correcta: Cada año, en primavera y otoño, coloque una capa de acolchado orgánico (humus, compost, turba, serrín) de 5‑10 cm de grosor, dejando 10‑15 cm de distancia de la base del arbusto para evitar el ahogamiento de la corteza (Hessayon, 1993).
4. Poda incorrecta o inoportuna
Error: Ignorar la poda, acortar demasiado los brotes jóvenes o eliminar las ramas equivocadas.
Consecuencias: Engrosamiento del arbusto, reducción del rendimiento, bayas más pequeñas, desarrollo de enfermedades. En la grosella roja y blanca, la fructificación se concentra en madera de 2‑4 años; las ramas viejas (mayores de 6‑8 años) deben eliminarse (Tarasov, 1981).
Solución correcta: Realice una poda anual a principios de primavera, antes de la apertura de los brotes. Elimine todas las ramas de más de 6‑8 años en la grosella roja y blanca, y de más de 7‑10 años en la dorada. Sustitúyalas por 3‑4 brotes basales (cero) fuertes (Krivko, 2014). No acorte los brotes jóvenes de la grosella roja y blanca — en ellos se formarán los botones frutales.
5. Aplicación incorrecta de fertilizantes
Error: Aplicar fertilizantes nitrogenados en la segunda mitad del verano o en otoño, así como carencia de potasio y fósforo.
Consecuencias: El nitrógeno estimula el crecimiento de brotes que no maduran antes del invierno y se congelan. La falta de potasio y fósforo reduce la resistencia al invierno y el rendimiento (Dan’kov, 2015; Krivko, 2014).
Solución correcta: Los fertilizantes nitrogenados se aplican solo en primavera y en la primera mitad del verano. Los fertilizantes fosforados y potásicos, en otoño (bajo excavación) o a principios de primavera. Cada año, aplique 1‑2 cubos de materia orgánica (humus, compost) y fertilizantes minerales bajo un arbusto adulto, según las recomendaciones.
6. Ignorar el riego de carga de humedad y la protección de las raíces en invierno
Error: No realizar el riego otoñal ni el acolchado de los círculos del tronco.
Consecuencias: Congelación del sistema radicular en un invierno con poca nieve, desecación de los brotes a principios de primavera, debilitamiento de la planta y reducción de la cosecha (Hessayon, 1993; Trunov & Samoshchenkov, 2012).
Solución correcta: A finales de septiembre u octubre, realice un riego abundante (30‑50 litros por arbusto). Acolche el círculo del tronco con una capa gruesa de turba, humus u hojas secas (pero no de árboles frutales). En regiones con inviernos severos, realice retención de nieve.
7. Plantar en depresiones o en zonas con encharcamiento
Error: Elegir un lugar con mal drenaje del aire, donde se estanca el aire frío y el agua.
Consecuencias: Daños en las flores por heladas primaverales, pudrición de las raíces durante lluvias prolongadas, desarrollo de enfermedades fúngicas (Bowling, 2000; Dan’kov, 2015).
Solución correcta: Elija terrenos llanos o pendientes suaves donde no se estanquen el aire frío ni el agua. Asegure un buen drenaje del suelo.
Preguntas frecuentes (FAQ)
Pregunta 1: ¿Es necesario cubrir los arbustos de grosella para el invierno?
Respuesta: La grosella roja, blanca y dorada son plantas resistentes al invierno, capaces de soportar heladas de hasta -30...-35 °C (Bowling, 2000; Dan’kov, 2015). No es necesario cubrir la parte aérea. Sin embargo, para proteger el sistema radicular en inviernos con poca nieve y severos, se recomienda acolchar los círculos del tronco con turba, humus u otros materiales orgánicos en una capa de 8‑10 cm. Las plántulas jóvenes en los primeros 1‑2 años después de la plantación se pueden cubrir adicionalmente con ramas de abeto o material no tejido para protegerlas de la congelación.
Pregunta 2: ¿En qué se diferencia el cuidado de la grosella roja y blanca del cuidado de la negra?
Respuesta: Las principales diferencias están relacionadas con las características de fructificación y del sistema radicular.
- Poda: En la grosella roja y blanca, la fructificación se concentra en espolones perennes y madera de 2‑4 años, por lo que se eliminan las ramas viejas (mayores de 6‑8 años), pero no se acortan los brotes jóvenes (Tarasov, 1981). En la grosella negra, la cosecha se forma en brotes anuales, por lo que sus ramas son más cortas (3‑4 años) y se rejuvenecen con más frecuencia.
- Sistema radicular: Las raíces de la grosella roja son más potentes y profundas que las de la negra, lo que la hace más resistente a la sequía (Dan’kov, 2015).
- Propagación: La grosella roja y blanca enraízan peor por esquejes que la negra, por lo que se propagan más a menudo por acodos.
Pregunta 3: ¿Con qué frecuencia se debe regar la grosella?
Respuesta: La frecuencia del riego depende del tiempo y del tipo de suelo. En tiempo seco, los arbustos adultos se riegan 1‑2 veces por semana, utilizando 30‑50 litros de agua por arbusto (Buckingham, 2010). El riego es especialmente importante durante el crecimiento de los brotes (finales de mayo – junio), el llenado de las bayas (julio) y después de la cosecha (agosto). En otoño, antes de la llegada de las heladas, se realiza el riego de carga de humedad (30‑50 litros por arbusto) (Hessayon, 1993).
Pregunta 4: ¿Qué variedades de grosella son las mejores para mi región?
Respuesta: La elección de variedades depende de las condiciones climáticas.
- Para regiones frías (Siberia, Noroeste): Se recomiendan variedades resistentes al invierno de grosella roja: 'Holandesa roja', 'Pervenets', 'Jonker van Tets' (Dan’kov, 2015). De grosella blanca: 'Juterborg', 'Versailles blanca'. La grosella dorada también está bien adaptada a las condiciones siberianas: variedades 'Barnaulskaya', 'Valentina', 'Dar Altaya' (Krivko, 2014).
- Para regiones del sur (clima cálido y seco): La grosella dorada es la mejor opción. Variedades: 'Venus', 'Lyaysan', 'Shafak', 'Isabella' (Krivko, 2014). De grosella roja, elija variedades resistentes a la sequía, por ejemplo, 'Kubanets' (para el sur de Rusia, aunque es más una variedad de grosella espinosa, pero el principio de selección es similar — busque variedades regionalizadas).
Pregunta 5: ¿Por qué un arbusto de grosella no fructifica o da pocas bayas?
Respuesta: Puede haber varias razones:
1. Madera demasiado vieja o podada incorrectamente. En la grosella roja y blanca, las ramas de 2‑4 años son las que fructifican; las ramas viejas (mayores de 6‑8 años) deben cortarse (Tarasov, 1981).
2. Falta de luz. La grosella es una planta amante de la luz. A la sombra densa fructifica mal.
3. Falta de humedad o nutrientes. Especialmente durante la formación de los ovarios y el llenado de las bayas (Dan’kov, 2015).
4. Daño de las flores por heladas primaverales. Es una causa frecuente de falta de cosecha en variedades de floración temprana (Hessayon, 1993).
5. Enfermedades y plagas. Por ejemplo, la infestación por el ácaro de los brotes de la grosella o el oídio debilita la planta y reduce la cosecha.
Pregunta 6: ¿Se puede cultivar la grosella en forma de estándar y cuáles son las ventajas?
Respuesta: Sí, es posible. Es una forma decorativa y práctica de cultivo, especialmente popular en Europa (Bowling, 2000). La forma estándar es un pequeño árbol con una copa a 60‑80 cm del suelo. Ventajas:
- Cosecha cómoda.
- Buena ventilación de la copa, lo que reduce el riesgo de enfermedades.
- Decorativa, se puede utilizar en diseño de paisajes.
- Ahorro de espacio, ya que la copa es compacta.
Inconveniente: requiere un cuidado más cuidadoso y protección contra las heladas. Para obtener la forma estándar, se utiliza el injerto sobre grosella dorada o se forma la planta con un solo conductor central (Krivko, 2014; Hill & Perry, 2011).
Pregunta 7: ¿Qué hacer si el suelo de la parcela es muy ácido?
Respuesta: La grosella roja y blanca prefieren suelos ligeramente ácidos con pH 6‑6,5. Si el suelo es ácido (pH < 5,5), se recomienda realizar un encalado (añadir harina de dolomita, cal) (Dan’kov, 2015). Esto mejora la disponibilidad de nutrientes y tiene un efecto positivo en el crecimiento y la fructificación. Sin embargo, recuerde que la grosella dorada puede crecer en suelos más ácidos, aunque el pH neutro también es óptimo para ella (Krivko, 2014).
Pregunta 8: ¿Es necesario eliminar los brotes basales de la grosella?
Respuesta: En la grosella roja y blanca, los brotes basales son menos abundantes que en la negra, pero aparecen. Deben eliminarse regularmente para que el arbusto no se espese y no gaste energía en brotes superfluos (Bowling, 2000). Para reemplazar las ramas viejas, deje solo los brotes basales (cero) más fuertes (3‑4 por año) y elimine el resto (Tarasov, 1981).
Conclusión
El cuidado de la grosella roja, blanca y dorada no requiere esfuerzos colosales, pero sí constancia y comprensión de la biología de la planta. El deshierbe regular, el acolchado, el riego adecuado, la poda oportuna y la protección contra factores adversos son los pasos simples pero obligatorios que le llevarán a cosechas estables y abundantes. Recuerde que un arbusto sano y bien cuidado no solo es garantía de bayas sabrosas, sino también un adorno de su jardín durante muchos años.
Referencias
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- Buckingham, A. (2010). ‘Black currants’, in Grow Fruit. New York, NY: DK Publishing, pp. 239-246.
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- Даньков, В.Васильевич., Скрипниченко, М.Михайловна., Логинова, С.Федоровна., Горбачёва, Н.Николаевна., Щербакова, Г.Васильевна., Долженко, Т.Васильевна. (2015). ‘Смородина [Currant]’, in Ягодные культуры [Berry crops]. Санкт-Петербург: Лань, pp. 101-111.
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- Тарасов, В.М., Фаустов, В.В., Никиточкина, Т.Д. (1981). ‘Обрезка смородины, крыжовника и малины [Pruning currants, gooseberries, and raspberries]’, in Практикум по плодоводству [Fruit growing workshop]. Москва: Колос, pp. 298-300.
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